Así es la vida en el lugar más aislado e inhóspito del planeta

La Isla de Bouvet, bautizada así en honor a su descubridor, es una isla subantártica de 9,5 kilómetros de extensión en medio del Atlántico Sur y dependiente del gobierno de Noruega

Imagínate vivir en un lugar tan aislado que el ser humano más cercano a ti sea alguno de los astronautas de la Estación Espacial Internacional. Peor aún, imagínate que este lugar es una isla rocosa cubierta de hielo y nieve, rodeada de uno de los océanos más tempestuosos de la Tierra, azotada por vientos huracanados, sacudida por la actividad volcánica y con una media de temperatura anual de -1 grado centígrado. Pues bien, ese lugar existe más allá de tus peores pesadillas y fue descubierto en 1739 por el capitán francés, Jean Baptiste Charles Bouvet de Lozier. 

En la actualidad, la Isla de Bouvet, bautizada así en honor a su descubridor, es una isla subantártica de 9,5 kilómetros de extensión en medio del Atlántico Sur y dependiente del gobierno de Noruega. Tiene el honor de ser el lugar más aislado del planeta a nivel geográfico ya que la tierra firme más cercana es la Tierra de la Reina Maud que se sitúa en la Antártida a 1.850 kilómetros de distancia. A parte de ese lugar, lo único que hay en las “cercanías” es las son las islas Sandwich del Sur y las islas del Príncipes Eduardo, a unos 2.520 kilómetros de distancia en línea recta, todas ella inhabitadas.

La principal diferencia de otros lugares realmente aislados del planeta, como la isla Tristán de Acuña o la Isla de Pascua, es que a diferencia de estas no hay ningún pedazo de tierra habitado o deshabitado en más de 1.850 kilómetros a la redonda con la única excepción del islote Larsoeya, que se considera parte la propia Isla Bouvet al ubicarse a apenas medio kilómetro de sus costas. Pero es que tampoco querrías estar en la propia isla: su superficie de 49 kilómetros cuadrados está cubierta en un 93% por los glaciares, cimas montañosas de hasta 780 metros de altitud (lo cual es mucho si se piensa que emergen desde el nivel del mar y asciende verticalmente en pocos kilómetros).

El lugar es tan inhóspito y aterrador que fue elegido por el director Paul W.S. Anderson para ambientar la película Alien Vs. Predator en la que una pirámide alienígena se escondía bajo los glaciares de la isla más remota e inhóspita del planeta. No obstante, más allá de la impresión que pueda causarnos un lugar así, la realidad es que se trata de un ecosistema subantártico enormemente rico en fauna con más de 12 especies de aves y pingüinos, focas, elefantes marinos, ballenas yubartas y orcas. Y el plan es que continue así de intacto ya que la única vez que estuvo habitada fue cuando en 1927 la expedición noruega del buque Norvegia permaneció un mes en ella para reclamarla legalmente para el país nórdico.

especulándose que podía tratarse de la embarcación utilizada por unos balleneros de la Unión Soviética para escapar de un naufragio del que fueron rescatados días después por un helicóptero. Desde entonces, la única presencia humana en la isla es la de los científicos noruegos que acuden de vez en cuando para el mantenimiento de la estación meteorológica de la isla ya que, tras desaparecer esta en 1994 debido a los temporales que azotan la isla, tuvo que ser reconstruida en el año 2014. Eso y el intento de escalada del pico Olav de la isla por parte del escalador Jason Rodi y su expedición “Expédition pour le Futur” que dejó en la cima una cápsula del tiempo con sus predicciones para el año 2062. ¿Llegará algún ser humano a leer sus mensajes?