Cuando Vender Tu Virginidad Al Mejor Postor Se Convierte En Un Buen Negocio

Fue Demi Moore quien le dio la idea. Por casualidades de la vida, Una proposición indecente cayó en las manos de Aleexandra Khefren (su nombre real es Alexandra Răducu), una chica rumana que, por aquel entonces, tenía 15 años. En esa película, Robert Redford ofrece un millón de dólares a un joven matrimonio si accede a que la mujer de la pareja –interpretada por Demi Moore- pase una noche de placer con él. Una idea que se le metió a Aleexandra en la cabeza y que fue echando raíces hasta acabar tomando una forma concreta: ¿por qué no vender su virginidad?

Había estado investigando en Internet y había visto que se podía llegar a pagar mucho por ella. Era una manera rápida y efectiva de conseguir dinero. Así que, tres años después, decidió llevarlo a la práctica. Por eso, hace una semana, Aleexandra voló, desde su Bucarest natal, hasta Londres, donde participaría en This morning, un programa matinal muy popular en el Reino Unido, en el que la entrevistaron acerca de lo que se proponía hacer.

La chica, que ahora ya tiene 18 años y vive con sus padres en Rumanía, explicaba en este programa sus motivos para haberse empezado a anunciar en una página llamada Cinderella Escorts. Unos motivos que se habían hecho virales porque había algo que llamaba especialmente la atención: en su descripción en la web de escorts ponía lo siguiente: "Estaba esperando a cumplir los 18 para poder finalmente vender mi virginidad. El dinero te da muchas oportunidades. Puedo viajar por el mundo o estudiar en una buena universidad. Mis padres son pobres, así que les puedo comprar una casa". Fue esto último lo que recientemente había captado la atención de los medios.

Aleexandra había concretado que sus padres iban a ser desahuciados y que el millón de euros que pedía por su virginidad lo utilizaría para salvarles de esa terrible situación y para cumplir su sueño de estudiar en Oxford. En This morning se reafirmaba en su postura y explicaba que sus padres no sabían nada de esta historia, que ella había volado a Londres diciéndoles que era para un trabajo de modelo, mundillo en el que ha empezado a dar también sus primeros pasos.

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Una foto publicada por Aleexandra Khefren (@aleexandrakhefren) el

Cuando los presentadores le preguntaban si lo había pensado bien -según su versión, llevaba con esta idea en la cabeza desde los 15 años-, que era algo serio vender su virginidad, ella respondía que lo veía estrictamente como un negocio, que pensaba que "una copa de vino bastará para pasar el mal trago". Sobre la posibilidad de transmisión de enfermedades sexuales, Aleexandra se quedaba sorprendida y respondía que no se había planteado que el hombre le pudiera pasar algo malo, pero que, pensándolo ahora, pediría que se hiciera pruebas médicas antes de pasar la noche con él.

Poco después de terminar la entrevista, con su historia ya presente en varios medios, la noticia llegaba a oídos de su familia. El diario británico Daily Mail, obtenía, en exclusiva, una entrevista con el tío de la joven, que aseguraba que los padres no son pobres, que ambos trabajan y que, de hecho, tienen un buen sueldo, teniendo en cuenta la media de ingresos que hay en Rumanía. Contaba que, al enterarse, se habían quedado destrozados y le habían exigido a Aleexandra que no continuara adelante con el plan. Aseguró que, incluso, la habían amenazado con romper la relación con ella.

En cuanto a la puja, hasta el momento, el mejor postor le ha ofrecido 2 millones de euros por pasar una noche de sexo con ella.

Pagarse los estudios o conseguir una casa

Los motivos altruistas de la joven rumana han demostrado ser, por lo menos, dudosos, pero no es la única ni la primera que ha tomado esta decisión. Otras han optado por vender su virginidad explicando que lo hacían para ayudar a sus familias o para poder pagarse unos estudios universitarios. En gran parte de los casos, las agencias que las representaban o los burdeles se llevaban entre el 20% y el 50% del precio final, en concepto de comisión.

Katherine Stone, sin embargo, no lo hizo a través de Internet: hace un par de meses, se dio de alta como trabajadora en un burdel de Nevada, en los EE.UU., para poder vender allí su virginidad. Aseguraba que la casa de su familia se había incendiado y lo había perdido todo, porque, además, la vivienda no estaba asegurada. “Durante un tiempo, mis padres continuaron viviendo en la casa quemada", explicaba en el norteamericano The Washington Post. Con lo que ganara vendiendo su virginidad -le ofrecían más de 370.000 euros-, quería arreglar la situación en la que se encontraba su familia y pagarse sus estudios universitarios. La historia también ha aparecido en varios medios estadounidenses y europeos y la han invitado a participar en varios programas de televisión, algo que ha hecho aumentar aún más el precio de su virginidad.

Hace unos años, tuvo bastante eco el caso de una californianaNatalie Dylan, quien entonces -en 2009- tenía 22 años. Quería vender su virginidad para poder acabar de pagarse los estudios. Después de que su historia saliera en los medios, las apuestas pasaron de unos 200.000 euros a los cerca de 3 millones de euros.

Hay muchas más historias así, algunas como las que retrata el documental Virgins Wanted (Se buscan vírgenes), en el cual se cuenta la historia de un chico y una chica que venden su primera noche de sexo y explican sus motivos y cómo son sus vidas. La página de Facebook del documental se ha convertido en una plataforma publicitaria para muchos otros jóvenes que quieren hacer lo mismo.

¿Qué hay de cierto y qué hay de falso en las supuestas motivaciones de estas jóvenes? Lo que está claro es que parece que se trata de una opción que asegura unos buenos ingresos, tanto para quien vende su virginidad como para quien la ayuda a hacerlo. Además, las apariciones de estas historias en los medios le dan un buen empujón al precio, que puede acabar en unas cifras desorbitadas. Quizá sean, incluso, unas cifras muy positivas para ese mercado, pues se establecen como valores de referencia para futuras ocasiones. En otras palabras, estos casos revientan el precio y lo ponen por las nubes, haciendo posible que la próxima vez sea todavía más elevado. De todo esto, hay algo que nos queda muy claro: ni la virginidad escapa al poder del dinero...