Estas vacaciones de verano ya no tendrás que preocuparte por el robo del roaming

15 de junio. Un día para la historia. ¿El aniversario de una batalla o del fin de una guerra? Más o menos. La Unión Europea y las compañías de telecomunicaciones ha firmado su tratado de paz, eligiendo esa fecha como el momento en el que el 'roaming' desaparecerá para siempre, llevándose consigo el cargo adicional –y nunca bienvenido– en la factura del teléfono resultado del temerario acto hacer una llamada, enviar un mensaje o conectarnos a Internet desde un país extranjero. Ahora, te costará lo mismo hablar con tu casa desde Stuttgart y desde Palencia. ¿Adiós a las fronteras? Sí, pero.

'Pero' porque las empresas se han guardado unos cuantos ases en la manga. Aunque el coste será mucho más bajo que en la actualidad, las operadoras seguirán contando con herramientas para tratar de arañar el bolsillo a sus usuarios. Por norma, la tarifa aplicada será la misma que tengamos contratada independientemente de dónde estemos pero, si las compañías detectan llamadas habituales durante un periodo de tiempo sostenido o conversaciones de larga duración, podrán aplicar un recargo. La Comisión Europea se ha encargado de fijar unos precios máximos, que se traducen en 0,032 euros por minuto en las llamadas y 0,01 para los sms. Aunque la cosa cambia en cuanto a la conexión a Internet: 7,7 euros por GB que empezarán a aplicarse cuando se consuman los datos contratados.

El convenio también contempla la posible picaresca. Porque muchos han visto la oportunidad de contratar servicios de otros países, mucho más baratos que los españoles, y utilizarlos aquí. Pasar de ser cliente de Movistar, Vodafone u Orange a serlo de la compañía 'x' polaca, por ejemplo, con tarifas mucho más bajas. Imposible: las teleoperadas tendrán la capacidad de comprobar desde qué lugar se está haciendo uso de su servicio y, si detectan que el país no se corresponde, podrá aplicar un sobrecargo al cliente.

La buena noticia es que, en sentido amplio, los 28 países de la Unión Europea –al menos, hasta el Brexit sea una realidad y Reino Unido tal vez se descuelgue también de esta política común– derribarán sus demarcaciones y compartirán un espacio compartido y sin distinciones. Se termina lo de tener que contratar un servicio extra o lo de ir mendigando wifi por los bares y hostales de Europa. Este año, por fin, podremos viajar tranquilos sin tener la presión de haber olvidado desconectar los datos y sin temer una factura estratosférica como broche de nuestras vacaciones.