De la turismofobia al vandalismo: estalla la batalla contra el turismo en Barcelona

Imagínate que estás tan tranquilo en un bus de estos descapotables que te dan la vuelta por una ciudad del extranjero, con la cámara del móvil, tus gafitas de sol fashion y tu rollito de ‘guiri’ total, cuando, de repente, un grupo de cuatro encapuchados se sube al autobús y comienza a gritar en un idioma desconocido (ejemmm... para un turista bávaro el catalán no sabemos cómo debe sonar) a llenar de pintadas los cristales y a pinchar los neumáticos. Así, a lo descontrolado total y tú sin saber si grabarlo con el móvil o tirarte por la ventanilla.

Seguramente, y debido al estado general de paranoia en Europa, te pasaría los mismo que al grupo de turistas que hace una semana se encontraron en esta situación a bordo de un Bus Turístic frente al estadio de fútbol del Camp Nou: pensaron que se encontraban en medio de un nuevo ataque terrorista. Pero no, por suerte estos ‘tarados’ no tienen nada que ver con el Estado Islámico, sino que pertenecen a Arran, una organización independentista y de izquierda alternativa vinculada a la plataforma de las CUP (en algunos medios fachillas les llaman los ‘cachorros’ de este partido).

La masificación turística en Barcelona está tan tenso que las protestas vecinales, algunos hablan directamente de turismofobia, han comenzado a dar paso a actos vandálicos en toda regla. “No es turismofobia, es autodefensa contra el barricidio”, dijeron desde Arran a la radio catalana RAC1 justificando sin cortarse un pelo el ataque al autobús. De hecho, la pintada en toda la luna del vehículo no dejaba lugar a dudas de la motivación de la acción: “El turismo mata a los barrios”.

Pero espera, que la cosa no acabó aquí. Apenas cuatro días más tarde, el martes, los de Arran volvieron a lucirse publicando un vídeo en Twitter en el que se podía ver a algunos de sus miembros pinchando las ruedas de bicicletas turísticas amarradas en las calles del barrio de Poblenou. Esta vez, uno de los portavoces de las CUP, Mireia Boya, entró de pleno en la polémica y justificó el ataque como “una acción simbólica para denunciar un modelo turístico depredador en Barcelona” y apuntó que no había que “dramatizar” sobre el asunto.

Es más, Boya recordó que la “violencia pura y dura” es la que sufren “muchas personas que malviven”. Mientras tanto, los ataques se convirtieron en virales en la prensa internacional y los medios sensacionalistas del Reino Unido como el Daily Mail no tardaron en vender las acciones como violentas y alertar a sus compatriotas de que no son bienvenidos en Barcelona. Algo que ha puesto nerviositos a los empresarios del sector turístico que han echado en cara a la alcaldesa Ada Colau su ‘tibieza’ a la hora de reprimir el vandalismo.

“Cuando ocultas actos vandálicos en el fondo los estás justificando”, llegó a decir el exalcalde de Barcelona, Xavier Trias, alimentando esa visión de que Colau apoya de manera encubierta la guerra de guerrillas contra la masificación turística. Pero las llamadas a la “tolerancia cero con la turismofobia” fueron respondidas con contundencia por la alcaldesa: “¡Tolerancia cero al barricidio! ¿Es tolerable la expulsión de los vecinos, el desarraigo y el monocultivo económico?”.

Y así sigue la cosa, mientras los guiris se hacinan en las colas del Bus Turístic o la Sagrada Familia, los pobres barceloneses tienen que compartir escalera con miles de pisos turísticos (y sus inquilinos alcoholizados) y los políticos se atacan con artillería pesada, estos chavales encapuchados planean nuevas acciones y se erigen ellos solitos como los auténticos patriotas y héroes de la resistencia vecinal ante la industria turística, el capitalismo salvaje, España, el lobo feroz y Godzilla (porque estos lo meten todo en el mismo saco). Un conflicto que se politiza y del que todos quieren sacar tajada. Al final, a los que menos beneficia es a quienes se supone que debería defender: los barceloneses.