Tres preguntas que hacerte antes de publicar un selfie

Acabas de hacerte un selfie precioso y estás a punto de publicarlo en tu cuenta de Instagram cuando recuerdas todas esas críticas que vuelan por ahí: que si “demuestra poca confianza personal”, que si “muestra dependencia de la opinión del resto”, que si “es propio de egocéntricos o vanidosos”... Sin embargo, y como explica la psicóloga Renee Engeln en Psychology Today, no existe evidencia científica clara de que publicar selfies revele ningún tipo de deficiencia en la autoestima. Salvo que, añade, las motivaciones que esconda detrás sean incorrectas. ¿Cómo saberlo? Solo tienes que responderte honestamente a estas tres preguntas:

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¿Busco que la gente me haga sentir mejor conmigo mismo?

Si es así, deberías frenar un poco. Porque aunque el feedback positivo que reciba tu selfie puede liberar sustancias químicas de recompensa en tu cuerpo y hacerte sentir mejor durante un ratito, el impulso de autoestima no durará mucho. Eso por no hablar de la decepción que puedes sentir al no recibir las respuestas positivas que andabas buscando para aumentar tu autopercepción. Sea como sea, obsesionarnos con nuestra apariencia solo nos hará sentir peor. Y convertir nuestra imagen corporal en esclava de las redes sociales todavía más.

¿Estoy mostrando mi verdadero yo?

Hay una gran diferencia entre la persona que eres realmente y aquella que tratas de proyectar al mundo, tanto en tu vida real como muy especialmente en las redes sociales. De hecho, los selfies que solemos subir a Instagram o Facebook no solo mienten acerca de nuestro aspecto —premeditado y filtrado la gran mayoría de veces— sino también acerca de nuestro estado de ánimo y de nuestra personalidad. Por eso, en lugar de gastar tanta energía tratando de impresionar a los demás con un falso yo deberíamos ser valientes y publicar verdaderos pedacitos de nosotros.

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¿Publico este selfie porque estoy deprimido?

Quizá te haya pasado alguna vez: te sientes triste, solo e intentas levantar tu ámimo con un bonito selfie. Pero es malísima idea. Es más, algunos estudios ya han conectado el uso de las redes sociales con un aumento del estado de ánimo negativo y con una disminución de la satisfacción con la vida, especialmente en los jóvenes. Por eso, si estás deprimido, la solución pasa por abandonar el móvil y conectar con personas reales, hacer ejercicio o realizar tareas altruistas. Y es que, ayudar a los demás, es la mejor manera que tenemos de salvarnos a nosotros mismos.