Por qué el transporte público gratuito no es útil contra la contaminación

Solo un pequeísimo porcentaje de los usuarios nuevos que atrae el transporte público gratuito son personas que solían utilizar el vehículo privado

Actualmente existen 99 redes de transporte público gratuitas en todo el mundo, según datos publicados por la Universidad Libre de Bruselas. Unas ciudades aquí, otras ciudades allá. Pero en 2020, Luxemburgo se convertirá en el primer país en aplicar esta medida en todo su sistema de transporte público. Una iniciativa del socialista Xavier Bettel, primer ministro del pequeño país europeo, que pretende ser ecólogica y el final de esas 33 horas de atascos que tienen que comerse anualmente los luxemburgueses. La pregunta es: ¿funcionará?

La respuesta es complicada, pero multitud de ciudades han comprobado la ineficacia de esta medida una vez desaparecida la ilusión inicial. Tallín, por ejemplo, y según la publicación sin ánimo de lucro Ecomovilidad, es una prueba ejemplar del fracaso del transporte público gratuito. No solo supuso un rácano aumento de 3% del número de pasajeros del transporte público años después, sino que supuso el empadronamiento masivo de habitantes de los alrededores de la capital estonia que tenían la intención de usarlo, pasando a pagar allí los impuestos y deprimiendo las ciudades aledañas.

Hasselt, una ciudad belga que instauró el transporte público gratuito en 1997, registró un aumento de los pasajeros del 1300% en 2006, pero acabó descartando el sistema en 2013 por la incapacidad de financiar este sistema. Como aseguran desde la European Passengers Federation (EPF), “el transporte público gratuito no es útil en ciudades con un sistema de transporte público bien desarrollado”. Que los nuevos usuarios sean de “los modos no motorizados”, en lugar de usuarios de vehículos motorizados, hace que la EPF “no considere que la propuesta transporte público gratuito sea útil”.

Por otra parte, y según un informe del National Center for Tranportation Research estadounidense de 2002, el transporte público gratuito provoca un aumento de los viajes cortos, llenando los vehículos e impidiendo que los usen quienes de verdad lo necesitan. Por eso, asegura, acaban registrándose más aglomeraciones y el sistema sufre más lentitud e impuntualidad. Efectos a largo plazo que, áreas urbanas como Dunkerque (Francia), que implantó esta medida recientemente, aún deben valorar. De momento, eso sí, la afluencia de pasajeros ha aumentado un 50% entre semana y un 120% los fines de semana.

El problema de nuevo, según la Federación Nacional francesa de Asociaciones de Usuarios de Transporte (FNAUT), es que solo un 2% de esos nuevos usuarios son personas que antes usaban el coche. El transporte público gratuito, de por sí solo, parece servir para que ciudadanos que antes cogían bicis o patinetes los abandonen y para que las personas que no estaban dispuestas a pagar un billete para recorrer una parada se monten ahora. Por eso, y según la EPF, sería más eficaz limitar el uso del vehículo privado. Ah, y concienciar a la ciudadanía. ¿Crees que en España sería posible?