En la tradición de la tribu khasi, son las mujeres quienes hacen las reglas

Hay partes del mundo a las que, aunque parezca mentira, no han llegado las garras del capitalismo. Pequeños oasis en los que escenarios alternativos al que actualmente vivimos en Occidente, con su desigual sistema económico y social, son una realidad. Es más, ¿te has planteado alguna vez cómo sería una sociedad en la que fueran las mujeres las que marcaran las reglas? Esta, y no otra, es la realidad de los Khasi un grupo étnico que habita el remoto estado de Meghalaya, al noreste de la India, y que, en total, no suma más de un millón de habitantes. En el sorprendente mundo de los Khasi son las mujeres las que toman gran parte de las decisiones.

Pero esto no es ninguna novedad, lo hacen por respeto a la más pura y dura tradición: la comunidad se rige por una tradición matrilineal que mantienen desde hace siglos. Esto significa que son las mujeres las que tienen los derechos hereditarios y de sucesión dentro de la familia, las que cuidan del clan y las que mantienen el buen nombre del linaje. La costumbre Khasi manda que la hija menor herede, que los hijos lleven el apellido de la madre, y una vez casados, son los hombres los que viven en la casa de su suegra (básicamente porque ellos no suelen tener). Así, el poder de decisión va recayendo de madres a hijas, y el rol de los hombres se ve limitado en el día a día en las decisiones familiares.

Foto de Audrey Cheng

Foto de Audrey Cheng

Sobre el origen de la tradición matrilineal de los Khasi, existen dos teorías. Por un lado, encontramos la que defiende la antropóloga Valentina Pakyntein, que asegura que el sistema matrilineal de la comunidad proviene de un tiempo en el que las Khasis tenían varios compañeros y era difícil determinar la paternidad de los niños. La otra explicación, más comúnmente aceptada, afirma que se debe a que sus antepasados varones permanecían lejos de sus hogares durante largos períodos de tiempo luchando, lo que hacía que estuvieran ausentes en el cuidado de sus familias.

Sin embargo, el sistema matrilineal no es lo mismo que el matriarcado. Las mujeres Khasi nunca han ostentado poder político: solamente los hombres detentan cargos en la administración pública e incluso son pocas las mujeres que se sientan en los consejos de aldea. La diferencia de poderes se puede apreciar, por ejemplo, en el pueblo khasi de Mawlynnong donde los hombres son los líderes pero en raras ocasiones son dueños de una propiedad. En cambio, sobre las mujeres sí recae el poder económico, de ahí que sean ellas las únicas con derechos hereditarios.

Sí bien es cierto que la matrilinealidad acarrea una serie de privilegios que solo disfrutan las mujeres frente a los hombres, también es verdad que no se trata de una sociedad dirigida por mujeres. Sin embargo, el ejemplo Khasi supone un fuerte contraste con el resto del país. En la India un tercio de las mujeres sufren violencia machista mientras que el matrimonio concertado continua asentada como una tradición indiscutible, por lo que las mujeres son presionadas para desposarse por sus familias. Por eso, sorprende tanto el hecho de que las mujeres Khasi no solamente son muy respetadas en su cultura sino que pueden casarse por amor y que el desprecio hacia ellas está considerado como un daño hacia la sociedad misma.

Foto de Audrey Cheng

Con la idea de aprender más sobre el funcionamiento de esta sociedad matrilineal, la fotógrafa alemana Karolin Klüppel pasó 10 meses conviviendo con los Khasi en la pequeña aldea de Mawlynnong. De su convivencia con varias familias ha resultado Kingdom of Girls (“Reino de niñas”): una serie de retratos en los que recoge las vidas de las niñas y mujeres jóvenes que viven en la zona. Unas muchachas que, cuando crezcan, pasarán a ocupar un rol fundamental en su sociedad.

Sobre su estancia, Karolin ha concedido diversas entrevistas en las que narra su experiencia y con las que trata de contextualizar su trabajo. Según la fotógrafa, todas las niñas Khasi acuden a la escuela en la aldea hasta que son adolescentes, es entonces cuando a algunas privilegiadas se les permite ir a la capital del estado a los 11 o 12 años para recibir una educación más avanzada. Después, si todo va bien, van a la universidad  aunque la mayoría vuelven a Mawlynnong donde cuidan de sus padres.

Además, la autora explicó que, si bien es cierto que las mujeres Kashi tienen ciertas ventajas, sobre todo en comparación con otras regiones de la India, ella siente que tiene más libertades en Occidente: “Muchas de las familias Khasi son muy, muy pobres, especialmente en los pueblos. Que seas una niña Khasi no significa que puedas tener una buena educación o ir a la universidad; solo significa que si queda algo de dinero para la educación, probablemente se gastará en las niñas y no en los niños".

Foto de Karolin Klüppel y que forma parte de "Kingdom of Girls"

Foto de Karolin Klüppel y que forma parte de "Kingdom of Girls"

A pesar de que para algunos pueda resultar sugerente un tipo de sociedad así, lo cierto es que sigue sin ser un modelo igualitario desde una perspectiva feminista. "La sociedad Khasi no es igualitaria, los hombres tienen muchas desventajas que pueden ocasionar problemas, como la baja autoestima y el abuso del alcohol o las drogas, especialmente en las aldeas”, comenta Karolin. Es por ello que los primeros grupos subversivos de hombres han comenzado a emerger dentro de la sociedad Khasi.

“En la capital de Shillong, hay incluso un grupo de hombres luchando por la emancipación que cuenta con unos 4.000 miembros”, asegura. Precisamente, el periódico The Guardian recogía en un artículo el testimonio de Kaith Pariat, uno de los líderes de este movimiento que se hace llamar Syngkhong Rympei Thymmai (SRT) y que lucha por revertir la estructura de su sociedad. Al parecer el señor Pariat considera que “los hombres están dotados de un liderazgo natural. Ellos deben proteger a las mujeres, quienes a cambio, deben apoyarlos”.

Foto de Karolin Klüppel y que forma parte de "Kingdom of Girls"

Foto de Karolin Klüppel y que forma parte de "Kingdom of Girls"

Pero las mujeres Khasi parecen no necesitar la protección de nadie, ni lo han necesitado en mucho, mucho tiempo. Así que, obviamente, el planteamiento del SRT no parece el mejor porque, en realidad, se sigue basando en la desigualdad en favor de los hombres sobre las mujeres. Algo que realmente nos resulta familiar en esta parte del mundo. A favor o no, la cultura Khasi nos presenta un escenario que puede ser difícil de imaginar para muchos de nosotros: uno en el que las mujeres son las que hacen las reglas del juego que les ha tocado jugar.