Estos serán los trabajos del futuro (y que todavía no existen)

Por ejemplo, minero de asteroides, que suena a novela distópica de ciencia ficción. O educador de robots (¿hola, Orwell?)

Parece un tópico cutre de serie futurista de los 2000, pero el futuro está más cerca de lo que pensamos. Los avances tecnológicos, aunque quizá no llamen la atención por lo normalizados que los tenemos, se dan a pasos agigantados, avanzando en campos de la tecnología y la ciencia con descubrimientos que hasta hace diez años parecían a décadas (sino siglos) de distancia. “No queda tanto para que podamos imprimir un riñón a partir de nuestras propias células madre ni para que un software sea capaz de predecir una enfermedad que aún no hemos desarrollado. Ni siquiera, dicen los expertos, para que nos demos el antojo de cumplir la cinematográfica fantasía de viajar al espacio”, explica El País que nos recuerda: el mundo ha cambiado muchísimo.

Ahora mismo vivimos una especie de transición, con empleos que recuerdan al “viejo mundo” y con otros que están claramente dirigidos a trabajar con las nuevas tecnologías. ¿Eso qué supone? Pues, como indica el mismo artículo, que muchos de los trabajos actuales se volverán inútiles en un futuro muy cercano, siendo reemplazados por máquinas. Es lo que el economista John Maynard Keynes bautizó como “desempleo tecnológico” que, en resumidas cuentas, supone que hay más métodos para sustituir a trabajadores que ocupaciones alternativas.

Por eso, ahora muchas universidades están intentando combatir la (cada vez más cerca) automatización del empleo orientando sus cursos a las profesiones que todavía no existen. Ya que, “hasta un 65% de las profesiones que se desarrollarán en 2030 aún no existen”, añade El País, en un artículo donde incluye algunas de las más llamativas, por si quieres usar el covid para reinventarte en un trabajo del futuro.

1. Coordinador de drones y policías robots

Los drones no solo sirven con fines banales como las gender reveal party, también se utilizan para la guerra o para dar apoyo humanitario. Son una herramienta que tiene infinitas posibilidades en todos los aspectos, desde destruir hasta construir. Su uso cada vez va más en aumento, y hará falta que los coordinen. De forma similar, la Inteligencia Artificial cada vez está más presente, y llegarán hasta a convertirse en policías que vigilarán constantemente lo que suceda en la calle (hola, Orwell). Por supuesto, al igual que con los drones, hará falta un humano que coordine y pueda usar la información recibida.

2. Ingeniero de impresión de órganos o alimentos

Las impresoras 3D están muy normalizadas. Pero tienen muchísimo potencial que no estamos explotando. La bioimpresión, es decir, imprimir órganos, tejidos, huesos y todo tipo de componentes necesarios para la medicina todavía está en sus primeros estados de investigación. A la vez, la impresión de comida, aunque ya hay empresas dedicadas a ello, su mercado es tan restringido y tan poco práctico que no ha permitido que este mercado aflore, a pesar de sus muchas posibilidades para combatir las crisis alimentarias. Sin embargo, cada vez más gente está apostando por estos sectores, y se prevé que cada vez habrá más empleo.

Comida imprimida con 3D | Antena 3

3. Asistentes de la tercera edad

No, no hablamos de enfermeros. Son asistentes emocionales, una especie de coach. A medida que el mundo tiene más jubilados nacen nuevas necesidades, como asegurarse que después de la jubilación siguen teniendo una vida digna y llena. Los 65 serán los nuevos 40, y habrá mucha gente que necesite consejos sobre cómo mejorar los más de veinte años de vida que tengan por delante.

4. Minero de asteroides

La Tierra cada vez tiene menos recursos, así que toca ira buscarlos fuera de nuestro planeta. Obviamente el “minero de asteroides” no es un minero al uso. No irá con pico, pala y canario al espacio. Será un ingeniero que coordine las naves y máquinas necesarias para extraer estos preciados bienes.

5. Educador de robots

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Las inteligencias artificiales se han convertido en un aspecto fundamental de los tratamientos más punteros para niños con autismo u otras situaciones cognitivas. Pero, “¿quién garantiza que estas máquinas se comporten de forma ética y respetuosa con los derechos de las personas? ¿Quién controla la manera idónea en la que interactúan con los seres humanos, ante situaciones tan delicadas como las que pueden darse en un hospital?”, se pregunta El País. Ahí entra en juego el educador de robots, una profesión que es muy mundana a pesar de lo ciberfuturística que pueda parecer.