'Touch me not', la incómoda película rumana sobre la intimidad sexual que ha conquistado la Berlinale

Pocas cosas son más importantes en el arte que la transgresión. Ir más allá de lo establecido y penetrar en temas tabú que permanecen escondidos bajo el silencio. Poner frente a nosotros las vergüenzas y problemas que no nos atrevemos a encarar en la vida real. Convertir un tema incómodo en objeto de debate. Por eso, celebramos tanto que la polémica película Touch me not (cuyo título original es 'Nu mă atinge-mă', un juego de palabras entre tócame y no me toques) haya arrasado en la 68ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín llevándose el Oso de Oro, el máximo galardón del certamen, y el premio a mejor ópera prima.

La cinta, dirigida por la rumana Adina Pintilie, es un viaje honesto y profundo hacia cuestiones tan fundamentales como el miedo a la intimidad o la necesidad personal y social de la liberación sexual. Con una mezcla experimental de ficción y documental —la directora entrevista a sus personajes como si fuesen reales—, Touch me not reniega del uso del sexo como condimento de entretenimiento para reflexionar con naturalidad y sin timidez sobre él: la desnudez, el consentimiento, la falta de aceptación del propio cuerpo y la lucha contra los problemas sexuales.

Su victoria en la prestigiosa Berlinale es doble: artística y moral. Porque su mirada cruda de la sexualidad supone un granito de arena más en la lucha contra el acoso sexual desatada tras los escándalos del productor estadounidense Harvey Weinstein en Hollywood o del director Dieter Wedel en Alemania. Una reivindicación en forma de fotogramas del famoso #MeToo. Y es que, como dijo el presidente del jurado del Festival Internacional de Cine Alemán, el cineasta Tom Tykwe, “no se trata de lo que el cine puede hacer, sino a dónde puede llevar”.