Las Sustancias Asquerosas Que Se Esconden En Tus Perfumes Favoritos

Qué gusto eso de ducharse, perfumarse bien y salir de casa feliz, pensando el típico “cómo huelo a limpio”. Pues cuidado, porque igual a lo que olemos es a excremento de cachalote o a secreciones del ano de un castor. Pero no te molestes en buscar estos nombres tan específicos en la etiqueta: el primero es más conocido como ámbar gris; el segundo, como castóreo. Son ingredientes muy codiciados que se utilizan para fabricar fragancias como Chanel nº5 u Opium de Yves Saint Laurent. La mismísima Lady Gaga aseguraba en Twitter, igual medio en broma, que había un perfume hecho con su orina:

Cosas peores existen y, a veces, son la clave para conseguir que una fragancia sea realmente buena.

Felinos y cachalotes

Hace unos años, en el zoo del Bronx, en Nueva York, los guepardos se volvían locos cuando olían Obsesión de Calvin Klein, una fragancia que les atraía de una manera irresistible. El motivo: la fragancia está hecha con almizcle de civeta, una sustancia grasa que segrega esta especie de gato asiático en las glándulas que tiene en el prepucio y en las proximidades del ano. Hay otros perfumes con orígenes bizarros, procedentes de los organismos de animales como unos rumiantes sin cuernos que se crían en Asia, algunas especies de ciervos o el mismo castóreo.

Hace un tiempo, un hombre paseaba por una playa del Reino Unido con su perro cuando se encontró un auténtico tesoro: 3 kilos de ámbar gris, la materia fecal del cachalote, valorada por la industria de los perfumes en, aproximadamente, unas 100.000 libras esterlinas.

Sobre todo esto, el perfumista David Moltz contaba recientemente en una entrevista en New York Magazine que muchas veces son precisamente estos toques de ingredientes 'poco atractivos' los que hacen que una fragancia sea perfecta. Para fabricar su White Peacock Lily, por ejemplo, utilizó una variación del eugenol que posee "una cualidad ahumada, algo cerda -un poco como una nota de melón podrido con un elemento húmedo, untuoso-. [...] Le añadí esas notas a la fragancia y fue sólo entonces cuando conseguí el sorprendentemente bello aroma de azucenas". Porque, como se dice siempre, los extremos se tocan, y los olores más agradables pueden estar a un paso de los más repugnantes. Y viceversa.

La controversia

Pero el problema de todo esto no es, simplemente, una cuestión de asco, sino el uso que se hace de los animales para obtener las codiciadas sustancias: si se les caza para conseguir los ingredientes, si se les tiene en cautiverio en condiciones aberrantes, etc. Se afirma que, actualmente, se utilizan ingredientes basados en un proceso químico sintético que mimetiza los de origen animal, pero sigue habiendo dudas, sobre todo, sobre los tests con animales.

En 2013 se prohibió comercializar cosméticos 'crueles con los animales' en la Unión Europea (aunque las pruebas se hubieran hecho fuera de Europa), pero, desgraciadamente, las compañías de perfumes más conocidas -como Givenchy o Hugo Boss, entre otras decenas- no estarían completamente 'limpias'. Por suerte, si te preocupa este asunto, puedes consultar listas de algunas marcas que no usan ese tipo de experimentación. 

Es increíble todo lo que se puede esconder detrás de un aroma, pero es importante saberlo, no para perfumarnos con reservas, sino para descubrir, precisamente, lo contrario: nuestro olfato es caprichoso y, en ocasiones, lo que parecían olores desagradable puede resultar, finalmente, en un perfume muy placentero y atractivo.