Algunas De Las Sombras De Obama Son Casi Tan Oscuras Como Las De Trump

Ahora que Barack Obama se ha marchado de la Casa Blanca para disfrutar de unas merecidas vacaciones con su esposa Michelle, es hora de reflexionar como la nación más poderosa del mundo queda a cargo de un personaje como mínimo controvertido. Seamos sinceros: no es fácil dormir tranquilamente sabiendo que Mr. Donald Trump tiene en sus manos los códigos nucleares de Estados Unidos. Sin embargo, hay que ejercer de demócratas y reconocer que ese (y no otra) es el presidente que los estadounidenses eligieron y, por tanto, al resto del mundo solo nos queda extrañar a Obama. ¿O no?

Viendo lo que nos ha caído encima (sorry, Melania), es muy fácil caer en la tentación de ver al ex mandatario de EE.UU. con un cierto aire de nostalgia, pero tampoco es que Obama haya dejado un legado totalmente positivo. Todos somos humanos y, aunque algunos intenten hacer de él una especie de dios, Barack Obama también lo es y como todo hijo de vecino metió la pata hasta el fondo en más de una ocasión. Estos son algunos de los episodios más tristes que sus ocho años de mandato nos dejan a modo de herencia.

La intervención en Libia

El propio Obama admitió que su peor error como presidente fue apoyar la intervención militar en Libia en 2011. Por aquel entonces, la OTAN afirmó que la coalición que llevó a cabo la operación tenía la intención de evitar una tragedia humanitaria en el país, que vivía una guerra civil en la que grupos opositores se enfrentaban al régimen de Muamar el Gadafi. Sin embargo, el proceso se concentró en derrocar a Gadafi, como admitió el propio Obama, y nunca se pensó en un plan para reconstruir el país después de la guerra.

Libia terminó en ruinas y con una población desesperada. Es decir, uno de los países más prósperos del norte de África se convirtió de la noche a la mañana en un semillero del Estado Islámico. Por su parte, Obama se limitó a hacer un mea culpa y criticar a sus aliados europeos que, según él, no cumplieron con lo prometido.

Los ataques con drones
Spc. Jeremy Squirres, with Alpha Company, 101st Military Intelligence Battalion, 3rd Brigade Combat Team, 1st Infantry Division, prepares a Shadow 200 Unmanned Aerial Vehicle for launch at Forward Operating Base Warhorse, Sept. 22, 2004. Alpha Company, 101st MI, operates and maintains the Unmanned Aerial Vehicles for missions in Baqubah, Iraq. DoD photo by Spc. James B. Smith Jr., U.S. Army. (Released)

Los controvertidos ataques con drones fueron una de las estrategias de guerra más usadas por el expresidente. Para Obama, se trataba de una táctica muy efectiva para luchar contra grupos terroristas pero la realidad es que, bajo las pantallas de los pilotos a miles de kilómetros de distancia, murieron decenas de civiles inocentes. Un turbio asunto que el presidente tardó años en admitir.

Activistas de los derechos humanos pidieron transparencia con relación a las muertes provocadas por los ataques, pero la administración se tomó su tiempo en ofrecer los números. Finalmente, en julio de 2016 que Obama divulgó que los ataques con drones mataron entre 64 y 116 civiles durante su presidencia, una cuenta que la comunidad activista consideró muy lejana a la realidad. De hecho, la falta de transparencia queda como uno de los legados más oscuros de su administración.

 Los escándalos de espionaje

Las filtraciones de información confidencial provocaron muchos dolores de cabeza a la administración Obama durante su segundo mandato. En 2013, Edward Snowden decidió contar la inmensa telaraña de vigilancia masiva y espionaje construida por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) desatando problemas en todos los frentes para el entonces presidente.

El mundo descubrió que el bueno de Obama no solo espiaba a los ciudadanos estadounidenses sino que también vigilaba las llamadas telefónicas y correos electrónicos de los líderes de Europa y América Latina, como Angela Merkel y Dilma Rousseff. Un verdadero caos diplomático que el presidente respondió con un simple perdón y una reforma en los servicios de inteligencia, aunque, eso sí, sin presentar cambios radicales en sus prácticas de espionaje. De hecho, la estructura de espionaje de loFive Eyes sigue funcionando a todo vapor.

El fracaso en Siria

No importa desde qué ángulo te propongas analizarlo: la guerra en Siria es una verdadera tragedia. Tras el fracaso en Libia, Obama optó por mirar hacia otro lado y no intervenir en el conflicto. Más allá de ayudar, esta posición demasiado tibia en Siria facilitó un baño de sangre entre rebeldes y leales a Bashar al-Ásad. Pero la cosa no quedó en eso ya que, a la postre, la falta de contundencia provocó el enquistamiento del Estado Islámico en la región.

Para colmo, los tímidos movimientos de Obama, siempre bien calculados, tuvieron más que ver con cuestiones políticas que con el drama de la población siria, protagonistas involuntarios de una oleada de cerca de cinco millones de refugiados. La bandera del intervencionismo humanitario, uno de los grandes orgullos de EE.UU, quedó bastante floja en el mandato de Obama. Es por ello que la mayoría de los analistas políticos coinciden en que la gran sombra en el legado del expresidente puede ser la pasividad que tuvo ante una tragedia que está lejos de llegar al fin.

El infructuoso cierre de Guantánamo

Two US Army (USA) Military Police (MP) escort a detainee, dressed in his new orange jumpsuit to a cell at Camp X-Ray, Guantanamo Bay Navy Base, Cuba. Camp X-Ray is the holding facility for detainees held at the US Navy (USN) Base during Operation ENDURING FREEDOM.

En el primer día de su gobierno, allá por 2009, Obama prometió cerrar la cárcel de Guantánamo en el plazo de un año. Casi una década después, la base naval estadounidense en Cuba continúa albergando a 41 reclusos. Abierta a finales de 2001 por George W. Bush, sus celdas han albergado a 780 reclusos desatando las críticas de medio mundo por el trato extremadamente vejatorio que todavía reciben sus internos. Aunque el número de presos se redujo de 242 a apenas 41 reclusos en el periodo Obama, lo cierto es que su promesa estrella fue un absoluto y rotundo fracaso.

De los 41 encarcelados, tan solo cinco tienen su libertad decretada mientras que 10 están formalmente acusados de crímenes de guerra y otros 26 permanecen en un limbo legal ya que, si bien no están acusados de delito alguno, su supuesta condición de terroristas en el contexto de la llamada ‘guerra contra el terrorismo’ hace que Washington se resista a ponerlos en libertad.  Teniendo en cuenta el idilio entre el nuevo presidente y el presidente ruso Vladimir Putin, que tampoco es muy amigo de los yihadistas, resulta muy improbable pensar que el estigma de Guantánamo vaya a desaparecer en los próximos años.