El gran secreto de Hitler: los soldados nazis iban puestísimos de metanfetamina

Hasta las trancas de metanfetamina. Así es como parece que iban los soldados nazis, parte de la cúpula de Hitler y él mismo

Hasta las trancas de metanfetamina. Así es como parece que iban los soldados nazis, parte de la cúpula de Hitler y él mismo. En concreto, lo que tomaban era Pervitin, un producto que la farmacéutica Temmler lanzó al mercado en 1938 y que contenía metanfetamina, lo que en la calle se conoce ahora como cristal. En esa época era legal y se podía comprar en las farmacias de alemanas.

Así que, por un lado, Hitler ordenaba a su población una vida sana, sin alcohol ni excesos, y por otro se metía coca, metanfetamina, morfina y hasta 74 ‘medicamentos’ diferentes, según unos informes de la Segunda Guerra Mundial que encontró Bill Panagopoulos (un coleccionista metido a investigador) en 2014. Los documentos detallan lo que el médico (o camello) de confianza, el Dr. Morell, le recetaba al Führer y  que también se explica en el libro Der totale Rausch (El éxtasis total) del periodista alemán Norman Ohler.

De hecho, antes de que lo tomaran los soldados, el Pervitin estaba triunfando entre la población civil alemana, que no sabía muy bien lo que se estaba metiendo, pero si que les ayudaba en algunos aspectos de su vida. Como explicaba Ohler en una entrevista a DW: “En Berlín se convirtió en una droga de elección, como cuando la gente toma café para aumentar sus energías. La gente tomaba muchísimo Pervitin, en todas partes. La compañía quería que el Pervitin rivalizara con la Coca Cola”. Eso fue lo que hizo uno de los médicos de la Academia Militar se fijara en esta sustancia, estudiara sus efectos y propusiera administrarla a los soldados. En las palabras del médico nazi Otto Ranke, “en la mayoría de las personas la sustancia aumenta la confianza en sí mismo, la concentración y la voluntad de asumir riesgos, mientras que al mismo tiempo se reduce la sensibilidad al dolor, el hambre y la sed, así como la necesidad de dormir. […] El Pervitin puede ayudar a la Wehrmacht a ganar la guerra”.

Y parece que lo hizo. Se convirtió en una arma de guerra. Sobre todo para hacer posible la táctica alemana de la ‘guerra relámpago’ (Blitzkrieg), que se utilizó en la ofensiva contra Polonia en 1939. La droga se repartía entre los altos mandos de las tropas, los conductores de carros de combate, los pilotos de avión… Así, podían recorrer grandes distancias, atravesando Polonia y Bélgica hasta Francia, sin parar y sin cansarse, sorprendiendo al enemigo. Porque eliminaba un factor clave para resistir a la dureza de la guerra: el sueño. Y les dejaba en un estado de euforia permanente, creyéndose invencibles. 

Pero tenía también sus efectos negativos. El primero fue que muchos nazis se estaban convirtiendo en yonkis y muchos soldados les enviaban cartas a sus padres y familiares pidiéndoles siempre más Pervitin para resistir en el campo de batalla. Pero también provocaba alucinaciones visuales y auditivas, alteraciones nerviosas, vértigos y temblores, agresividad, brotes psicóticos, delirios, paranoia, hipertermia y convulsiones que podían causar la muerte. Además, el cuerpo necesita dormir y descansar para reponer fuerzas por sí solo. Si las tropas llegaban a tomar la droga sin descanso, podían mantenerse muchos días despiertos, pero el resultado final solía ser fatal y no era raro, incluso, que un soldado disparase contra su propio compañero.

Sin embargo Alemania no ha sido la única que ha drogado a sus soldados para ganar batallas. De hecho, la metanfetamina se creó en 1919 en Japón y se les proporcionaba a los kamikazes para que fueran eufóricos a las misiones suicidas.