El síndrome que sufre esta chica hace que esté excitada todo el tiempo

Imagínate tener esa sensación de estar a punto de llegar al orgasmo. Ahora imagínatela más intensa y cada maldito segundo de tu vida sin que haya habido ninguna situación que te excite. Pues no, no tiene ninguna gracia. El síndrome de la excitación sexual permanente afecta sobre todo a mujeres que llegan a sentir dolor constante debido a la concentración de la sangre en su vagina e incluso a tener orgasmos que no pueden controlar. Esto mismo es lo que le sucede a Amanda McLaughlin, una joven inglesa de 23 años a quien le diagnosticaron este síndrome en 2013.

En un documental de la cadena inglesa BBC, Amanda confiesa que de los 15 a los 18 años se masturbaba "mucho más de lo que lo haría una adolescente normal", cosa que hizo pensar a su familia que la joven era adicta al sexo. No es extraño que las personas que sufren este síndrome sean diagnosticadas así o que no se les preste atención debido a los prejuicios y tabúes relacionados con la sexualidad de la mujer.

De hecho, a pesar de que Amanda tiene pareja desde hace un año y viven juntos, ella se siente cohibida y no suele pedirle que tengan relaciones sexuales. Hacerlo le hace sentir 'repugnante' e incómoda debido a que el dolor que siente en sus genitales convierte el sexo en una tarea difícil, en vez de ser algo placentero.

Pero el Síndrome de la excitación sexual permanente no solo afecta profundamente a la vida sexual de Amanda, sino también al resto de su vida cotidiana como hacer deporte o ponerse un tampón.  "Podría ser capaz de trabajar, podría ser capaz de conducir, quiero hijos en el futuro", dice en el documental. Y es que el dolor y la excitación que nunca llega a culminar, en su caso, en un orgasmo le impiden realizar con normalidad cualquiera de estas cosas.

Y es que, aunque Amanda toma actualmente hasta 30 medicamentos distintos, no existe un único tratamiento —debido a la falta de investigación y a que se desconocen las causas— para este problema que quienes lo sufren luchan por que sea considerado como un trastorno de dolor crónico y no como uno sexual.