Puede Que Aún No Lo Sepas, Pero No Vives En Una Democracia Real

Si en algo estamos de acuerdo los españoles es en que estamos todos bastante hartos del panorama político. Ha sido un 2016 pesado, sin actividad legislativa y con una incesante exposición mediática de los líderes de los principales partidos, en dura pugna por hacerse con el poder. Debates incendiarios, acuerdos inservibles, pactos rotos y un tira y afloja que ha terminado por devolvernos a la casilla de salida: todo está prácticamente igual que hace un año. Pero bueno, podría ser peor. Por lo menos, vivimos en un sistema democrático, ¿no? Pues quizá no.

Esto no es una democracia. Vale, sé que suena fatal. Después de todo, llevamos años convencidos de que es así. Y seguro que, visto el título del artículo, más de uno llevará ya un rato revolviéndose en la silla. El problema es que, lo que nosotros entendemos por democracia, es algo muy distinto a lo que realmente significa.  ¿Preparados para derribar mitos? Atentos a esto:

Si no es democracia, ¿qué es?

Tal y como argumentan en el vídeo, la confusión parte de haber asumido el nombre de 'democracia', pese a ser, realmente, un modelo político distinto: el gobierno representativo. Además, la mayoría de nosotros cree estar participando en el sistema porque existen elecciones. Como ciudadanos, tenemos la posibilidad de escoger al partido político que -creemos- mejor nos representa y, si no cumple lo prometido, ejercer el derecho a voto para intentar expulsarlo del poder en la siguiente legislatura.

democracia codigo nuevo

Sin embargo, esto supone varios problemas: Por una parte, muchos ciudadanos no se sienten representados por los partidos políticos existentes. Puede que estén de acuerdo con algunas de sus valores e ideas, pero, a menudo, no con todo el programa. Incluso, los hay que se conforman con votar al que parece "menos malo".

Por otro lado, hay muchas personas que deciden, simplemente, no votar. Así, si los políticos llevan a cabo decisiones que no comparten, al menos, no se sienten responsables de ello. Pero lo cierto es que, al votar, estamos ofreciendo una confianza que, finalmente, supone poder. Estamos regalando el beneplácito a unos completos desconocidos para que tomen decisiones que nos afectan. El problema es que, al no votar, también lo hacemos.

Supongamos que hemos escogido un partido al que nos sentimos afines. ¿Qué ocurre si esa formación no cumple con sus promesas? Nada; durante cuatro años, sus dirigentes pueden hacer más o menos lo que le venga en gana, porque votar significa confiar. Aunque, la mayor parte de nosotros, en realidad, no se fíe un pelo de ellos. Y lo único que podemos hacer es esperar otros cuatro años para premiar o castigar su desempeño a través de nuestro voto.  Recuerda: En nuestro sistema, el poder está en los representantes. En la auténtica democracia, el poder está en el pueblo.

Entonces, ¿qué es la democracia?

Básicamente, un sistema político nacido en la Grecia del siglo V a.C. Su capital, Atenas, era una polis griega donde las decisiones políticas se tomaban en una asamblea a la que podía asistir cualquiera. Siempre y cuando, claro, se cumpliese con unos requisitos: ser nativo ateniense, varón y mayor de edad. La gran diferencia es que el poder no se cedía, sino que se ejercía.

Los representantes no eran votados, sino que se escogían por sorteo. De esta forma, -como nadie les votaba directamente-, no podían decir que fueran depositarios de la confianza del pueblo. Su función se limitaba a llevar a cabo propuestas de ley que, más tarde, eran aceptadas o rechazadas en la asamblea. Es decir, se llegaba a consensos. No se trataba de ganar al otro, sino de tomar la decisión que conviniera a la mayoría. Ni siquiera existían partidos intentando convencer a la ciudadanía; eran los propios votantes los que buscaban llegar a esos acuerdos que aseguraran el bien común. Bonito ¿eh?

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La gran lección de estos vídeos es que existe otra forma de hacer las cosas, pero es imposible que intentemos implantarla sin conocerla de antemano. Sí, nuestras sociedades son más grandes que una polis y no existe edificio que permita albergar a todos los votantes de una nación. Por suerte, tampoco lo necesitamos: existe Internet, ese espacio inmaterial en el que ya predomina otra forma de debatir y consultar opiniones.

Que nos quede claro: si no generamos mecanismos para controlar al poder, aquellos que lo acumulan van a seguir tomando las decisiones por nosotros. Y, ante eso, existen dos opciones: resignarse o luchar por cambiarlo. No vivimos en democracia. La pregunta es: ¿queremos que esto siga siendo así?

Crédito de la imagen: Levi Walton