Nunca Había Tenido Tanto Sentido Salir De Fiesta Para Los Jóvenes En Siria

En España lo normal es salir de fiesta y que la gente ahogue las penas porque la peluquera les ha cortado las puntas de más, porque ese día no han dado Mujeres, Hombres y viceversa, porque su equipo de fútbol ha perdido, porque ‘no sé quién’ no les contesta por Whatsapp o porque ‘no sé quién’ pasa de poner like en sus fotos: “y no entiendo por qué si yo le doy a las suyas siempre”. En general, ni siquiera hay que tener ninguna excusa para beber.

Pero si tu mundo se desmoronara. Si todo aquello que quieres y valoras se sumiera en un profundo caos. Si la muerte y la guerra azotaran tu forma de vida con una violencia devastadora. ¿Qué sería de ti? ¿Cómo afrontarías tu vida sabiendo que todo pende de un hilo? Y aquí viene la pregunta del millón: ¿saldrías de fiesta en una situación en la que apenas te queda nada?

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En Siria lo hacen. La ciudad de Damasco es un lugar donde la gente ahoga sus penas de verdad. Cuando en la periferia el único respiro que se tienen son treguas parciales de un conflicto armado que ya ha matado a 250.000 personas en cuatro años, como señala el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la gente que se lleva un chupito a la boca se lo bebe con todo el permiso del mundo.

La vida nocturna de Damasco se ha revitalizado, tal y como explica un artículo de la agencia Reuters publicado en el diario israelí Haaretz. El casco antiguo de la capital siria está viviendo un renacimiento gracias a la voluntad de los jóvenes que, pese a los bombardeos y la violencia extrema, han decidido darse un respiro en tiempos difíciles. Haaretz recoge el testimonio de Dana Daqqaq, una camarera de 21 años que trabaja por la noche mientras estudia para licenciarse en Bellas Artes. Asegura que “la gente está cansada de la guerra y solo quieren vivir una vida normal, por lo que salen y se socializan”. La joven afirma la gran verdad, aquella que cae como una losa, y es que salen de fiesta para olvidarse durante un rato de experiencias personales traumáticas.

Dana Ibrahim, también con 21 años, cuenta que los bombardeos se repiten durante días. “Una vez un cohete cayó justo al lado de casa y yo estaba fuera de la ciudad en ese entonces”, explica, añadiendo que no tuvo noticias durante dos días sobre su familia. “Creí que habían sido alcanzados”, dice. Dana se planteó salir del país, al igual que muchos de sus amigos que huyeron a Europa o a países vecinos, pero se siente capaz de quedarse. "Cuando empecé a ver la vida de aquí, me quedé", y sentencia: "no quiero ser una refugiada".

Nicolas Rahal es un diseñador gráfico de 23 años al que le anima ver el ambiente que se respira durante la noche de Damasco. "Esto es algo que, sin duda, no se podía ver hace dos años", asegura. Él tampoco quiere abandonar Siria, a pesar de vivir el conflicto tan directamente. El factor que lo puede alejar de su casa es el servicio militar. "Podría ser llamado y no tienes ni idea de a dónde te van a enviar o cuánto tiempo vas a estar allí; tengo amigos y parientes en el ejército, en Palmira o Alepo, por ejemplo".

Alepo es uno de los lugares más castigados por el conflicto sirio. En la ciudad más grande del país, los contendientes ya no respetan los objetivos prohibidos como, por ejemplo, los centros sanitarios. La violencia se ha cebado con total crudeza contra decenas de civiles y personal hospitalario en varias ocasiones. Únicamente las treguas temporales pueden ofrecer un respiro entre tanta sacudida como las que han devastado Alepo sin piedad. Hasta 13 días seguidos de enfrentamientos se han vivido en la ciudad antes de la última tregua.

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A Damasco aún le llega algo más de oxígeno. La guerra se siente dentro de la capital. Los soldados, armados con fusiles de asalto, peinan distintas zonas en busca de bombas. El fuego de artillería se oye distante, pero es un murmullo que se repite. Es la banda sonora de la decandencia.

Salir de fiesta supone el auténtico desafío a la guerra. El sacar una fortaleza de donde parece que no es posible y vivir. No es una noche para preocuparse por el conflicto armado, la economía o la migración. Beber, fumar, bailar, reír o hacerse un selfie con los amigos nunca había cobrado tanto sentido.

Imágenes: Reuters/Omar Sanadiki