"Si salimos todos, no cabemos": el infierno de la desescalada en el municipio más pequeño de España

Emperador, un pueblo dormitorio de Valencia, tiene apenas diez calles y tres manzanas. Sus ciudadanos no pueden salir del pueblo, pero tampoco de sus casas: "es tan pequeño que si salimos todos, no cabemos"

Después de semanas encerrados, desde el pasado 2 de mayo empezamos a salir en masa de nuestras casas. Por fin podíamos hacer running, ciclismo o, simplemente, dar un paseo. Eso sí, a una distancia máxima de un kilómetro, una medida prudencial que muchísimos han ignorado porque se les hacía pequeña, según admitían públicamente por Twitter y otras redes (y, no nos engañemos, seguramente tú sabes de muchxs que también se la han saltado, si no es que lo has hecho tú mismx).

Pero en Emperador (Valencia), poder salir de casa con la fase 0 no ha sido reconfortante, al contrario, ha sido todavía más frustrante. Si a los madrileños, barceloneses y los ciudadanos del resto de capitales se les hacía pequeña su ciudad, imagínate la frustración de vivir en el término municipal más pequeño de España, con una superficie de 0,33km2, es decir, diez calles y tres manzanas y sin ningún parque o terreno más allá de las casas. Lo más parecido a un lugar de esparcimiento es una plaza minúscula que tiene una pista deportiva o un solar abandonado (y por el momento vacío).

“El primer día de libertad, un trote de treinta minutos alrededor de tres manzanas”, explica Valentín al periodista Víctor Romero, del diario El Confidencial. Es uno de los ciclistas del pueblo que ha tenido que abandonar su hobby porque la nueva normativa está diseñada para grandes ciudades, ya que especifica que no se permite salir del municipio, lo cual se traduce para los habitantes de Emperador en no poder hacer deporte más allá de un pequeño paseíto por las calles que conforman su pueblo.

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Obviamente a pocos les hace gracia esta situación. “Es un doble confinamiento, una cárcel al aire libre”, explican varios ciudadanos del pueblo. Movidos por esta frustración, algunos han intentado salir de sus pequeñas calles, pero la Guardia Civil y la Policía Local de Museros, el municipio en el que Emperador está incrustado, los para y los devuelve dentro de sus fronteras. “La razón es que por los caminos de huerta colindantes circulaban habitualmente en la era precoronavirus centenares de ciclistas, corredores y paseantes procedentes de Valencia y otros pueblos de esta comarca de l'Horta Nord. Y como no quieren que pasen, pues nos llaman a nosotros también la atención", añade Valentín.

“Además, somos un pueblo joven, necesitamos actividad física”, se lamenta otro entrevistado. A diferencia de otros típicos pueblos pequeños, los ciudadanos no son en su gran mayoría jubilados. Como está a 18 kilómetros de Valencia, muchas casas han sido compradas por familias jóvenes con hijos que trabajan en la capital y buscaban una oferta de vivienda más barata, pero sin alejarse demasiado de su lugar de trabajo. Esto supone que haya una densidad de población altísima (de hecho, es de las 90 localidades españolas con más habitantes por metro cuadrado). Es decir, “si salen todos a la vez, no caben”, añade Pepa, otra vecina de Emperador.

Las franjas horarias, por lo tanto, se les hacen muy pequeñas. Hay familias que deciden expresamente no salir, porque en tan poco espacio sería muy difícil mantener las distancias de seguridad con los niños jugando o haciendo deporte en los pocos espacios disponibles. Encerrados en esta cárcel al aire abierto, esperan que se levante la cuarentena para poder estirar las piernas, aunque, como señala José María en el artículo: “esta crisis ha sido grave, pero será peor la económica que vendrá”, dice, temiendo por el futuro de este pueblo de extrarradio, cuya economía todavía no se había recuperado de la crisis de 2008.

CN