Rutinas de menos de cinco minutos que te ayudarán a tomar mejores decisiones en tu vida

Crédito de la imagen: Joanna Keler

¿Qué tienen en común los maestros filosóficos de la antigua China con el pop gozoso de Whitney Houston? No, no nos hemos vuelto locos: ambos nos recuerdan el valor de los pequeños avances, de los hábitos cotidianos. Sea el ancestral proverbio oriental que nos recuerda que quien mueve montañas es porque comenzó apartando piedrecitas o el no menos ancestral estribillo de la diva de Newark en su archiconocida Step by step.

Paso a paso, milla a milla, ladrillo a ladrillo: las grandes metas no se alcanzan de golpe, sin esfuerzo ni constancia... y aquí está el problema. Todos tenemos objetivos que queremos alcanzar, cotas que queremos coronar en lo personal o en lo profesional, pero pueden aparecer distantes. Cimas abstractas y etéreas frente a lo inmediato y palpable, que puede distraernos del camino hacia aquel fin que nos hemos marcado.

Resultado de imagen de distracted gif Esta dispersión plantea una ecuación, una ‘X’ a resolver entre el bien lejano que perseguimos y los obstáculos cercanos de un día a día que nos absorbe en pequeñas tareas urgentes. En un artículo publicado en Inc, la diseñadora de negocios Rohini Venkatraman trae una posible respuesta al problema: ¿y si los pasos a realizar para llegar al fin abstracto fueran tan cercanos y concretos como las distracciones que nos apartan de él?

Con esto en mente, Venkatraman propone establecer un régimen diario de ‘micro-acciones’: pequeños hábitos que no llevan más de cinco minutos y que comienzan una reacción en cadena con resultados sorprendentes. Entre estas micro-acciones, la experta destaca cuatro que podemos insertar en nuestras rutinas cotidianas y que están especialmente pensadas para espíritus emprendedores:

1 – Cierra tu sesión de e-mail para aumentar la intencionalidad (30 seg.)

Todos sabemos que Instagram, Facebook y demás redes sociales son un auténtico agujero negro de productividad. Eso lo tenemos asumido, ya sabemos que una sesión de trabajo requiere apartar estas tentaciones, pero ¿y el mail? Eso sí que es productivo, ¿no? Pues, según Venkatraman, no. Y por una razón muy sencilla: aunque pasar horas escribiendo y respondiendo mails puede sonar como a estar trabajando, lo cierto es que normalmente implica una actitud pasiva.

Implica que estamos reaccionando a los requerimientos de otros, en lugar de prestar atención a nuestras propias tareas. Cerrar la sesión en nuestro mail mientras trabajamos no nos llevará más de medio minuto, pero nos creará un clima de tranquilidad y nos ofrece la ventaja adicional de que, cada vez que queramos enviar un correo y como tendremos que iniciar sesión, nos permitirá adquirir mayor intencionalidad de para qué estamos haciendo esa acción, en lugar de abrir el mail como un acto reflejo.


2 – Crea un ritual de grupo activo y divertido (1 min.)

Imagina que todo un equipo de trabajo decide poner una alarma en el móvil cada cierto periodo fijo de tiempo y, cuando suena, todos paran de hacer lo que hagan y se tiran al suelo a hacer flexiones. Un ejemplo parecido a este es el que plantea Venkatraman al hablar de crear un ritual de ejercicio grupal que el equipo esté de acuerdo en seguir.

Parar para realizar algo de gimnasia o una actividad común rápida no solo nos activa físicamente –algo fundamental en una época en la que pasamos casi todo el día sentados-, sino que también crea un flujo de parones y momentos de trabajo que favorecen el concentrarse intensamente en alcanzar pequeñas metas antes de cada stop.


3 – Medita para tomar decisiones inteligentes (2 min.)

Meditar suena muy abstracto —y lo contrario de lo que intentamos plantear en este artículo—, pero no lo es. De acuerdo con un estudio llevado a cabo por la neurocientífica, Sara Lazar, la meditación no solo calma nuestra mente, sino que la transforma para bien.

Al comparar los cerebros de personas que meditan y que no, Lazar y su equipo descubrieron que los primeros poseían más materia gris en las regiones neuronales asociadas con la memoria y la toma de decisiones. Lo zen y místico de la meditación, no obstante, puede traducirse fácilmente en una microacción: podemos meditar durante dos minutos, mientras se calienta la leche de nuestro café o viajamos en autobús al trabajo.


4 – Lee un libro para incrementar el aprendizaje y la memoria (5 min.)

“El conocimiento es oro: daría todo lo que sé por todo lo que ignoro”, cantaba el rapero Locus y no le falta razón. Cuanto más sepamos, mejores seremos en el trabajo y en las relaciones con los demás, en lo laboral y lo personal... pero, como siempre, nos faltan horas. No obstante, adquirir el hábito de leer cinco minutos al día –mientras esperamos a que la comida esté lista, apunta Venkatraman como ejemplo— hará mucho más por nuestro intelecto que quejarnos por la falta de tiempo.

Además, si la lectura puede ser de un libro, mejor: un estudio reciente vino a demostrar que quienes leen en papel recuerdan mejor el contenido que quienes lo hacen a través de una pantalla. En palabras de la líder de la investigación, Anne Mangen, “el feedback háptico y táctil de un e-reader no permite la misma reconstrucción mental de la historia que se obtiene de un libro impreso”.

Estos son cuatro ejemplos de micro-acciones, pero no son ni de lejos los únicos. Con un poco de creatividad y repasando nuestro día a día, seguramente seremos capaces de encontrar los huecos en los que un pequeño hábito puede llevar a grandes resultados. En los que podemos modificar nuestra rutina para avanzar firmemente hacia nuestro objetivo: paso a paso. Palabra de Whitney Houston.