Cómo responder a 7 preguntas incómodas en una entrevista

La noche de antes casi no pegas ojo. Porque estás de los nervios, no lo puedes evitar. Ya has pensado qué te vas a poner, te has preparado una carpetilla con algo de documentación, has ensayado el saludo y la conversación delante del espejo 400 veces como un idiota… Pero, aún así, tienes ese incómodo hormigueo en el estómago. Más bien parece que te vas a enfrentar a un tribunal de la Inquisición que a una entrevista de trabajo. Pero es normal, quieres ese curro y sabes que te tienes que estar preparado para cualquier pregunta. Venga, tranquilidad, vamos a estudiar las respuestas para las 7 cuestiones más habituales en cualquier entrevista. Con este manual podrás torear a cualquier entrevistador con ganas de hacerte pasar un mal rato.

Wall Street Código Nuevo

1. “Háblame de ti, ¿cómo te describirías en una frase?”

Esta es fácil y cae seguro. Lo mejor es prepararse un par de frases y sabérselas de memoria. Ahora bien, hay que hacer un ejercicio teatral para no parecer un lorito recitando la lección. Tampoco hay que liarse demasiado: algo sencillo que subraye nuestras ganas de trabajar, que destaque alguna cualidad relacionada con el puesto al que optamos y que nos presente como una persona proactiva. Y, por supuesto, evitar las fantasmadas, que ninguno somos Steve Jobs.


2. “Dime 3 de tus virtudes y otros 3 defectos”

Qué-aburrimiento-de-repertorio. Esta es la pregunta trampa por antonomasia, porque muchas veces tendemos a presentar unas virtudes casi dignas de un semi-dios y unos defectos que son virtudes encubiertas como “soy demasiado perfeccionista”.

Con esta tampoco hay que complicarse la vida. Busca unas virtudes sencillas, como tu compromiso con el trabajo, tu actitud positiva, tu facilidad para trabajar en equipo… Y unos defectos también habituales, como que a veces te pasas de vehemente defendiendo tus posturas.


3. Pregunta trampa: “¿Cuánto esperas cobrar?”

Aunque la respuesta que te pide el cuerpo es “No sé, dímelo tú, que seguro que ya lo tienes pensado”, debes ser mucho más diplomático. Todavía no te han dado el trabajo, así que esto no es una negociación. Hay que quedar bien diciendo que esperas un salario acorde con tu aportación a la empresa y con tus responsabilidades, y decir también que no sólo te mueve el dinero, sino que esperas rentabilizar el trabajo como una oportunidad para aprender y crecer como profesional. ¿Que no hay quien se lo crea? Sí. ¿Que quedas estupendamente y es lo que esperan que digas? También.


4. “¿Te gusta trabajar en equipo?”

No es que te guste, es que te encanta. Has nacido para eso. Colaborar con un equipo de personas hace que encontrar soluciones sea más sencillo y, si cada uno aporta su punto de vista, abordar cualquier problema es más fácil y el trabajo es más completo. Di esto aunque odies con todas tus fuerzas tener que escuchar las opiniones de los demás.


5. Ataque gratuito: “No tienes suficiente experiencia para el puesto”

¡Anda! Pues no me llames. No pasa nada: nos están poniendo a prueba. Puede que no manejes al 100% todas las competencias necesarias pero, respondiendo algo así como “tengo unas aptitudes y capacidades que equilibran mi falta de experiencia” o “aprendo rápidamente a llevar a cabo cualquier tarea y mi disposición es la mejor” desarmarás cualquier intento de tirar por tierra tu candidatura.


6. “¿Por qué debemos elegirte a ti y no a otro?”

Aquí te la juegas. Te están preguntando por tu slogan, por eso debes mostrarte seguro de ti mismo, firme, pero tampoco con intención de imponer nada a nadie. Lo mejor, una frase como “creo que mi perfil se adapta perfectamente a lo que buscan” o “soy una persona comprometida que se esforzará por aportar su capacidad de trabajo y su ilusión”. Touché.


7. “¿Tienes alguna pregunta?”

Por supuesto que sí. Hay que preparar alguna para que noten interés, relacionadas con la empresa o con el puesto. Si algo no ha quedado claro durante la entrevista, es el momento de preguntar; así demostraremos que sabemos escuchar y que hemos dominado la situación.

Estas son las habituales, las que van a caer sí o sí. Luego hay otras mucho más peregrinas como “¿Quién ganaría en una pelea entre Batman y Spiderman?”, “¿cuánto cobraría por limpiar todas las ventanas del edificio?” o “¿cuántas vacas hay en Canadá?”. Son preguntas reales que hicieron entrevistadores de Google, Facebook o la Universidad de Stanford, pero ya habrá tiempo de llegar hasta allí.

Lo importante para cualquier entrevista de trabajo es ser puntual, cuidar la vestimenta y tratar de estar tranquilo. No cruzar los brazos ni gesticular de manera compulsiva. Informarse antes sobre la empresa y dejar claro que has nacido para el puesto. Mostrarse seguro de uno mismo y no titubear. Y lo más importante: aunque todo haya ido fatal, apretarse una buena cerveza nada más salir como recompensa por tantos nervios, aunque sean las 11 de la mañana.