La regla de las 5 horas que demuestra que estás trabajando más de lo que deberías

Ocho horas. Una detrás de otra. Vamos, lo que se llama una ‘jornada completa’ con su horita para comer. Lo más normal si no perteneces a la esclava élite de los autónomos y trabajas para otro. Pero, atención pregunta: ¿cuánto tiempo de esas ocho horas las dedicas, en realidad, a vaguear? Mirando las redes sociales, el cigarrito, el cortadito de máquina o la conversación con el compañero. En fin, invirtiendo tu tiempo en mil cosas que harías en tu tiempo libre y alargando tu jornada laboral innecesariamente. ¿Y si el tiempo que pasas en la oficina se redujera a solo cinco horas por el mismo sueldo? Pero cinco horas de trabajo DE VERDAD, nada de distracciones. Y el resto, libre, para ti, para tus cosas.

Podría estar bien… Y no es una utopía; el experimento lo llevó a cabo Stephan Aarstol, CEO de Tower Paddle Boards, y el resultado es revelador. Un adelanto: fun-cio-na. Y es un éxito.

La empresa de Aarstol decidió hacer la prueba en el verano de 2015. Redujeron la jornada a sólo 5 horas, pero de trabajo efectivo. Condensaron en ese tiempo todas las labores que se debían llevar a cabo bajo la premisa de que quien no fuera capaz de completarlas, podría significar que no estaba capacitado para su puesto. ¿Presión gratuita? Tal vez. No sabemos si hubo represalias, pero los trabajadores tomaron la idea como un reto y reconvirtieron esa premura en un aliciente, pensando también en que la vida les regalaba tres horas diarias de tiempo libre.

Y en esas cinco horas de oficina, a currar. Fuera mamoneos. Se reduce el tiempo en los despachos pero se aumenta la productividad, de la misma manera que otros convierten en virtud otras necesidades. A todos nos suena esa gente que, sin tener dinero ni espacio físico para desarrollar su actividad, iniciaron la revolución que cambiaría el mundo desde un garaje lleno de trastos.

Los beneficios, muchos. Según el propio Aarstol, que condensó su propuesta en el libro The Five-Hour Workday, “este sistema permite a los trabajadores ser más sanos, más felices, gestionar mejor sus vidas. No vivir para trabajar, sino trabajar para vivir”. Así lo explicaba a revista Inc, donde detallaba que la experiencia les demostró que este tipo de jornadas, a la larga, configuran un calendario mucho más desahogado que los habituales, incluso contando con los días de vacaciones. “Con este sistema, los trabajadores acaban obteniendo lo que más les escasea, el tiempo”, comentaba Aarstol, que añadía: “lo cierto es que, para sacar adelante dos o tres horas de trabajo, invertimos unas ocho diarias”. Y tampoco es plan.

Así que llamamiento a estas, nuestras empresas españolas. Esto no es un capricho, es algo que se debe valorar porque será bueno para todos, tanto jefes como empleados. Nosotros adquirimos el compromiso de no columpiarnos más de la cuenta, pero vosotros, recios jefes, deberéis echarnos una mano, no aprovecharos, y acabar con las jornadas maratonianas de ocho horas que luego se convierten en diez. Oye, que igual iniciamos una nueva revolución industrial…