Este es el recorrido de la cocaína desde las plantaciones hasta tu nariz

De las plantaciones de algunas regiones amazónicas y andinas, hasta la nariz de los consumidores españoles. Ese es el viaje que explica cómo un producto, que en su origen no es más que una planta con un fuerte componente cultural y cultivada por gente pobre, acaba convirtiéndose en uno de los negocios más rentable del planeta. Un viaje que al que el escritor Roverto Saviano le dedicó parte de su best seller Gomorra y con el que intentó explicar el lado más siniestro de nuestra realidad: la cocaína mueve el mundo y España tiene un papel fundamental en ello.

Los datos no mienten. El negocio de la cocaína mueve anualmente 85.000 millones de dólares, el equivalente PIB de Austria, y España podría considerarse como uno de los epicentros mundiales de su distribución. Es, además y según la  la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el segundo país del globo que más cocaína consume por detrás del Reino Unido; 24 de cada 1.000 españoles la han probado en los últimos 12 meses. Pero, para entender por qué España es capital en el negocio de la farlopa, deberíamos comprender cómo llega esta mercancía hasta nuestras costas.

Ubicarnos en el punto de inicio e ir recorriendo, paso a paso, el camino que lleva al polvo blanco hasta un baño, una tarjeta de crédito, un billete de cinco euros y algún hijo de vecino esnifando con todas sus fuerzas.

El origen

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Colombia, Perú y Bolivia son los tres grandes productores de hoja de coca a escala mundial con 48.000, 48.900 y 23.000 hectáreas cultivadas respectivamente. A estos se añaden Ecuador y Panamá, en los que en muy menor medida y en sus zonas fronterizas con Colombia, se planta lo que más tarde se convertirá en droga. A juzgar por determinadas series de televisión y películas, podría parecer que los bolivianos, los peruanos y sobre todo los colombianos, se pasan el día produciendo pasta base. Sin embargo, la mayoría de plantaciones de coca de estos países se limita a pequeños agricultores que la cultivan como si se tratase de yuca o plátano siguiendo con la tradición indígena en esta parte de Sudamérica.

De hecho, el 24 de febrero el Senado de Bolivia aprobó el proyecto de Ley General de la Coca con el fin de ampliar a 22.000 las hectáreas de cultivos legales de la hoja de coca y garantizar la demanda interna del país. Por ello, la única diferencia con cualquier otro tipo de campesino es que su producción será comprada sistemáticamente por los narcos locales que, esta vez sí, obtendrán enormes beneficios al convertirla en pasta base a través de un proceso de maceración y mezcla con solventes tales como parafina, bencina, éter, ácido sulfúrico, etc.

Incluso el deshecho, más conocido como ‘basuco’ o ‘paco’, será vendido antes de llegar a convertirse en la cocaína blanca que consumirán los europeos y norteamericanos.

El camino

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El proceso logístico sigue la misma simplicidad que la fabricación de la cocaína: personas carentes son captadas por los narcos locales para que traguen el máximo número posible (entre 70 y 100) de ‘pepas’ de cocaína. Luego, las ‘mulas’, como se les conoce en el argot narco, vuelan hasta los aeropuertos de Málaga, Palma de Mallorca, Madrid o Barcelona que son, por su carácter internacional, los que más coca reciben por éste método. "Puede que las pillen porque para pasar la droga, los narcos envían a otras 10 mulas en el mismo vuelo y dan el soplo de que una de ellas lleva cocaína en el estómago a la policía de aduanas. Es lo que se llama sacrificio de mulas", explica el profesor de Fenomenología Criminal, Ricardo Magaz.

Poco les importa que las bolas de coca revienten en el estómago causando daños irreparables o la muerte del individuo. No obstante, esta imagen por cruda y desoladora que pueda parecernos, es solamente la punta del iceberg del transporte de la droga hasta Europa. Tal y como indica Saviano en su libro CeroCeroCero la mayoría de la droga viaja en barco. Si no, cómo puede ser que según la ONU el 60% de toda la cocaína incautada en los últimos 10 años se haya encontrado en altamar o en puertos.

En este sentido Magaz afirma que "la droga va de las Américas hasta el resto del mundo en grandes embarcaciones. Normalmente en los contenedores de cargueros o en navíos financiados por los narcos". En el primer caso es frecuente encontrar a trabajadores españoles del puerto muy bien ‘untados’, dispuestos a hacer la vista gorda cuando los narcos van a buscar el contenedor con la droga. "Es lo que se llama gancho ciego" afirma Magaz. Teniendo en cuenta que en el puerto de Barcelona llegan anualmente más de 2,2 millones de contenedores, es imposible registrar todas las entradas ilegales.

En el segundo caso, tal y como relata Nacho Carretero en su libro Fariña, los fardos de cocaína son recogidos a unos kilómetros de la costa por las planeadoras o narcolanzaderas; barcazas de 2.100 caballos que pueden llegar a costar 1,5 millones de euros. Llegados a este punto, la pregunta obligatoria es: ¿la droga viene directamente de los países productores hasta aquí? Obviamente, una parte importante de la ‘merca’ así lo hace por lo que Magaz no duda en apuntar que "España recibe droga de todas partes del mundo que se introduce por cuatro puntos principalmente:  Galicia, Algeciras, Valencia y Barcelona".

Como indica el siguiente mapa de la Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas (UNODC), el negocio del oro blanco es más internacional que la Coca-Cola. Paraguay, Venezuela, Argentina, Chile, el Caribe, Sudáfrica, Mauritania, Sierra Leona, Liberia, Gambia, Guinea Bissau, Cabo Verde, Senegal o Marruecos son algunos de los lugares desde los que se envía cocaína a España.

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La llegada

Cuando los narcos latinoamericanos quieren introducir muchos kilos de cocaína en Europa, dice Nacho Carretero en su libro, descuelgan el teléfono y llaman a Galicia. Antes los gallegos era narcotraficantes al más puro estilo Pablo Escobar, pero actualmente encontramos unos cuatro o cinco clanes en la sombra, que no se relacionan apenas con otras mafias y que están superespecializados en hacer que la droga toque tierra firme. Son de fiar porque llevan más de 30 años en el negocio, y por ello se cobran el 30% de la mercancía (frecuentemente en especies) que consiguen entrar en España.

"Existen otras formas para pasar grandes cargas de cocaína", nos dice Ricardo Magaz. Si bien el experto insiste en que la forma más frecuente es la de introducirla mediante los ‘ganchos ciegos’ en los grandes puertos de la costa mediterránea (en torno al 90% llega por este método) reconoce que, en ocasiones, los métodos de los narcos son de lo más ingenioso: "La droga llega a los países del Sahel y desde allí viaja hasta Marruecos. Es fácil porque las fronteras de esos países son difusas. Después, la meten en una avioneta que aterrizará en algún campo de Castilla-La Mancha".

Al llegar a España, gran parte de la droga se va para Europa, pero toneladas se quedan en el territorio y serán consumidas por toda clase de gente situando a España como líder indiscutible del consumo de cocaína en la Unión Europa. "La cocaína antes era una droga de clases altas y la heroína se asociaba al ‘yonki’, sin embargo, en los últimos años, se ha convertido en una droga que no atiende a clases sociales", subraya Magaz. Por su parte, Saviano dejó muy claro en sus libros que desde empresarios hasta yonkis, pasando por maestros, barrenderos o conductores de trenes, todos los gremios se hacen rayas.

"Se trata de un envenenamiento en toda regla. La droga que viaja desde Latinoamérica tiene un 80% de pureza. Al llegar a España se corta 2 o 3 veces y más tarde se vuelve a cortar", insiste Magaz quien señala la gravedad del consumo de cocaína con apenas un 20% de pureza en nuestro país: "Cuando hablamos de sobredosis, en el caso de la cocaína, nos equivocamos. Es muy improbable una sobredosis, más bien deberíamos hablar de muertes por envenenamiento".

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La situación del narcotráfico en España tiene muy poco que ver con la casualidad y mucho que ver con la causalidad. La relación cultural y lingüística del país con Latinoamérica, su pertenencia al espacio Schengen, la proximidad con Andorra y Gibraltar, dos espacios donde se pueden blanquear grandes cantidades de dinero, unido al hecho de que España tenga anualmente 75 millones de turistas han convertido al país en un auténtico coladero para el negocio de la cocaína.

"Con tantos foráneos, para los narcos es fácil pasar desapercibidos. De hecho, España es el país del mundo con más delincuentes fugados", concluye Magaz. Es por ello que no debe sorprendernos que aquí sea rarísimo ver noticias sobre carteles, mafiosos o vendettas. Y es que España es el lugar en el que, por el bien del comercio mundial de la cocaína, no deben producirse grandes altercados entre mafias. Así que ya lo sabes, los verdaderos narcos no tienen porqué estar en una selva perdida de Colombia sino que podrían estar tomando el sol a tu lado en cualquier playa del Mediterráneo.