Esta es la razón por la que decidí dejar de trabajar por dinero y largarme

Pasta. Llega un punto en el que el dinero se convierte en la prioridad máxima de tu vida. Ahora pensaréis que esto va en contra de toda esa filosofía milenial que defendemos día a día en Código Nuevo, pero os voy a decir algo, es la pura realidad. Todo lo que rodea tu pequeña existencia se resume en eso, en el dinero que te cuesta vivir, viajar, comer o dormir la siesta, porque para eso necesitas un techo y una cama, y ambos se compran con dinero.

Y los ingresos solo se consigue de tres formas. O bien eres afortunado y vives en una familia con pasta, o te toca la lotería o, como la mayoría de nosotros, trabajas mucho. Este es un punto importante, porque el empleo que tengas debería ser uno que cubra económicamente tus expectativas de vida a priori. Un trabajo que te permita mantener un alquiler, comprar comida, permitirte pequeños caprichos a lo largo del año y ahorrar un poco. Al final la vida es eso, trabajar para vivir, o más bien para pagar la vida.

Llegados a este punto vamos a hacer cuentas. Trabajamos de media 8 horas, entre desplazamientos, preparación para el trabajo y comer gastamos una media de 2 más, dormimos otras 8 y nos quedan unas 6 para disfrutar de la vida. Osea, que pasamos más de un tercio de nuestra vida trabajando. Por tanto, si algo es importante en la vida es pasar todo ese tiempo disfrutando de lo que hacemos.

Y así ha sido mi horrorosa experiencia en el mundo laboral hasta ahora. Desde que me gradué en la universidad habré tenido unos 7 trabajos. En alguno me han despedido y de otros me he largado corriendo. Uno de ellos, el más espantoso, fue un trabajo en un banco. Sí, ya sé. Pensaréis lo mismo que yo, a priori parecía un buen trabajo, ganaba casi 2.000 euros al mes y cuando dices que trabajas en una entidad bancaria tus mayores te respetan. En un principio cubría de sobra mis gastos y, la verdad, a nivel dinero iba sobrado.

El problema cuando dejé de trabajar 8 horas y empecé a hacerlo entre 12 y 14, a diario mis superiores me menospreciaban, me insultaban e incluso llegó hasta tal punto que empecé a pensar que era un inútil (cuando en realidad no lo soy). Llegaba a la oficina pensando en qué bronca me iba a caer ese día y tuve un principio de ansiedad muy fuerte que incluso me provocó una úlcera de estómago. Y aguanté, aguanté porque tengo responsabilidades, gastos y un sueño particular por el que luchar.

Por muy caro que sea el precio de la vida, lo que vengo a decirte es que - en realidad - no merece la pena perder el tiempo en trabajos que te hacen sufrir por el hecho que te den “prestigio”, currículum o dinero. Lo importante ante todo es disfrutar de lo que haces, sentir que ese grano de arena va a ayudar a alguien, sentirnos útiles. Y yo, no solo no sentía que estuviera aportando nada, sino que era más infeliz cada segundo que pasaba. 

Aguanté hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que toda la mierda que soportaba a diario no valía el precio que me estaban pagando. En realidad, aunque me pagaran el doble o el triple no merecía la pena, porque no estaba consiguiendo disfrutar absolutamente de ningún momento a lo largo del día. Así que me largué con la cabeza bien alta y con algo de dinero por mi silencio.

Porque si algo tengo muy claro es que mi último traje no llevará bolsillos, pero mi cuerpo estará lleno de todos los momentos que de verdad mereció la pena vivir.

Crédito de la imagen: Maud Chalard