Les prometieron ser estrellas del K-Pop y acabaron forzadas a prostituirse en Seúl

Bajo promesas de convertirlas en artistas, estilistas o maquilladoras, decenas de mujeres son atraídas a Seúl, donde acaban siendo víctimas de la trata

Estela Cristina Romero Vieira, una española de 21 años, ha desaparecido en el aeropuerto de Barajas. Venía de Brasil y tenía que tomar otro vuelo hacia Granada, ya que aunque es de origen brasileño vive en Alhendín. Pero no cogió el vuelo, desapareció en un caso que se está empezando a estudiar como posible tráfico de personas para prostitución internacional.

Como explica El Español, “Katia, su madre, sospecha que su hija pudo haber sido recogida en Barajas por alguna persona con la que había charlado durante semanas en redes sociales”. Cristina, seguidora de K-Pop, había hablado con unos coreanos de quiénes se hizo amiga y, supuestamente, le ofrecieron un trabajo como maquilladora en Seúl (la capital de Corea del Sur). Pero su madre le advirtió que no lo hiciera: “le pasé información sobre redes de trata coreanas para la prostitución que contactaban con chicas a través de grupos de fans. Le dije que tuviera mucho cuidado y le prohibí que fuera a Corea”.

Ahora, teme que su hija sea una víctima más de estas redes, ya que no sería la primera joven que es abducida en estos mismos términos. A finales del año pasado, por ejemplo, como informa la CNN, rescataron de una red de prostitución a un grupo de siete brasileñas de entre 20 y 30 años que querían ser estrellas del K-pop, pero que fueron engañadas y vendidas como prostitutas al llegar al país.

La forma de atraerlas fue prometerles trabajo como modelos, maquilladoras, estilistas o, incluso, cantantes, algo que no es disparatado porque el mercado del K-Pop cada vez se está abriendo más a estrellas (idols) extranjeras. El caso más notable es Lisa, que proviene de Tailandia, y es integrante de Blackpink, un famoso grupo coreano que ha tocado por todo el mundo, incluida Barcelona y el Coachella del año pasado, y que tiene canciones con artistas de primera línea, como Dua Lipa. Según denunciaron las víctimas a la policía coreana una vez liberadas, cuando llegaron al país tras hablar con unos amigos que habían hecho online, se les retiraron los pasaportes y fueron vendidas a “casas de masajes” (ya que la prostitución está prohibida en el país) en el norte de Seúl, donde fueron explotadas durante meses.

Lo extraño del caso de las mujeres brasileñas y las preocupaciones que despierta el de Cristina es que “es raro ver a víctimas extranjeras en la trata sexual en Corea del Sur”, según explicó la policía coreana tras el rescate de las mujeres. Lo habitual, como informa The Guardian, es traficar con jóvenes del país, igualmente bajo las mismas promesas de introducirlas en la industria multimillonaria del K-pop.

Las redes de prostitución en el mundo del stardom coreano son ya un problema que ha salpicado a algunos cantantes. El caso más reciente el del artista Seungri, del grupo Big Bang, que fue detenido el año pasado por atraer chicas jóvenes a empresarios nacionales e internacionales que querían contratar una prostituta. Está a la espera de un juicio por el cual podrían caerle tres años, aunque él ha negado todas las alegaciones.

Estos son algunos de los casos que ensombrecen el K-Pop, una industria cada vez más sacudida por escándalos, y no solo de naturaleza sexual. En una rápida búsqueda en Google es fácil encontrar noticias que van desde la explotación laboral hasta el racismo, el bullying y el mobbing, las estafas discográficas y la cirugía estética invasiva a muchos jóvenes que, simplemente, quieren salir del anonimato y convertirse en una estrella de este prolífico mercado musical. Una promesa profesional que en muchas ocasiones suele ser falsa y que es, precisamente, una de las hipótesis que se están investigando en el caso, todavía muy preliminar, de la desaparición Estela Cristina.