Cómo Un Presidente Mestizo Como Él Ha Podido Recibir El Premio Al 'Más Racista Del Año'

Se llama Ian Khama, es general del ejército y el presidente del gobierno de Botsuana. Es hijo de un hombre negro y una mujer blanca que se vieron obligados a vivir exiliados de su país por la prohibición de los matrimonios interraciales en los años 40 y 50. De hecho, la boda de su padre con una mujer inglesa blanca supuso una auténtica bofetada para diversos sectores en esa época. Después de aquello, él también llegó a ser presidente (entre 1966 y 1980) y fue conocido por su lucha contra el colonialismo. Paradójicamente, ahora Ian Khama acaba de ser nombrado 'Racista del año' por la organización Survival, que cada año concede este premio a la persona que muestra el mayor grado de prejuicio contra los pueblos indígenas y tribales.

Pero si él mismo es fruto de un amor interracial, ¿entonces quién es el objeto de su persecución? Los bosquimanos. Además de presidente del país, Khama es líder de una tribu: los Bamangwato. Sin embargo, él renunció 'de palabra' a ese cargo debido a que en Botsuana una ley constitucional prohíbe que los jefes de las tribus formen parte de la vida política. Sin embargo, en la realidad muchos siguen considerándole el jefe de los Bamangwato.

Pero el misterio del asunto no es nuevo: el ansia de riqueza. Los bosquimanos son un pueblo que habita en varios países del sur de África y que se dedica básicamente a la caza y la recolección. La mayoría de los que residen en Botswana fueron ubicados en una reserva en el centro del país. Pero la casualidad quiso que a principios de los 80 se descubrieran, precisamente en ese territorio, reservas de diamantes. En ese momento comenzó la hostigación a este pueblo, se desmantelaron sus pueblos, se les cortó el suministro de agua y se cerraron sus escuelas.

Pero los argumentos racistas y denigrantes son, como lo han sido siempre, la forma de tapar otro tipo de intenciones. En una entrevista, Khama aseguró que los bosquimanos tienen un modo de vida muy atrasado. En otra insinuó que están un paso por detrás en la escala evolutiva humana y, con sus políticas, ha condenado a esta tribu a una vida de pobreza, alcoholismo y enfermedades.

Han llegado incluso, después de prohibir la caza de subsistencia, uno de sus únicos medios de alimentación, a dispararles a plena luz del día, mientras cazaban antílopes. Sin embargo, sí permitía la caza de trofeos para turistas de élite. Una cúmulo de actitudes racistas y poco democrática para alguien que preside una república parlamentaria y que, por ende, debe buscar el bienestar de todos los habitantes que conforman su país.

Pero no solo se queda ahí. Para tener un mayor control sobre la población, diseño una ley de medios a su medida. Anunció que se trataba de medidas para profesionalizar la práctica periodística en el país, pero muchos vieron en esta norma la oportunidad del presidente de poner esta profesión al servicio del Gobierno. El periodista del Sunday Standard, Outsa Mokone, fue detenido en 2014 simplemente por escribir que Khama había estado involucrado en un accidente de tráfico.

Lejos de sus barbaridades políticas, Khama también es una joya en lo que se refiere a su relación con las mujeres. Un buen aprendiz de Donald Trump o viceversa, quién sabe. El país está muy preocupado porque a su edad (63 años) aún no está casado y este es un requisito indispensable para los jefes de las tribus (cosa que se supone que ya no es). Para salir del paso, a él se le ocurrió comentar que estaba "muy ocupado gobernando el país" y que solo consideraría la posibilidad de contraer matrimonio con una mujer "guapa, alta y delgada".

Un premio muy merecido, a falta de recibir el de 'corrupto', 'dictador' o 'machista' del año.

Crédito de la imagen: Foreign and Commonwealth Office