Las personas que sextean son sexualmente más felices pero descuidan más sus relaciones

En los últimos años la tecnología ha cambiado nuestra percepción de la intimidad y el sexo. Así lo demuestra un estudio de la Universidad de Drexel (Estados Unidos) que señala que hasta el 87% de la gente ha intercambiado alguna vez en su vida mensajes sexuales o fotografías eróticas con otra persona a través de internet. Una práctica, la del sexting, que ha invadido tanto las relaciones causales tipo Tinder como las relaciones de pareja, especialmente cuando existe distancia de por medio. Sin embargo, y a pesar de su popularidad, un nuevo estudio de la Universidad de Alberta ha descubierto que, aunque las personas que ‘sextean’ con frecuencia tienden a tener niveles más altos de satisfacción sexual, también tienen más problemas en sus relaciones de pareja.

Durante la investigación, los científicos entrevistaron a más de 600 adultos inmersos en relaciones de pareja sobre sus hábitos de sexteo y los dividieron en cuatro grupos: los que no ‘sextean’ nunca, los que lo hacen únicamente mediante mensajes de texto, los que lo practican habitualmente y los 'hipersexters', auténticos adictos al juego del sexting. Son estos últimos, según este estudio publicado en el Computers in Human Behavior, quienes demostraron estar menos seguros y menos comprometidos con sus relaciones sentimentales, además de ser más propensos a ver pornografía y a coquetear con otras personas en las redes sociales.

Y es que, según Adam Galovan, profesor de ecología humana y autor principal del estudio, "los 'sexters' se enfocan más en la parte sexual de su relación y podrían estar descuidando otras áreas". Una teoría que el propio científico detalla de esta forma: "Esta gente quiere llegar a la meta final, una buena relación, sin hacer el trabajo duro de hablar, escuchar y pasar tiempo de calidad juntos. Es la cultura de la gratificación instantánea, la queremos ahora. Pero es lo que haces para lograr ese objetivo lo que realmente define una buena relación". En otras palabras, practicar sexting no tiene por qué resultar perjudicial siempre que no descuides con ello otros aspectos fundamentales de la relación.