Personajes Como Snowden Y Assange ¿Son Héroes O Delincuentes?

¿Qué hacer con esa gente que da la voz de alarma cuando un Estado o una entidad se pasan la ética por el forro de los cojones? En inglés les llaman whistleblowers y aquí podríamos llamarles ‘chivatos’ o ‘soplones’ si decidiéramos que lo que han hecho está mal, porque ambas palabras tienen connotaciones negativas. Pero, ¿está mal lo que han hecho? El exempleado de la CIA, Edward Snowden, ha concedido entrevistas a varios medios españoles en las que ha dicho que nuestro gobierno registra todas nuestras comunicaciones al igual que lo hace el de Estados Unidos. Sus declaraciones traen de vuelta un tema tan actual como universal: la seguridad del estado vs el derecho a conocer de la población.

Soplones con cojones

Snowden, un consultor tecnológico y antiguo empleado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), filtró a The Guardian y The Washington Post material clasificado sobre el programa de vigilancia masiva PRISM en 2013. Snowden tenía pruebas de violaciones legales y de principios democráticos en las operaciones de supervisión y recolección de datos de la NSA. Básicamente, el gobierno estaba vulnerando la intimidad de los ciudadanos como Peter por su casa, interceptando conversaciones telefónicas y cuentas de e-mail por doquier.

Los precedentes de filtraciones de este tipo en EEUU han tenido resultados muy negativos para sus perpetradores (despidos, retirada de permisos de seguridad, nulidad de cuentas de pensiones, relaciones personales arruinadas, etc.) y en muchos casos se ha dejado al individuo desprotegido incluso tras haberle ofrecido garantías legales.

Él no es el único perseguido. La ONU ha fallado recientemente a favor de denominar la detención británica de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, como “arbitraria e ilegal”. Pese a que a Assange se le acusa de una supuesta agresión sexual en Suecia (a donde se le pretende extraditar), su situación judicial se percibe como una persecución del ciberactivista por parte del Pentágono. Las filtraciones sobre la actividad militar ilícita de EEUU que el australiano hizo posibles con la apertura del portal WikiLeaks en 2006 hacen que se le acuse de traición y espionaje.

Otro conocido caso de whistleblowing es el del antiguo soldado y analista de la inteligencia estadounidense Manning, que filtró en 2010 la mayor cantidad de contenido clasificado de la historia, principalmente a través de WikiLeaks. El material publicado incluía 250.000 cables diplomáticos y 500.000 informes militares de EEUU (casi nada), además de videos de una misiva en Bagdad en 2007 y un ataque de 2009 en Granai, Afghanistán. Estos datos revelaban delitos del gobierno estadounidense en su ‘guerra contra el terrorismo.’ Chelsea Manning (conocido como ‘Bradley’ hasta que confesó que se sentía mujer y empezó tratamiento hormonal) fue condenado a 35 años de cárcel por violar el Acto de Espionaje de EEUU entre otras ofensas.


¿Libertadores o irresponsables?

A diferencia de la mala imagen que suele tener el chivato de turno, el apoyo público a estos ‘soplones’ es sobrecogedor, ya que se les ve como portavoces de la libertad de expresión y la transparencia gubernamental. Abundan las plataformas de apoyo al encarcelado Chelsea Manning, bajo el lema 'I am Manning', como muestra un vídeo en el que participan varios famosos. Reporteros Sin Fronteras denunció por su parte la dureza de la sentencia, sacando a flote la vulnerabilidad a la que se exponen los informantes de este tipo.

Y no hablemos del impacto mediático y el apoyo recibido por Assange. Sin ir más lejos, el pasado 4 de febrero tuvieron lugar diversas manifestaciones frente a la embajada de Ecuador de Londres, dándole soporte y pidiendo su libertad para viajar al país centroamericano donde se le ha ofrecido asilo.

Snowden no se queda corto. El escritor estadounidense Russell Banks ha llegado a decir que éste debería recibir el Nobel de la Paz. La cuenta de Twitter del ciberactivista acumuló más de un millón de seguidores en apenas una semana cuando la activó en 2015, y el documental de la periodista Lautra Poitras sobre su caso, Citizenfour, ganó un Oscar el año pasado.

Pero aunque frente a muchos triunfen como el Chupa-chups, estos activistas sufren hoy las consecuencias de sus actos. Assange y Snowden se encuentran entre aguas diplomáticas, el primero en una embajada sin libertad de circulación y el segundo perseguido por el FBI en Moscú. Manning sigue cumpliendo su dura condena en la cárcel.


Dilema considerable

El debate sigue siendo el siguiente: La seguridad es una de las funciones principales y razones de ser del Estado. Los servicios secretos y el ejército protegen tanto las fronteras como a su población, pero ¿qué pasa cuando este bien público que todos deseamos entra en contradicción con otros derechos fundamentales? Hablamos de libertad o privacidad, por ejemplo. Para tomar decisiones racionales necesitamos saber, pero las actividades militares internacionales deben ser confidenciales para tener efectividad. Los acérrimos defensores del secreto de estado, pues, tienen sus motivaciones.

La era de las filtraciones masivas ha revolucionado el modo en que se difunde la información confidencial, gracias a las posibilidades de difusión que ofrece la red, pero eso aumenta también las posibilidades de poner a tu propio estado en el punto de mira de organizaciones criminales internacionales. Sea cual sea tu posición al respecto, una cosa está clara: Hay que tener un par para actuar como estos ‘soplones’, ya que los tres (y muchos otros) han sacrificado su bienestar y su seguridad en pos de algo tan infravalorado e imprescindible como es la verdad.