El pensamiento arborescente: los grandes genios lo tuvieron, y quizás tú también 

La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Eso es indudable, ¿no? Pues no. Eso valía para la física clásica y el espacio homogéneo. No para la física cuántica. Y mucho menos para los caminos que seguimos a la hora de razonar. Esa es la diferencia entre el pensamiento lineal y el pensamiento arborescente.

El pensamiento lineal responde al paradigma de la línea recta. A partir de unas premisas se extrae una conclusión. Fácil y sencillo. Ahora bien, ¿qué pasa en el pensamiento arborescente? Pues que no sigue el camino que sería de esperar para llegar de un punto a otro. De hecho, las personas que cuentan con este tipo de pensamiento a menudo encuentran soluciones creativas que a otras personas no se les habría ocurrido.

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El pensamiento arborescente ofrece un atajo. Acorta pasos en la deducción. Es más rápido y creativo. Y produce resultados asombrosos. Ahí radica su magia, en que es capaz de imaginar muchas más posibilidades que el pensamiento lineal. Para que nos entendamos,  sería algo así como un árbol, de ahí su nombre. Parte de un tronco, pero se ramifica. Y las ramificaciones dan lugar a otras ramificaciones. Y así sucesivamente.

Frente al pensamiento lineal, en un plano secuencial veríamos cómo las personas dotadas de pensamiento arborescente son capaces de examinar mucha más información de una sola vez. Pero ahí está su virtud y su condena. La incomprensión es uno de los rasgos que puede generar esta manera de pensar. En ocasiones las personas con esta capacidad encuentran dificultades en hacer ver a los demás lo que a ellos no les cuesta razonar. Es cosa de genios.

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Ahora bien, no es oro todo lo que reluce ni mierda todo lo que se caga. Ni el pensamiento lineal es de por sí negativo ni el arborescente es la solución para todo. De hecho, en ocasiones, ser capaz de analizar todo detenidamente puede ayudar a no cometer errores mientras que el segundo tipo puede facilitar grandes aciertos, pero también puede perderse por las ramas. Comúnmente se ha considerado que es una característica de los genios, pero también los genios tienen sus propios problemas.

Tener un pensamiento dinámico, casi como si tuviese vida propia, puede ser una dificultad para centrarse y puede llegar a ser muy caótico.

¿Crees que tienes un pensamiento arborescente? Aquí van algunas de sus características:

  1. No es lineal, es decir, no sigue un camino recto a la hora de extraer conclusiones
  2. Es más rápido
  3. Más creativo
  4. Puede ser caótico
  5. Está relacionado con altas capacidades intelectuales (AACC)
  6. Puede producir sensación de aislamiento o incomprensión

Ahora bien, ¿cómo saber definitivamente si se tiene un pensamiento arborescente? Es una cuestión difícil sobre la que hay poco acuerdo. De hecho, también hay poco acuerdo científico sobre esta forma de pensar. Una persona puede ser muy ágil mentalmente y tener un pensamiento lineal. O creer ser muy creativo y en realidad repetir esquemas ya conocidos. Y, como decíamos, la vida de los genios tampoco es un camino de rosas. Desde genios que no pueden dormir porque les molestan sus ideas hasta genios con un mal humor sólo comparable al de Beethoven. Además lo verdaderamente genial sería ser capaz de enchufar y desenchufar el pensamiento arborescente. Así podrían conocerse todas las posibilidades y no habría inconvenientes, ¿verdad?

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Pero mientras no sepas si eres un genio del balón como Messi o alguien tenaz como Cristiano Ronaldo siempre puedes seguir entrenando. Mal no te va a hacer. Aprende, viaja, lee y experimenta. Amplía horizontes. Que si no acabas teniendo un pensamiento arborescente al menos que no sea porque no quieres.

Crédito de la imagen: Ibai Acevedo