Nunca Lo Habías Pensado Pero Podrías No Ser Tú Quien Controla Tu Vida

También te ha pasado. Es una sensación extraña, parecida a un dejà vu. Algo así como una pregunta que aparece de pronto en tu mente: "¿Pero qué coño estoy haciendo?". Y no, no es sólo que la estés cagando –que seguramente también– sino que lo que de verdad te preguntas es por el conjunto de tus acciones. Porque si lo piensas bien, en realidad no sabes cómo has llegado hasta aquí.

¿Nunca has pensado en que no sabes del todo por qué haces las cosas, en que no conoces la auténtica realidad del mundo? ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza que es posible que todo esto no sea más que una simulación?

Seguro que no porque no estás tan loco como los filósofos. Pero por lo menos habrás jugado a alguna de las sucesivas versiones de Los Sims. Y la idea es la misma, pero aplicada a tu propia vida. Imagínate por un momento que hay una superinteligencia controlando todos tus movimientos. O, más fácil, un chaval, que además es un cabrón, jugando con su ordenador (eso explicaría muchas de las mierdas que nos pasan en nuestro día a día). ¿Sigues estando convencido de que vives en el mundo real?

Dirás que esto es una gilipollez. Que no existe la tecnología necesaria para llevar a cabo la simulación en la que tú sólo eres un personaje de una historia inventada por otro. Pero, ¿acaso no te acuerdas de Matrix? Las máquinas pueden hacernos pensar que seguimos viviendo en el siglo XXI, aunque en realidad sea el año 3.500.

Un problema clásico de la filosofía

Y no es una locura de un tío fumando algo tirado en un parque. Es uno de los problemas 'clásicos' de la filosofía que con el paso del tiempo parece más y más problemático. El filósofo estadounidense Hilary Putnam ya condensó el problema en los años 80. Podríamos ser, perfectamente, cerebros conectados a una máquina, cerebros en una probeta. O aún peor. Podríamos no ser más que partes de un sistema informático. Estar programados para hacer lo que hacemos. Y además creeríamos que somos libres.

El problema de la realidad simulada es, en todo caso, un problema irresoluble. Aunque eso no significa que filósofos actuales no sigan trabajando sobre él, como el profesor de Oxford sueco, Nick Bostrom, que sugiere en su argumento de la simulación que es muy probable que estemos viviendo en una realidad simulada.

En todo caso, no podríamos saberlo, porque no podríamos escapar de la realidad. En el fondo, es el mismo problema del Genio Maligno de Descartes o el problema del sueño en  Platón… Solo que cada vez la tecnología nos acerca más a una posibilidad que creíamos remota.

Muchos pensadores se han centrado exclusivamente en los retos que plantea la tecnología y no si es o no coherente la explicación. Y la cosa es que antes de que existieran los ordenadores, las tablets y los smartphones ya nos daba por pensar estas cosas.

Así que, volviendo a la pregunta inicial de ¿cómo podríamos estar seguros de que hacemos lo que queremos? ¿cómo podríamos saber que esto no es una simulación? Tanto los que han estudiado el tema como los que lo piensan por primera vez han llegado a la misma conclusión: es imposible saberlo. Podríamos pasarnos la vida caminando contra una pared porque el puto niño que nos dirige lo ha decidido y lo peor es que creeríamos que lo hacemos por nosotros mismos.