Cómo saber es ‘paranoia’ o realmente te están acosando sexualmente en el trabajo

Frases como “qué guapa estás hoy”, “me gusta la foto en biquini que colgaste ayer en Facebook”, o gestos como un guiño, un roce, o incluso chistes sexuales, pueden parecer inofensivos en la mayoría de ambientes de ‘colegueo’. Sin embargo, cuando quien te hace estas ‘bromas’ es un jefe o un compañero de trabajo al que no le tienes mucha estima, pueden percibirse como señales de alerta. ¿Estaré sufriendo acoso sexual en el trabajo? Es lógico llegar a preguntárselo, pero la mayoría de víctimas sienten miedo e inseguridad ante estas situaciones y no saben cómo actuar ni si pueden estar seguras de que realmente están sufriendo acoso sexual. Lo cierto es que hablamos de un problema que sucede más a menudo de lo que podríamos imaginar puesto que las cifras son preocupantes, especialmente para las mujeres.

La responsable de comunicación de la organización Stop Violencia Sexual, Verónica Bouzas, nos cuenta que, según sus datos entre 2015 y 2016, las nueve asociaciones que forman parte de la organización llegaron a atender a 9.808 mujeres con casos de acoso sexual, más de 6.000 recibieron atención jurídica y 4.500 aproximadamente atención psicológica.  Sorprende también saber que, de todos estos casos, un 48,5% se han dado en Andalucía, una cifra que queda lejos de la siguiente comunidad, Catalunya, con un 15,7% de casos registrados, seguida de Asturias y Cantabria con un 11,8 y un 11,5% respectivamente. Es evidente que el acoso sexual es una realidad a la que muchas mujeres se enfrentan, pero Verónica Bouzas admite que muchas de ellas no se atreven a denunciar.

¿Cómo debemos enfrentarnos a un caso de acoso sexual laboral y cómo podemos detectarlo? Con su ayuda y la de otros expertos vamos a tratar de arrojar luz en el asunto.

Diferenciar qué es y que no es acoso sexual en el trabajo

El bufete de abogados Duran&Duran se especializa, entre otras cosas, en casos de acoso sexual. Uno de sus abogados, Miguel Campos Duran, nos desvela algunas de las claves que delatan a un acosador: “Siempre es aquel que reitera su conducta indebida. Un hombre sin intenciones de acosar sabe distinguir qué mujer no es en absoluto receptiva, ni siquiera a un acto de galantería y, normalmente, se abstendrá de hacerlo a quien no lo acepte”. Por otra parte, Miguel admite que es más raro ver casos de mujeres en el papel de acosadoras, y que pueden existir multitud de facetas en un acosador. Desde el que es claramente explícito o el que hace prevalecer su posición dominante para presionar y conseguir su objetivo, hasta el que se insinúa con adulaciones empalagosas que, poco a poco, va acorralando a la víctima en situaciones de intimidad donde puede sentirse vulnerable y sola.

Las leyes que establecen qué se considera delito de acoso sexual tienen un carácter general y no entran en especificaciones, por lo que no podemos hacer una lista concreta de los actos que se consideran acoso y los que no. Para la organización Stop Violencia Sexual, a grandes rasgos, “el acoso sexual es aquel que se hace con la intención de intimidar y no de halagar. Además suele ser fácil de detectar para una mujer: si la molesta o la incomoda estamos hablando de acoso”. El acoso sexual en el trabajo puede sufrirse tanto físicamente como verbalmente. Es importante que las víctimas sepan que no hace falta que te metan mano explícitamente para convertirse en un acto de acoso y, en consecuencia, en un delito.

El acoso verbal puede ser igual de humillante, ofensivo y degradante. De hecho, así lo establece la directiva 2002/73/CE del Parlamento Europeo, que define como acoso sexual “una situación en la que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una personaPor su parte, la legislación española establece que comete este delito quien “solicite favores de naturaleza sexual para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, siempre que con tal comportamiento provoque en la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante”.

También podemos fijarnos en los síntomas psicológicos como señales de alerta que nos pueden hacer ver que alguien, o nosotros mismos, está sufriendo acoso sexual. Según la experiencia vivida con las víctimas de Stop Violencia Sexual, Verónica nos cuenta que los síntomas suelen ser los mismos que los que sufre una víctima de agresión sexual. “En la mayoría de los casos la mujer empieza a cuestionarse a sí misma y a su comportamiento pensando que puede ser ella quien está provocando la situación, cambiando su forma de vestir, siendo muy cautelosa en su manera de relacionarse, etc. Se puede dar una sintomatología ansiosa depresiva y evitación del trabajo, especialmente del encuentro con el individuo, bajando su rendimiento laboral por pérdida de concentración”.

Qué hacer cuando sufres acosos sexual en el trabajo

El principal problema en los casos de acoso sexual en el trabajo es que la víctima ha de buscar una manera de demostrar porqué se siente intimidada o humillada. No sirve simplemente con el testimonio de sus sentimientos, sino que hay que procurar evidencias de que los hechos de acoso se han producido y que son los responsables del atentado a su dignidad. Verónica admite que la principal causa por la que no se llega a ganar un caso de acoso sexual es la falta de pruebas.

“Salvo en aquellos casos que son muy evidentes, en el acoso entran en juego dinámicas muy sutiles, y esto es precisamente lo que resulta más complicado de demostrar. La mayoría de las veces solo se cuenta con la declaración de la víctima, y aunque a veces haya testigos, no suele ser frecuente que se presten a declarar, ya que saben que con ello pueden perder su puesto de trabajo, no aprobar el examen. Puede ocurrir incluso que los testigos declaren en contra de la mujer por temor a perder su puesto de trabajo”.

Aún así, la federación Stop Violencia Sexual ha ganado varios casos de acoso y animan a que las mujeres lo denuncien para hacer constar estas prácticas y poner en evidencia un problema social que debe tratarse desde las autoridades y con voluntad política en la educación y en lo legal.  Lo más recomendable es empezar cuanto antes a guardar pruebas; ya sean mensajes, correos, grabaciones, etc. donde la víctima muestre su negativa a mantener ningún tipo de contacto sexual con el acosador o donde se evidencie su incomodidad. Según Miguel Duran “lo primero que hacemos como abogados es enseñar a la víctima a dotarse de pruebas para “pillar” infraganti al infractor; y, a partir de ahí, si el trabajo se hace bien, el procedimiento acaba prosperando”.

Otro problema que hay que afrontar en estas situaciones es la falta de recursos para luchar contra el acoso. Sin embargo, existen más opciones de las que creemos. Un buen sitio por el que empezar son las organizaciones como Stop Violencia que ayudan a las víctimas en todo el proceso y en campos tanto jurídicos como psicológicos. Por otra parte, Miguel Duran confiesa la sospecha que todos tenemos; “lo primero que se plantea la víctima es que tendrá que pagar un precio muy caro por un abogado, pero esto es un error”.

En cualquier caso, el derecho de la persona a denunciar el acoso sexual está siempre ahí, y en ningún caso eso puede traducirse en represalias de carácter laboral. Rodearse de ayuda, expertos y apoyo es la salida a un mal que, por desgracia, está presente en gran parte de nuestra sociedad.