Los Países Más Corruptos Del Mundo

Nuestro país está más podrido que Botsuana y nuestros políticos trapichean ahora más que hace quince años. Eso es lo que dice el último Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) publicado por Transparency International. Sin embargo, de los 167 países analizados (en el mundo hay 194) y siendo el 1 el país percibido como menos corrupto (Dinamarca), España aparece en el puesto 36. Nos sorprende, ¿verdad? Porque la realidad es que nuestro país es corrupto, sí, pero no tanto como creemos y la cuestión es que, aunque parezca lo contrario, hay evidencias de que con los años está mejorando, no empeorando.

De hecho, España está entre los 20 mejores países en el Índice de Integridad Pública, que analiza, entre otros aspectos, la independencia judicial, la libertad de prensa y la transparencia presupuestaria.

¿Entonces, por qué parece que somos tan corruptos?

Un mensaje de móvil de la reina Leticia hacía que las redes sociales se echaran unas buenas risas en marzo de este año. Al menos éramos capaces de tomárnoslo con humor. Era aquel “nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (miss you!!!)”, un mensaje que la reina enviaba al empresario Javier López, uno de los acusados en el caso de las tarjetas black de Bankia.

Un estudio que publicaba El Mundo en 2014, nos hundía todavía más. Sólo tres comunidades autónomas (La Rioja, Navarra y Cantabria) estaban libres de políticos implicados en tramas corruptas. Porque en España, en 2014, había casi 1.700 causas abiertas por corrupción, según calculaba Europa Press, y en 2015 ese número subía hasta las 2.000, con más de 500 imputados.

Pero, cuidado, todo eso nos lleva a engañarnos. ¿Por qué? Pues porque, por ejemplo, el escándalo de las ‘tarjetas black’ sucedió entre 1999 y 2012, pero se está juzgando durante estos últimos años, cuando se ha conseguido sacar a la luz, y no entonces. Algo parecido sucede con el caso Gürtel, también se remonta a 1999. Todo esto hace que tengamos la sensación (recordemos que el índice es de "Percepción", la impresión que tienen empresarios y analistas de cada país) de que hay más corrupción últimamente, cuando en realidad lo que hay es más información.

Como explica el informe del IPC del 2015 (que ojo, no recoge las opiniones de la ciudadanía, sino de expertos sobre la corrupción en el sector público), “por una parte, los sistemas de control [en España] se han mostrado más eficaces y han venido aflorando muy numerosos casos de corrupción; por otra parte, las denuncias de los medios de comunicación y el relevante eco social y atención prestada a los casos ahora aflorados han influido intensamente en la percepción ciudadana, generando un estado general de indignación. También es cierto que la crisis económica ha incrementado el nivel de exigencia social, y aunque la justicia viene cumpliendo su función con cierta eficacia y nivel de resultados, a pesar de su lentitud, se ha generado desde fines de 2009 un muy alto nivel de alarma social”.

Y concluye que, aunque España haya recibido la peor puntuación de los últimos 15 años y haya caído más de un 10% respecto al 2012, no tiene una corrupción sistémica, sino “múltiples escándalos de corrupción política en los niveles superiores de los partidos y de los gobiernos”.

Por ejemplo, aunque seguro que muchos no lo sabemos, ahora mismo, quien quiera puede entrar en Internet y pedirle al gobierno datos sobre retribuciones y currículums de altos cargos, subvenciones a los partidos políticos, etc. Todo a través del Portal de la Transparencia del gobierno de España, que nació gracias a la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno aprobada en diciembre de 2013. De hecho, en el índice de transparencia que elabora Transparency International España, Castilla y León, Cataluña y el País Vasco tienen hasta un 10 en transparencia, mientras que Madrid es la comunidad más opaca.

El problema es que, aunque se han ido tomando medidas, los efectos aún no son palpables y, para el nivel de exigencia que hemos desarrollado actualmente, también son insuficientes.


Los países más corruptos del planeta

Por suerte, estamos muy lejos de los más podridos del mundo. Según los datos de ese mismo Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), Somalia ya lleva cinco años coronándose como el país más corrupto de los que analiza el índice y cuatro compartiendo este título con Corea del Norte (antes de 2012 no se tenían datos de este país asiático).

El podio lo completan Afganistán, que se lleva la medalla de plata, y la República de Sudán del Sur, la de bronce. Llevan tres años estancados sin conseguir mejorar y alejarse de esos puestos.

No es de extrañar que ninguno de esos cuatro salga adelante. Corea del Norte, el país del autoproclamado Amado Líder, es el más hermético del mundo, obvia por completo los derechos humanos, las ejecuciones están al orden del día y la libertad de expresión no existe. Como explica Amnistía Internacional, aunque entre 2015 y 2016, "había 3 millones de personas —de una población total de 25 millones— abonadas a servicios nacionales de telefonía móvil, casi la totalidad de la ciudadanía se vio privada de servicios internacionales y de acceso a Internet. [...]El gobierno siguió restringiendo el acceso a diversas fuentes externas de información, pese a la ausencia de periódicos nacionales, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil independientes".

Sin embargo, Kim Jong-un vive como Dios y también gozan privilegios los hijos de la élite del país.

En Somalia reina el caos y la violencia. Está gobernado por clanes y señores de la guerra que se disputan el poder, con milicias como la de Al Shabaah sembrando el terror, y la piratería erigiéndose como una de los medios de subsistencia más peligrosos. 

En 2015, "más de 3,2 millones de personas necesitaban asistencia, y más de 855.000 estaban en situación de inseguridad alimentaria", explica Amnistía Internacional y, según el Banco Mundial, sólo el 29% de su población está escolarizada.

Afganistán y Sudán del Sur se encuentran en situaciones no muy alejadas a la de Somalia. Todos estos países tienen en común, "además de conflictos y guerras [...] su gobernabilidad deficiente, instituciones públicas frágiles como la policía y el poder judicial, y falta de independencia en los medios de comunicación", explica el IPC.

Pero alejándonos un poco de lo más desastroso, también se pueden ver puntos curiosos en este índice de Transparency International. Por ejemplo, según los expertos de cada país, Ruanda o Namibia son menos corruptos que Croacia o Hungría, y Grecia lo es más que Cuba o Kuwait, aunque el país heleno ha mejorado en los últimos años.

MORALEJA: Todos a copiar el sistema de Dinamarca, que lleva 4 años siendo el país más legal del IPC. Allí este estudio destaca unos "altos niveles de libertad de prensa; acceso a información sobre presupuestos que permite al ciudadano saber de dónde procede el dinero y cómo se gasta; altos niveles de integridad entre quienes ocupan cargos públicos; y un poder judicial que no distingue entre ricos y pobres, y que es verdaderamente independiente de otros sectores del gobierno”. Pero, ojo, también hay que analizar este tipo de índices con criterio, porque la percepción y la realidad, en demasiadas ocasiones no coinciden. Hay que seguir siempre escarbando para descubrir si es oro todo lo que reluce o, como pasa en España, "no estamos tan mal".