La Oscura Verdad Del Aceite De Palma

El aceite de palma es el más utilizado del mundo, y es que uno de cada dos productos que se fabrican en el mundo ha sido elaborado con este ingrediente. Es muy común en nuestro día a día pero pocos conocen su oscuro origen. El 80% de su industria se concentra en Malasia e Indonesia, mueve más de 45.000 millones, y está provocando destrozas medioambientales: cada año el mundo pierde entre 12 y 15 millones de hectáreas de selva al año por culpa del negocio del aceite de palma.

Este producto se produce a partir de los frutos de la palma africana y se ha convertido en una materia prima usada a nivel global para la elaboración de una gran cantidad de productos de la industria alimenticia (helados, margarinas, pizzas, cremas de cacao, margarinas, snacks, pasteles, platos precocinados, patatas de bolsa o aperitivos), cosmética (champús, maquillajes o cremas corporales), productos de limpieza (jabones o detergentes), velas, etcétera.

¿Por qué tiene tanto éxito el aceite de palma?

Es el aceite comestible más barato. El precio aproximado es de 630 dólares por tonelada, bastante por debajo de la soja (744 dólares), el coco (1.131 dólares) o el girasol (1.538 dólares). Su consumo ha aumentado drásticamente: en los años ochenta se consumían anualmente 1,5 millones de toneladas, ahora se superan los 50. Además, el aceite de palma es una alternativa nutricional a las grasas hidrogenadas, que se ha demostrado que son nocivas par la salud. Igualmente, este aceite contiene muchas grasas saturadas que, en exceso, también son perjudiciales.


¿Qué provoca la producción de este aceite?

El aceite de palma está provocando la deforestación de los bosques tropicales de Indonesia y Malasia, los dos países que controlan el 80% de la producción del mundo. Cada año se talan entre 12 y 15 millones de hectáreas de selva autóctona, que a la vez causa el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo al cambio climático. Pero las empresas productoras siguen cultivando no solo en Indonesia y Malasia -donde apenas queda espacio para plantaciones-, sino también en Papúa Nueva Guinea y en la República Democrática del Congo.

El cultivo de palma provoca el desplazamiento de comunidades campesinas, indígenas o afrodescendientes, que son expulsadas de sus tierras para instalar el monocultivo de esta planta. Además, varias investigaciones han relacionado esta industria con el trabajo en condiciones de esclavitud en Malasia y el uso de mano de obra infantil, según un informe de 2012 del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. Contrariamente, hay defensores que aseguran que han sacado de la pobreza a miles de personas, ya que el sector emplea, solo en Malasia, a 500.000 personas. Los animales que viven en estas selvas también están en peligro, los orangutanes son considerados una plaga por la industria del aceite de palma, y son atropellados por maquinaria, enterrados vivos, muertos a golpes o quemados.


¿Quién puede cambiar las cosas? Las multinacionales

Ante datos como estos, las multinacionales que más emplean este aceite han tenido que reaccionar y han planeado evaluar los daños que causa su producción en un par de años. Pero algunos expertos creen que los plazos son demasiado extensos y recuerdan que la naturaleza perdida tarda décadas en volver a crecer. La consultora independiente Union of Concerned Scientists ha analizado una cuarentena de empresas que inciden en esta industria de las cuales solo ocho habían adoptado el último año compromisos para proteger los bosques: PepsiCo, Nestlé, Kellogg’s, ConAgra, Danone, Procter & Gamble, Colgate-Palmolive y Henkel.

Crédito de la imagen: Manuel Ansede