Hay-on-Wye es el pueblecito donde las calles están repletas de libros cada día del año

Existe un lugar en Gales (Reino Unido) en el que una vez se decidió que lo más importante sería la cultura. Un pueblecito encantador, de poco más de 1.500 habitantes, justo en la frontera con Inglaterra y que acumula decenas de librerías llenas de historias antiguas y nuevas y que, por si fuera poco, se atrevió también a sacarlas a la calle para todos aquellos que no pudieran comprar los libros.

Increíble pero cierto. Paseando por Hay-on-Wye, el típico pueblo de casas de colores, encontrarás estanterías y chozas llenas de libros en casi cada esquina a pesar de la lluvia, el viento o la nieve. Como llegó a decir el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, un "Woodstock de la mente" que acoge a miles de visitantes cada año.

En Hay-on-Wye, la mayoría de tiendas son librerías de segunda mano (más de veinte) y el resto de establecimientos son restaurantes o cafeterías en los que sentarse a leer. Y estas son solo las 'tiendas oficiales', porque el pueblo se encuentra repleto de estanterías al aire libre en las que se aceptan donaciones, mercadillos literarios o pequeños establos reconvertidos en bibliotecas. Pero sus libros no son novelas nuevas (ni mucho menos ordenadas por secciones), sino historias editadas incluso hace más de dos siglos y amontonadas tal y como los visitantes van consultándolas y volviéndolas a dejar.

Una locura que comenzó en 1962, cuando Richard Booth, un hombre obsesionado por el tema, comenzó a abrir este tipo de tiendas en la localidad  hasta llegar a la treintena de locales. Ahora, a sus 78 años, solamente es dueño de una de las 20 restantes, 'El Rey de Hay'. Es gracioso saber que el nombre de la tienda no es ficticio, ya que Booth compró el castillo del pueblo y proclamó Hay-on-Wye como un reino independiente con él mismo como soberano. Otra de sus locuras que quedó en nada, pese a que perduró la anécdota y creó la fama que conserva hoy el pueblo. 

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Un lugar verde para perderse en busca de nada en concreto, pero dejándose sorprender por cada rincón más bibliómano que el anterior a cada paso que se da. Probablemente, el lugar con más historias del mundo.