Ojalá que la chica del tranvía de Murcia no responda nunca

Anda media España deseando que aparezca la chica del tranvía de Murcia, por la que un chico empapeló la ciudad, y estamos todos ansiosos de romanticismo barato mezclado con el rollito cotilla que nos dan las redes sociales. Y ala, corramos a comentar, a compartir y a alentar estereotipos machistas. Pues llega a pasarme a mí y no solo no doy señales de vida sino que me mudo de ciudad para no cruzarme jamás con este espécimen. De acuerdo, el chaval no ha matado a nadie. Pero vayamos punto a punto y veamos por qué lo que ha hecho, aunque no parece que tenga maldad, se convierte en algo virulento cuando pasa a ser carne de Twitter y Facebook.

Para empezar, ¿qué pasó aquí? Siendo objetivos y sin juzgar a nadie, podemos decir que un chico volvía en un tranvía de camino a casa, vio a una chica guapa con sus amigas (según él es un ángel de mujer, eso ya, a gustos) y decidió —en vez de acercarse a pedirle el teléfono— esperar al día siguiente para arrepentirse de no haberse atrevido a hablar con ella y orquestar un supuesto gesto de amor mayúsculo por esa desconocida. Ok, hasta aquí todo bien. Pero ¿de veras es eso romántico? Podríamos pensar que sí, pero el caso es que el plan huele un poco a rancio y a machismo.

En primer lugar, es el QUÉ. Que un hombre que no conoces de nada empapele toda una ciudad de un día para el otro diciendo que te anda buscando porque te ama te volvería loca en una película americana de los 80. Pero si eres una mujer con dos dedos de frente, te sentirías acosada y no saldrías de casa en una semana. Para empezar, porque (espero) estás menos intoxicada por el clásico tópico Disney a lo Cenicienta de dos extraños que se conocen, se enamoran y se casan en la misma semana y, para terminar, porque la descripción detallada de la vestimenta, el aspecto y absolutamente todo de ella e incluso de sus amigas suena a voayeur y psicópata rematado.

En segundo lugar, es el CÓMO. La carta transmite un perfil de mujer desvalida que necesita la ayuda de él. Una 'princesita' que necesita ser rescatada de su tristeza (él dice 'infierno') aunque solo se hubiera peleado con sus amigas o aunque, casi lo más importante, ELLA NO SE LO HA PEDIDO. "Hola, te he visto y me pareces preciosa y además triste, vengo a curarte las penas muñeca", diría él en su versión más chulesca. Ojo, que te ofrezcan ayuda no va contra ningún mandamiento feminista ni nada parecido. La cuestión es darle valor a ese gesto como parte de una conquista, verla a ella como débil y dar por sentado que está soltera, que es heterosexual o simplemente que le intereses de cualquier modo.

Más allá de todo esto que, repito, no es un delito ni el chico ha matado a nadie, lo que lo hace algo reprobable es el hecho de que haya miles de personas compartiendo esta historia narrada de forma romántica y, con ello, reproduciendo todas estas ideas. "Oh, qué bonito. Ojalá ella aparezca y vayan a cenar y que esa marca de cervezas que se ofreció a pagar lo tuitee con fotos y todo", pensamos. Con ello, nosotros también damos por sentado que ella va a caer entre sus brazos. ¿Y si es lesbiana? ¿y si tiene pareja? ¿y si piensa que el chaval está como una cabra y sigue con su vida tranquilamente? La vida real no es así. El amor romántico es enfermizo y las relaciones se construyen, no aparecen por arte de magia. Intentemos recordarlo la próxima vez que nos emocionemos con la historia de un flipadete que ha visto demasiadas películas de princesas en apuros y caballeros que hacen heroicidades para salvarlas.