Qué puedo hacer si me ocurre lo mismo que a la chica británica violada y detenida en Dubái

*La foto principal corresponde a la noruega Marte Deborah Dalelv, quien fue violada y condenada por tener sexo fuera del matrimonio en Dubái en 2013.

A veces. la vida puede dar un giro inesperado y convertirse, de repente, en una pesadilla. Eso es lo que le ha pasado a una joven británica de 25 años que decidió ir a pasar sus vacaciones a Dubái sin imaginar, ni por un segundo, que su viaje se convertiría en un horror que empezaría con una violación y podría terminar en cárcel.

La chica pasaba unos días en la capital árabe cuando, según contaba ella misma, dos chicos británicos le propusieron tomar algo en el hotel donde se hospedaban. Pero, después de llevársela a su habitación, la violaron entre los dos mientras lo grababan en vídeo. La joven decidió acudir a la policía del país para presentar cargos. Sin embargo, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU) las leyes son extremadamente diferentes a las del Reino Unido. Fue detenida y acusada de cometer 'Zina', es decir, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio -o entre dos personas que no estén casadas-, algo que, según la ley islámica, es ilegal. Ella estaba casada, pero se separó a principios de este año.

Ahora mismo, se encuentra en libertad condicional, pero le han confiscado el pasaporte, así que no puede volver a su país. Está a la espera de juicio por unos cargos que podrían obligarla a pasar hasta un año en la cárcel de Dubái o, incluso, a sufrir penas de "flagelación o lapidación", según Detained in Dubai, una organización británica que facilita asistencia legal en el emirato.

Por si la situación no fuera ya suficientemente complicada, además, la joven tiene que pagar el equivalente a cerca de 28.100 euros en concepto de tasas legales. Su familia se encuentra en una situación económica complicada, por eso están recaudando fondos a través de Internet para conseguir esa suma. De momento han obtenido cerca de 15.000 euros. Según explica la madre de la joven británica a través de la página para recaudar dinero, "no somos una familia rica y no podemos permitirnos pagar por la defensa que necesita desesperadamente".

A raíz de este caso, Detained in Dubai ha alertado a las turistas de su país de que, en caso de violación en los EAU, no denuncien. Según cuenta su fundadora, Radha Stirling, en el medio británico The Independent, "la policía fracasa continuamente a la hora de diferenciar entre relaciones consentidas y violación".

No es la primera vez

El caso de esta chica no es el único de estas características que se ha dado en los Emiratos Árabes. Ha habido muchos otros, también de turistas de otros países, como el de la noruega Marte Deborah Dalelv o Alicia Gali, la australiana que, en 2008, pasó 8 meses en una cárcel de los EAU, acusada también de cometer Zina.

En esta federación de monarquías, las leyes están basadas en la sharia, la ley islámica, desde 1971. Su Constitución establece que el islam es la religión oficial y la sharia es la base de sus leyes. Pero, según una investigación llevada a cabo por la BBC sobre este asunto, muchas organizaciones a favor de los derechos humanos aseguran que estas leyes sobre el sexo fuera del matrimonio en los Emiratos incumplen algunos tratados internacionales sobre derechos humanos que ellos mismos han suscrito.

Qué podrías hacer si te pasara a ti

En 2015, la española Alesandra Chanel, transexual, fue detenida en Dubái por utilizar un baño de mujeres para cambiarse de ropa y porque se mostró demasiado cariñosa con Sofía Janeiro, también transexual que viajaba con ella. Fueron acusadas de atentado al honor, comportamiento contra la moral, travestismo y resistencia a la autoridad y condenadas a pagar, cada una, una multa de cerca de 480 euros.

Aunque la web del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España (MAEC) asegura que "se tiene constancia de ciudadanos españoles arrestados [en los EAU] por realizar gestos obscenos, utilizar un lenguaje inapropiado ante un oficial de policía o realizar muestras públicas de afecto (como besarse, especialmente en Ramadán)", no se conocen casos de turistas españoles que se parezcan tanto al de la británica violada. El portal también recuerda que "el sistema jurídico emiratí es muy diferente del español y lo que usted considera una conducta normal puede ser contraria al derecho emiratí y conllevar penas de cárcel o fuertes multas", subrayando que "si usted incumple o viola la normativa local, su pasaporte español no le ayudará a evitar la detención o el enjuiciamiento".

En otras palabras: ser extranjeros no nos librará de la cárcel. "Hay que partir de la premisa de que lo que ocurra en el interior de un Estado, según el criterio de la territorialidad, es una cuestión de la que se ocupa ese mismo Estado. Todo lo que otro Estado le pida respecto a un nacional suyo, básicamente, por simplificarlo, es un favor, a no ser que haya un tratado entre ellos o algún acuerdo multilateral que obligue a extraditar", detalla Rosana Alija, profesora de Derecho Internacional de la UB.

Es cierto que el derecho español contempla, en el artículo 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que si el acusado cumple una serie de requisitos determinados y "el hecho es punible en el lugar de ejecución" y en España, (o sea, si es delito en ambos Estados) la persona puede ser juzgada aquí. Pero si no es así, como, por ejemplo, en el caso de delitos de adulterio, esa opción desaparece. Lo que sí se puede pedir, una vez ya se ha dictado el veredicto, es "una transmisión de condena o traslado de la persona condenada, pero eso lo pide el Estado español si lo considera oportuno, el traslado no es un derecho del individuo", explica Alija. Esa sería otra opción para que, aunque el acusado deba cumplir la pena de cárcel, lo haga en España, más cerca de la familia y, sobre todo, en unas condiciones mejores que en las cárceles de otros países. Sin embargo, se trata de unos trámites que no son atendidos fácilmente y a veces pueden alargarse demasiado.

Si el acusado tuviera, finalmente, que cumplir condena en un país extranjero, la red de Oficinas Consulares de España le presta asistencia durante su encierro. "Consiste en visitarles, facilitarles el contacto con sus familiares y, si las circunstancias ambientales son inferiores a las de las cárceles españolas, los presos españoles pueden solicitar una ayuda económica, de un máximo de 120€/mes, a la que pueden optar si cumplen unos requisitos determinados", afirman fuentes del MAEC. Esta es, la tercera fase de la ayuda que ofrece el gobierno español en estos casos.

La primera fase es la de prevención, a través de las campañas como 'viaja seguro' y de las recomendaciones para viajar a cualquier país del mundo expuestas en la web del MAEC. La segunda es la de asistencia al detenido. "Cuando el consulado es informado de la detención, el cónsul va a visitar al detenido, si este lo pide, para comprobar que esté siendo tratado de acuerdo a la legislación local, que no haya sufrido tratos vejatorios y se le informa de los abogados disponibles que conocen la legislación española y la local", explican fuentes del MAEC.

Finalmente, una vez agotados los recursos existentes en el interior del Estado, se puede acudir ante un órgano internacional de protección de los derechos humanos, si se considera que se ha violado el derecho a un juicio justo - algo que, por ejemplo, no se le garantizó al español Ricardo, que lleva años cumpliendo condena en Camboya-. "Pero hay que ver qué tratados de derechos humanos ha ratificado el Estado en cuestión, y qué competencias de qué órganos ha aceptado, porque un problema que puede darse con los países asiáticos, por ejemplo, es que en Asia no existe un sistema regional de protección de derechos humanos y, en muchas ocasiones, no han aceptado los mecanismos de protección existentes en las Naciones Unidas", explica Alija. Por eso, a veces ni siquiera se pueden reclamar derechos como el de un juicio justo y sólo queda recurrir a la presión mediática o económica. Algo que no siempre interesa a nuestro país, debido a las tensiones diplomáticas que eso pueda generar.

Así que una cosa queda clara. Cuando uno viaja, hay que informarse acerca de la cultura y los lugares para visitar en el país de destino, pero sobre todo enterarse de las leyes que rigen allí. No conocerlas no nos exime de cumplirlas. Sin embargo, ante un caso tal de desamparo y agresión como el que sufrió la joven británica, todavía no podemos sentirnos seguros en cualquier lugar al que vayamos.