Obama Dice Que Nos Preparemos Para Una Devastadora Tormenta Solar

Parecía un día normal para la Administración Obama. Las elecciones a la vuelta de la esquina, una agenda habitual… Nada hacía presagiar que el día, de repente, iba a tornarse... ‘hollywoodiense’.

Escenario: el Presidente de los Estados Unidos de América estampa su firma en una orden ejecutiva poco usual. Barack Obama ordena a su equipo que prepare un protocolo de urgencia para actuar en caso de que una tormenta solar de proporciones bíblicas ponga en jaque la seguridad mundial y termine con la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

Y no, no es el argumento de una de esas películas de cuestionable factura con las que de vez en cuando nos castigan las televisiones los domingos por la tarde. Qué va. Esto es real. Tan real, que este fenómeno lleva años siendo estudiado por científicos que alertan de que esta posibilidad existe y que, aunque no haya una fecha exacta en el calendario, no es descabellado pensar que termine por ocurrir. Porque no es algo nuevo: esto ya ha ocurrido. Pero hoy el impacto en nuestra vida diaria se vería multiplicado por mil.

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No obstante, este decreto no es una voz de alarma apocalíptica. Aunque no nos demos cuenta, las tormentas solares se producen de manera habitual. Son también llamados “vientos solares”, ráfagas de partículas que salen despedidas del sol al espacio, y de las que el escudo magnético de nuestro planeta nos protege y logra así que no nos percatemos de ninguna alteración.

Entonces, ¿en qué está pensado Obama? Probablemente en que hombre precavido... o, más bien, humanidad precavida vale por dos. Una tormenta solar de mayor intensidad podría devastar los sistemas radioeléctricos y dejarlos inutilizados durante días, meses o incluso años. Y eso se traduce en cero telecomunicaciones, cero transportes, cero potabilizadoras de agua, cero GPS, cero luz. Cero, todo. La oscuridad. Y, ¿qué puede traer la oscuridad, el desabastecimiento y el miedo? El caos más absoluto.

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Y ya hay precedentes: la NASA tiene documentados varios fenómenos más o menos relevantes, como el sucedido el 2 de septiembre de 1859, el llamado evento Carrington, cuando todos los telégrafos de la época quedaron inutilizados de forma temporal. El siguiente hito sucedió en plena Guerra Fría, en 1967, cuando una tormenta solar dejó inutilizadas las comunicaciones de radio militares en Estados Unidos (aunque estos pensaron que se trataba de un ataque soviético). Años después, en 1977, una gran variación eléctrica dejó a oscuras a varias zonas también de Estados Unidos durante unos cuantos días y más adelante, el 13 de marzo de 1989, una serie de corrientes geomagnéticas dejaron sin luz a más de 6 millones de personas en la región de Quebec, en Canadá, durante más de 9 horas.

Siglo XIX, mediados o finales del siglo XX… ¿Qué sucedería hoy, cuando todos estamos acostumbrados a tener el mundo en nuestro bolsillo en forma de smartphone? Algo similar a lo que imaginan los creadores de la serie de ficción sonora El Gran Apagón, de la que hablamos hace un tiempo: la televisión, internet, el teléfono, la luz, el agua potable… todo quedaría en jaque. Por eso Obama quiere adelantarse, y en su decreto incluye un protocolo de actuación para “preparar a la nación ante eventos meteorológicos del espacio” poniendo por escrito todo lo que habría que hacer para evitar el pillaje, el pánico generalizado y para iniciar, cuando todo pase, la recuperación del planeta. En definitiva, para que el Apocalipsis nos pille prevenidos.