Las nefastas condiciones de las cárceles españolas ya han provocado más de 100 suicidios

Hacerse un cuchillo con una lata de atún y cortarse el cuello y las muñecas, así murió uno de los 103 suicidados registrados en lo que va de año y que podrían haberse evitado

"12 de agosto de 2019: muere un interno por enfermedad en la prisión de Estremera (Madrid). 10 de agosto de 2019: un recluso del centro penitenciario de Badajoz se autolesiona. Atendido por los servicios médicos de la propia prisión y tras varios intentos de reanimación, muere. 7 de agosto de 2019: una interna del Hospital Psiquiátrico de Fontcalent (Alicante) se ahorca con un trozo de sábana en una zona donde no hay cámaras de seguridad". Así empieza la enumeración de muertes carcelarias de la asociación Tu Abandono Me Puede Matar que publica El Confidencial. Ya son 103 en lo que va de año.

Pero, según advierte esta asociación formada por trabajadores penitenciarios, "no se trata del número oficial, ya que solo contabilizamos las muertes que nos comunican los compañeros. Seguramente haya más que no están". Las muertes (la mayoría de las cuales son por suicidios, supuestas sobredosis y enfermedades derivadas de las condiciones carcelarias) son "evitables si aumentase la plantilla de funcionarios", o así lo aseguran.

La plantilla penitenciaria tiene 3.400 vacantes, calcula la asociación. El problema es, por lo tanto, que el trabajo en la cárcel requiere interactuar con el recluso: cachearlos, observarlos, vigilarlos, controlar sus estados de ánimo y emocionales, y como no hay suficientes trabajadores, se recorta toda esta atención pormenorizada, lo que dificulta detectar los casos que acabarán en sobredosis o suicidios. Esta problemática recuerda al caso noruego, el sistema de cárceles "perfecto" que requería de muchos funcionarios y que se está desmoronando poco a poco por la falta de presupuesto. 

Acaip-UGT, el sindicato mayoritario penitenciario, coincide con Tu Abandono Me Puede Matar: los trabajadores no tienen los medios para evitar las muertes en las cárceles. Un ejemplo es lo que sucedió en Murcia el 7 de julio: un hombre se cortó el cuello y los brazos con unas latas de atún rotas que venden en el economato y que, con un buen control, no habría podido usar como arma.

Como en la mayoría de sectores públicos, en el sector carcelario se ha ido recortando, y no solo en el personal de control y vigilancia, también en el sanitario. La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) denuncia que la reducción del 40% de médicos en los últimos años está dando situaciones dramáticas. Por ejemplo, que los médicos tengan que dar a los enfermos sus pastillas para todo el fin de semana porque no hay nadie contratado que vaya a dispensarlas sábados y domingos. Al final, varios presos han acabado guardándose las pastillas de varios fines de semana —nadie vigila si se las toman— para acabar ingiriéndolas todas de golpe y causarse una sobredosis que, por la falta de equipo médico, nadie podrá tratar, critica la organización.

A medida que pasan los años y los efectos de los recortes se hacen crónicos, aumentan las muertes. En 2017 hubo 28 muertos por sobredosis. En 2018, 61. En 2017 hubo 27 suicidios. En 2018, 33. Ahora, están a la espera de cifras finales de 2019, pero que apuntan que la tendencia al alza sigue. La cárcel con más muertes ha sido el hospital psiquiátrico de Alicante, por motivos obvios: la falta de efectivos hace imposible que todas estas personas con necesidades psiquiátricas especiales estén vigiladas y controladas. Muchas acaban suicidándose, como el recluso que prendió fuego a su celda y murió ahogado por el humo. Unas muertes que podrían evitarse.