Día de la Mujer: las putas se paran pero el debate sobre la prostitución continúa

Con motivo del Día Internacional de la Mujer miles de trabajadoras del sexo de todo el país se pondrán en huelga bajo el lema: “Las Putas Paramos”. Un parón que, si tuviese un seguimiento del 100%, paralizaría a 400.000 trabajadoras. Aunque pueda parecer una paradoja, la fecha simbólica que pretende concienciar sobre la igualdad de derechos de las mujeres o el fin de los abusos que se cometen en su contra, será también la que exponga en toda su extensión el eterno debate sobre la regularización o prohibición de la prostitución en España, el primer país de Europa en cuanto a consumo de esta actividad.

Como el debate en torno a la mal llamada ‘profesión más antigua del mundo’ se encuentra polarizado entre las personas a favor de la regularización de la prostitución y las ‘abolicionistas’ (contrarias a una actividad que consideran una forma de violencia contra la mujer), hemos contactado con representantes de ambas tendencias para intentar contraponer los argumentos en contra y a favor. La primera en lanzarse a la piscina es Conxa Borrell, prostituta en activo y portavoz de la Asociación de Profesionales del Sexo (APROSEX), una de las coordinadoras de “Las Putas Paramos”.

“Somos un colectivo que en pleno s.XXI no cuenta con ningún tipo de derecho laboral. Queremos vivir una vida libre de estigmas en la que se respete nuestro trabajo y a nuestros clientes”, explica Borrell quien considera que las profesionales del sexo “deberían ser tan libres de poder trabajar como cualquier trabajador del mundo”. 

"Esta actividad jamás será una profesión sino una forma de esclavitud”, explica Sara Vicente, coordinadora de programas de prostitución de la Comision para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres (CIMTM). “Ya me dirás qué poder de negociación sobre su cuerpo tiene una nigeriana que han metido a trabajar en el polígono de Villaverde después de haber llegado como ilegal y de haber sido violada cientos de veces en el proceso”, denuncia esta abogada y activista.

Como máximo exponente de la tendencia abolicionista la activista considera el ejercicio de la prostitución como “la representación más clara de la desigualdad de género” y el concepto de que “el cuerpo de la mujer debe estar disponible para saciar el deseo sexual del hombre”. En esta línea, Vicente recuerda que “los países más progresistas de Europa, como Suecia, no reconocen la prostitución como un trabajo, sino como una forma de violencia hacia las mujeres, por lo que sus leyes penalizan el consumo”.

En su análisis, la coordinadora dice que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país no lo hacen de una manera libre y lamenta que el restante 10% de prostitutas que sí lo hacen, intenten imponer su criterio sobre el resto. “Por desgracia, las mujeres que realmente son objeto de trata no están en las calles o no tienen voz para manifestarse. Nos duele ver que las trabajadoras del sexo que sí están organizadas, y que son una minoría, defiendan los intereses de la tercera industria no reconocida del mundo tras el tráfico de drogas y de armas”, expone Vicente.

Uno de los principales argumentos, que tanto la representante de la CIMTM como de APROSEX manejan, es el de la desigualdad o la escasez del empleo como base de la prostitución aunque con enfoques radicalmente opuestos. “Ojalá pudiese estar en casa con mis hijos y haciendo pasteles, pero vivimos en un capitalismo y ejercer la prostitución me parece mejor opción que trabajar de 8 a 10 horas por un sueldo mísero. Eso se lo gana una prostituta de 20 euros el servicio en tres horas”, dice Borrell que añade: “será una decisión mejor o peor, pero queremos ser libres de ejercerla”.

Por su parte, Vicente ataca al capitalismo neoliberal como verdadero culpable de una prostitución cada vez más globalizada. “Te garantizo que lo que querrían las mujeres africanas, latinoamericanas o de Europa del Este que ejercen la prostitución es un trabajo digno y no estar chupando pollas en un prostíbulo. Incluso las que en un principio aseguran estar conformes con la actividad acaban por reconocer que lo dejarían si pudiesen”, sentencia. Es por ello que, para la activista, las personas que defienden la prostitución “no defienden la liberación de la mujer sino el patriarcado mas neoliberal y bestia”.

No obstante, cuando parecía que ambas posturas era totalmente imposibles de conciliar, ambas activistas coinciden en que la represión a través de las multas a las prostitutas no ayudarán a reducir las cifras de la prostitución. “En ningún momento las víctimas de una situación injusta deben pagar las consecuencias de la actividad que se les ha impuesto”, dice la portavoz de CIMTM. La solución, defiende, pasaría por una educación sexual plena, la eliminación de las desigualdades y una verdadera igualdad de oportunidades en el ámbito laboral. Eso sí, apuesta por una penalización del proxenetismo y los clientes así como una defensa del consistorio dirigido por Manuela Carmena.

Son las dos caras de una misma moneda que sigue girando sin decantarse por ninguna de ellas. Mientras un sector de las prostitutas en activo aboga abiertamente por la legalización de su actividad, y se gana la simpatía de amplios sectores de la sociedad, el debate sobre la abolición o la regularización continua dividiendo a la sociedad en general y al feminismo en particular. Pero, pese a el enquistamiento del debate, ambas activistas coinciden en la importancia de salir codo con codo en las manifestaciones que recorrerán las principales ciudades del país este 8 de marzo. Más allá de sus diferencias, coinciden en que lo importante será hacer ruido en favor de las mujeres.