Por qué la ‘moda’ de nadar con tiburones es el turismo de masas del océano

Es veranito y eso se nota en Instagram. Las cuentas de nuestros amiguetes comienzan a rebosar con selfies de sus vacaciones en lugares exóticos y se desata una especie de competición silenciosa por ver quién se ha marcado la experiencia más acojonante del grupo de WhatsApp. Pero hay una que pocos pueden superar y es la de meterse en una jaula con tiburones blancos en México o, directamente, alimentar un banco de tiburones arremolinados en las Bahamas como el que le echa migas a las palomas.

Reconozcámoslo, si hace unos años lo que molaba era ver ballenas, ahora lo que realmente lo peta es bañarse con tiburones y si te ocurre como a la actriz porno Molly Cavalli, a la que uno de estos le mordió durante el rodaje de un spot publicitario en Miami, pues ya tienes la historia perfecta (aunque sea un fake de manual). El tema es que los operadores turísticos que ofrecen bañarse junto a tiburones en México, Filipinas, Sudáfrica o Costa Rica están creciendo como setas y no todos cumplen con un mínimo de la ética profesional a algo que se nos vende como ecoturismo.

Para que te hagas una idea del negocio en torno al tiburón, micropaíses como Fiji o las Maldivas se embolsan cada año 42 y 38 millones de dólares respectivamente metiendo a sus turistas en arrecifes petaditos de escualos. Aunque lo realmente hardcore son los 5,9 millones de dólares que ganan en Sudáfrica con las jaulas de acero para tiburones blancos y las focas de caucho que arrastran desde barcos para ver saltar fuera del agua a estos bicharracos de hasta siete metros.

“En la actualidad existe un debate sobre la masificación del turismo con tiburones y si la práctica de atraerlos con cebo o sangre tiene un impacto negativo en su conducta natural o no. Pero, ni siquiera la ciencia ha podido demostrarlo todavía”, explica la bióloga marina, Clara Calatayud. Recién llegada de Baja California (México), esta catalana ha pasado varios meses desarrollando el proyecto de turismo sustentable con tiburones y ciencia ciudadana, The Shark Odyssey. Una apuesta radicalmente opuesta al modelo comercial actual.

“La idea principal de este proyecto, que nació en 2015, es que personas que amen el mar se unan durante dos semanas a una de nuestras expediciones, se formen y nos ayuden a tomar los datos científicos necesarios mientras disfrutan de la experiencia de bucear con tiburones”, apunta Clara que, gracias a la ayuda de estos voluntarios-turistas-científicos improvisados, podrá llevar adelante sus estudios sobre el impacto del turismo en las poblaciones de tiburones junto a ONG's locales e instituciones científicas.

Pero, más allá de la labor científica del proyecto, a lo que aspiran es a que las personas que vivan en primera persona la experiencia de bucear y conocer de primera mano a las poblaciones de tiburón ballena o tiburón toro (entre otros) de La Paz , Cabo San Lucas o el Parque Nacional de Cabo Pulmo, uno de los tres arrecifes vivos que quedan en toda Norteamérica. En definitiva, de conocer a los tiburones más allá de los topicazos de Hollywood o el sensacionalismo de algunos medios.

No le falta razón, con el fake de la actriz porno en la jaula (Clara no tiene ninguna duda al respecto) se ha vuelto a ver un aluvión de noticias hablando de ataques de tiburón. Pero, la realidad es que hablar de ataques es un error. “Los tiburones no atacan premeditadamente a las personas sino que se trata de accidentes en los que un tiburón confunde a una persona con una presa o realiza un mordisco de reconocimiento”, resume la científica que, además, recuerda que “la probabilidad de morir por un ataque de tiburón es de 1 entre 3,7 millones”.

Eso sí, la bióloga matiza que tan tóxica es la imagen de los tiburones como asesinos de humanos sedientos de sangre como la de más de un ecologista y algún operador turístico sin escrúpulos que pretende venderlos como ositos de peluche con los que jugar y llenar tu Instagram de fotos. “Está claro que si metes a un grupo de personas a un agua que has llenado de carnaza y no les explicas un mínimo de protocolos de actuación, estás exponiéndoles a un riesgo”, sentencia Clara.

Por eso, la próxima vez que estés en un resort del Caribe o las Filipinas (un lugar donde ceban con plancton a los tiburones ballena) y te ofrezcan bucear entre tiburones, la bióloga te recomienda que tengas en cuenta una serie de precauciones mínimas para evitar una experiencia desagradable y, sobre todo, ser partícipe de un turismo que podría estar afectando negativamente a los animales que pretendes conocer y con cero retorno para la comunidad científica o los habitantes de la región.

“Existen páginas en las que los usuarios dejan información detallada sobre los operadores y su experiencia con ellos, pero lo principal que recomendaría es que compruebes cuánto tiempo llevan trabajando con esto y que incluyan soporte a la ciencia o, al menos, tengan un biólogo marino abordo”, concluye. Otra cosa, si finalmente os decidís a probar con un turismo de calidad y sostenible apuntad: Islas Socorro (México), Isla del Coco (Costa Rica) y Bahamas.

Clara tiene claro que el turismo con tiburones no solamente va a seguir creciendo, sino que es imparable y , precisamente por eso, proyectos responsables y útiles para la Ciencia como The Shark Odyssey son el modelo a seguir: “Al final muchos gobiernos se están dando cuenta de que, en lugar de pescar o explotar las poblaciones de tiburones, lo suyo es hacer entender a la gente, sobre todo a las poblaciones locales, que se puede ganar dinero a largo plazo con el turismo sostenible, respetuoso y científico”.