Lo mires como lo mires, el bidet portátil es el mejor invento del siglo

Millones de árboles son cortados cada año para producir papel higiénico, uno de los mayores absurdos de la sociedad actual

Cada 50 o 100 años aparece algún genio que cambia el destino de la Humanidad. Y es que en pleno siglo XXI, un tiempo en el que tenemos 5G, coches eléctricos y televisores 8K, seguimos limpiándonos el ojal con papel ‘higiénico’. Anualmente, 15 millones de árboles son cortados y triturados solamente para mantener impecables los esfínteres de 325 millones de estadounidenses, así que imagínate lo que haría falta para limpiar los miles de millones de ojetes que hay alrededor del mundo. No solo eso, para producir la celulosa de los rollos de papel se gastan miles de billones de litros de agua a los que hay que sumar las descargas de los WC, seis litros de media cada vez que la cadenita se lleva tus muñecos de barro. Una gran mierda ecológica lo mires como lo mires.

Además es que, seamos claros, es una puta guarrada. Técnicamente limpiarse el culo con papel higiénico no es limpiarse, es expandir tu mierda sobre una mayor superficie de tu piel para que parezca que está limpia. Pero cualquiera que haya reutilizado su ropa interior más de un día o dos te dirá, sin temor alguno a equivocarse, que la mierda sigue ahí y de las bacterias ya no vamos ni hablar. Según un estudio de la New York University School of Medicine, el papel higiénico está diseñado para absorber al máximo y está situado justo al lado de la taza del váter por lo que no necesitan rozar tu caviar para almacenar millones de bacterias y microbios asquerosos. Como lo lees, ni siquiera cuando creas obras de arte a base de capas y capas de papel de culo en un wáter público estás evitando sentarte en la mierda atomizada de todo el que ha pasado por allí. 

Cualquier cosa tiene que ser más digna que usar tu dedo índice envuelto en una fina, finísima capa de frágil papel, para arañar los restos digeridos de tu cena. Y más allá del bidet de toda la vida (un piso sin bidet jamás será un lugar decente) o del chorrito de los baños japoneses (que es una maravilla cuando te acostumbras al impacto del agua en el lugar preciso), por fin, uno de esos genios, de esos que aparecen cada 2 o 3 generaciones, ha dado un paso al frente para ofrecernos el primer bidet portátil de la historia. El aparatito que llenará de frescor los ojetes mileniales se llama Sonny y se trata de un tubo de aluminio anodizado que contiene un recipiente recargable de agua en su interior y una batería recargable, con indicador de luz LED, para unos 20 usos.

A ver, tampoco nos vamos a flipar porque el equivalente al ‘iphone de los ojetes’ cuesta 126 eurazos (88 si pillas los de la oferta de lanzamiento) y no creo que nadie vaya tan sobrado como para pillarse el ‘limpiaojetes premium’ este, pero puede abrir las puertas de una revolución muy necesaria. 25 o 45 segundos de un rociado nebulizado en tu esfínter que devolverá la pulcritud a tus profundidades utilizando apenas 100 ml de agua por cartucho. Su irrupción es tan lógica como digna y necesaria. Como dicen sus promotores (los cuales están llevando a cabo una campaña de crowdfunding para financiar la producción de la primera remesa de bidets portátiles para diciembre de este año): “Si estamos dejando de usar las bolsas de plástico en los supermercados, sustituyendo las toallas de papel por las súperabsorbentes y escribiendo en cuadernos de papel reciclado, ¿por qué seguimos usando papel higiénico y toallitas húmedas?”. 

Pues eso, a partir de diciembre el mundo estará lleno de ojetes más verdes y más frescos, ¿qué podría salir mal por intentarlo?