Marta podría perder la vista solo por no tener un seguro médico

Marta, una catalana de 24 años que se mudó a Seattle, ha sufrido un accidente químico. Ahora ha tenido que recurrir a un crowdfunding para pagarse las muchas operaciones

Seguramente te ha aparecido en stories de algunos amigos o incluso tú mismx lo has compartido: el vídeo de Marta Bustos, una catalana de 24 años, que vive en Seattle desde hace dos y que ha perdido la vista por un accidente mientras trabajaba con sosa cáustica para elaborar cosméticos y jabones naturales. La sosa cáustica actuó como ácido y le quemó la cara y las córneas, por lo que, además de no poder ver, se le ha quedado la piel quemada y cicatrizada.

Por suerte, sus heridas son tratables. Pero lo malo es que no tiene seguro médico, lo que significa que tiene que pagar todas las operaciones de su bolsillo. Es decir, lo que en España gracias a la seguridad social nos saldría gratis, a Marta le está costando más de 75.000 euros. Ya lleva cuatro operaciones, sus cicatrices están mejorando, pero tienen que hacerle más y no puede pagarlas.

Por eso, ha empezado una campaña de Go Found Me para conseguir pagárselas. La campaña ya ha recaudado 220.000 euros, más del doble de lo que necesitaban para las operaciones. Sin embargo, 75.000 euros, el precio inicial que propusieron, era lo mínimo: “pedimos eso porque no nos imaginábamos que tendría tanto éxito, pero con esa cantidad no pagaremos todas las operaciones”, explica la campaña.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ahora, gracias a todo este sobreincremento de lo recaudado podrán pagar los costes hospitalarios, un posible trasplante de córnea en caso de que sea necesario y todo lo necesario para ayudarla a hacer vida normal si no recupera del todo la vista: “en el peor de los casos tendré una vista muy pobre”. Y aunque pronto le darán el alta, luego se vienen meses de tratamiento, que también cuestan dinero y que ayudará a costear. Aun así, en caso de que tras las operaciones y el tratamiento y adaptación posteriores sobre dinero, planean donar todo el dinero a asociaciones de personas con problemas de visión.

Su caso se ha hecho tan viral que, como informa la cadena pública catalana, TV3, diversos médicos de Barcelona le han asegurado que la seguridad social y el sistema hospitalario podría tratar sus heridas, y que le recomiendan venir hacia aquí. Sin embargo, por el cierre de fronteras por el covid no ha podido, ni venir, ni recibir a su familia, que sigue en Terrassa (Barcelona), su ciudad natal.

La historia de Marta también ha servido para reflexionar sobre la necesidad de un sistema público que cubra nuestras necesidades médicas: no puede ser que una persona sufra un accidente y porque no tiene un seguro médico privado tenga que escoger entre hipotecar su vida o recuperar su vista. La salud no debería estar a cargo de las donaciones de personas anónimas, sino que es un derecho universal del que, por suerte y a pesar de los recortes, disponemos en nuestro país.

CN