Cómo llegar a final de mes y no morir del asco en el intento

Dicen los expertos que da igual lo que ganes, que la clave para llegar a fin de mes está en el control de tus gastos. Si damos por cierta esta premisa, la clave para conseguirlo es tener disciplina. Al igual que a la hora de ponerte a dieta, una vez tomada la decisión, el siguiente paso –y el más importante- es seguirlo. En el caso de las finanzas personales, no se trata de hacer un régimen económico que te quite las ganas de vivir, pero sí de hacer un plan y no perderse entre las miles de tentaciones que surgirán por el camino.

La tarea no es fácil, sino más bien titánica, La prueba de que el desafío no es menor es la cantidad de personas que conoces y que, a día 20 del mes, ya se han gastado todo lo que habían ganado y, encima, están endeudadas. “Lo básico es tener el control del dinero. Mucha gente siente que el dinero se les va de las manos”, explica Joan Lanzagorta, experto en finanzas personales. Los consejos del Banco de España van más allá. Además de “asumir el control de su economía, no se limite a dejarse llevar por las circunstancia”, la entidad asegura que “la regla de oro para la seguridad financiera es gastar menos de lo que ingresa”.

¿Control? ¿Dinero? Son dos conceptos que muchas veces están completamente disociados en nuestra mente. No has cobrado y ya te has gastado el dinero, no sabes en qué se ha ido, pero tu banco te está avisando de que estás a punto de dejar en ‘números rojos’ tu cuenta, por no hablar de que la palabra ‘ahorrar’ no existe en tu vocabulario. Sin embargo, es posible, sólo hay que proponérselo y actuar en consecuencia de las decisiones que hayas tomado.

Es decir, lo primero que tienes que hacer es analizar tus gastos y hacer un plan para tenerlos cubiertos. “Nuestros abuelos separaban el dinero para cada gasto en sobres: para la luz, para la hipoteca,etc. y, si alguna vez alguno de los gastos sobrepasaba lo estimado, lo cogían de otro, pero estaba todo previsto. Ahora se trata de hacer lo mismo pero con otras herramientas”, indica Lanzagorta.

Una de las principales diferencias entre la situación de nuestros abuelos y la nuestra es que ellos tocaban el dinero mucho más que nosotros. Es decir, el uso de las tarjetas de crédito y de que nos paguen a través de cuenta corriente, hace que, psicológicamente, nuestros ingresos y gastos sean virtuales. No tenemos la sensación de malgastar o de que se está acabando. Total, son sólo unos números en la pantalla de un cajero, del ordenador y del móvil. Pero esos números no es que desaparezcan, sino que cambian de color y eso tiene consecuencias —entre ellas, intereses que suponen más gastos—. Por ello, podemos tener nuestros propios sobres virtuales, separando el dinero en distintas cuentas o en apartados mentales.

Utilizar una aplicación para la gestión de las finanzas personales —Fintonic, Mooverang o Wallet, son solo tres ejemplos— o un simple documento de Excel es una buena opción para comenzar a tomar conciencia de tus ingresos y tus gastos, y sobre todo, de la relación que mantienes con el dinero. De lo que se trata es de “tomar decisiones conscientes de en qué te vas a gastar el dinero”, señala el experto en finanzas personales. Una vez que has analizado tus finanzas personales, y te des cuenta de que estás sobreviviendo a base de ‘comerte’ los ahorros de tu infancia, la cuestión es ¿de dónde recortar?

El Banco de España asegura que “reajustar el presupuesto” es posible, ya que “siempre hay margen para recortar algunos gastos”. Sí, es cierto, hay de dónde recortar, pero hay que analizarlo también. Los gastos se dividen en tres tipos: fijos mensuales, fijos no mensuales y variables. Y sobre los dos primeros hay poco que hacer. La hipoteca o el alquiler así como los gastos generales asociados a la vivienda son difíciles de reducir, al igual que la letra del coche u otro tipo de préstamo. Siempre puedes decidir irte a vivir a un sitio más barato, vender el coche o no encender la luz, pero a lo mejor son cambios que no te planeas.

Los gastos fijos no mensuales pueden ser más manejables, pero también entrañan un problema: no solemos tenerlos en cuenta. En tu presupuesto mensual no entraba el seguro del coche, que te llega en 15 días. Para controlar este tipo, lo mejor es “tomarlos como gastos mensuales”. Es decir, dividirlos en 12 meses e ir guardando su equivalente cada 30 días para no llevarte una desagradable sorpresa cuando llegan.

El margen para reducir los gastos está en los variables, que incluyen desde la compra —siempre puedes optar por cambiar a otro supermercado más barato o convertirte en el rey de las ofertas y solo comprar aquellos productos que llevan descuento—, hasta la ropa, hobbies y la vida social. “Siempre hay alternativas para reducirlos, porque entre cosas, puedes vivir sin muchos de ellos”, apunta Lanzagorta, quien explica que “en vez de ir a un bar, puedes quedar con tus amigos en casa, comprar entre todos la comida y bebida que se vaya a consumir, y así os ayudáis entre todos”.

Sin embargo, apuntarse a la moda low cost y de los descuentos es un arma de doble filo que hay que saber manejar. “Se puede consumir más barato, pero lo cierto es que se consume más”, indica el experto en finanzas personales. Es complicado decir que no cuando te ofrecen un 2x1 o tu marca favorita de zapatos ofrece una selección de productos —que no necesitas porque ya compraste el mes pasado— con un considerable descuento en un periodo de tiempo reducido. Sí, es difícil, pero si no aprendes a decirte que no ante estas circunstancias, no reducirás tu consumo.

Y, si tu objetivo es ahorrar, la clave es tomárselo como un apartado más de gastos. Te pagas a ti mismo un dinero cada mes para destinarlo al consumo futuro, que es al fin y al cabo, el objetivo del ahorro. Y si es difícil que lo consigas, involucra a tus amigos y ahorrad todos juntos, buscad una causa común, unas vacaciones, cambiar de coche todos a la vez o simplemente el reto de ver quién lo consigue, para que sea un juego.

Aunque el objetivo es acabar con las preocupaciones que supone no llegar a fin de mes, no pierdas el foco, que el fin no es ser el más rico del cementerio. El dinero está para gastarlo y en la tumba no lo vas a necesitar.