El lenguaje secreto que usan las sectas (y las grandes empresas) para manipularte

Los líderes de secta comparten un rasgo con las grandes compañías: emplean el lenguaje de manera eficiente para manipular a sus seguidores y clientes.

¿Sabes las típicas frases inspiradoras que adornan los stories de muchxs de tus contactos? Sí, esas que parecen salidas de algún gurú de la tecnología de Sillicon Valley o el típico pijo creador de algún MBA que se anuncia por Instagram. Pues, aunque no lo parezca, ese lenguaje rebuscado y grandilocuente que hoy estás literalmente en TODAS partes, es exactamente el mismo que han empleado tradicionalmente las sectas para captar a sus miembros. Desde las paredes del gimnasio al eslogan de alguna startup que paga miserias a sus trabajadores, todas ellas emplean ese lenguaje para motivar y hacer sentirse especiales a las personas que, en realidad, está utilizando. 

En su libro “Cultish: The Language of Fanatism”, la experta lingüista, Amanda Montell, explica cómo el lenguaje fue adaptado por diferentes movimientos ideológicos o religiosos del s.XX para ejercer un auténtico “lavado de cerebro” en las personas a las que se dirige. "Se necesita un lenguaje para oscurecer las verdades, para construir la solidaridad, para inculcar ideología, para dividir a las personas en un 'nosotros' y un 'ellos', para inculcar la filosofía de 'el fin justifica los medios', y para hacer todo lo necesario para ganar y mantener el poder”, explicó la autora en una entrevista con la BBC. Básicamente, se trata de crear una manera de hablar propia que haga a los miembros sentirse parte de “algo”, especiales y muy queridos.

Según un artículo de BBC, una de las formas clásicas de captar a sus seguidores por parte de una secta incluye lo que se denomina como “bombardeo de amor”, es decir, la captación de una persona con carencias afectivas o sociales para agasajarla con cumplidos y atención que generen dependencia hacia quienes se lo suministran. Precisamente, el hecho de que las personas que pasan a suministrarle ese apoyo al nuevo adepto sean de un grupo cerrado hace que el discurso del “nosotros vs. ellos” funcione realmente bien hasta el punto que el captado se identifica plenamente con el nuevo grupo al que se integra. Además, la notable jerarquía que suele haber en las sectas hace que sus miembros más distinguidos utilicen un lenguaje lleno de términos propios (muchas veces copiados al azar de otras disciplinas o movimientos) que el resto intentan imitar para sentirse integrados.

Es por ello que, según Montell, no es extraño encontrar que los líderes de las sectas creen discursos basados en las ideologías que más respetan y atrayentes encuentran. Esto da lugar a mezclas explosivas como juntar las ideas marxistas de revolución y principios gnósticos contrarios a la existencia material (la cual consideran como una cárcel para el espíritu) que, inevitablemente, conducen al antinatalismo e, incluso, al suicidio. Esto es lo que ocurrió en 1978 durante la “masacre de Jonestown”, en la que 918 miembros de la secta de Jim Jones cometieron el “suicidio revolucionario” bebiendo cianuro en su campamento en Guyana. Aunque el término ya había sido utilizando por los Black Panthers, el líder de la secta lo llevó a un nuevo nivel provocando uno de los peores suicidios colectivos de la historia.

Otro ejemplo citado por la BBC es el de la secta espacial de Marshall Applewhite llamada “Heaven´s Gate”. El objetivo de este gurú era ayudar a sus seguidores a “superar sus vibraciones genéticas como una forma de salir de sus vehículos para que sus espíritus pudieran resurgir a bordo de una nave espacial y encontrar el siguiente nivel evolutivo por encima del humano”, según explica Montell. El final fue exactamente el mismo que en la secta anterior: el suicidio colectivo. Por último, la experta señala la creación de eslogan y clichés como una manera de asentar dogmas en la colectividad que no pueden ser discutidos e impiden cualquier atisbo de pensamiento crítico o alternativo por parte de los propios miembros de la secta. 

El problema con todo lo expuesto anteriormente es que Montell ha detectado que estas mismas técnicas son las que emplean algunas grandes corporaciones con sus empleados y sus clientes. De esta manera, se crea lo que ella llama “ideología organizacional” que no solamente logra cohesiones internamente a sus equipos de trabajo, sino que atrae en torno a la marca personas que se identifican plenamente con las ideas y conceptos que busca expresar. En definitiva, vivimos en un mundo en el que el lenguaje se utiliza de manera consciente para manipular nuestros valores y sentimientos de pertenencia provocando que las personas más sugestionables generen dependencias que, en algunos casos, pueden llevarles a caer en estos grupos de manipulación mental con fatales consecuencias.