El jubilado que donó sangre cada dos semanas para salvar la vida a 2 millones de niños

James Christopher Harrison se convirtió en un aliado de la Cruz Roja australiana para crear una vacuna

Lo conocen como "el hombre con el brazo de oro" porque durante 60 años, de forma religiosa, James Christopher Harrison donó sangre en la Cruz Roja de Australia de forma semanal. Él lo tenía claro desde la adolescencia, cuando tuvo que ser sometido a una delicada operación de pecho y sobrevivió gracias a las transfusiones de sangre. Si alguien le había salvado la vida a él, él haría lo mismo por los demás. Y se lo tomó al pie de la letra. En total, según explica la CNN, solo con su sangre se ha conseguido salvar la vida de 2,4 millones de bebés.

Sangre extraordinaria

Su sangre es especial. Por eso fue útil para crear una vacuna que evita la conocida como "incompatibilidad Rh", que se da durante el embarazo cuando la madre tiene un Rh negativo y el bebé, positivo. Esta incompatibilidad hace que la madre produzca anticuerpos contra su propio hijo, lo que puede resultar en daños cerebrales del feto e, incluso, con su muerte. La vacuna creada gracias al tipo sanguíneo de Harrison, que es muy poco habitual, desactiva esos anticuerpos para que el embarazo no acabe perjudicando al bebé.

No fue hasta algunos años después de que empezara a donar que los médicos descubrieron que su tipo sanguíneo contenía precisamente el anticuerpo necesario para esta intervención. Es el caso de uno de cada 50 australianos, así que no le costó nada asimilar que él tenía la capacidad de salvar muchas vidas y se disciplinó para hacerlo. "Cada bolsa de sangre es preciosa, pero la sangre de James es particularmente extraordinaria. Su sangre se usa precisamente para crear medicación que puede salvar vidas, una medicación que se DA a madres en riesgo de 'atacar' a sus bebés (...) es un riesgo que afecta al 17% de las mujeres en Australia, así que James ha ayudado a salvar muchas vidas", le dijo a la CNN un portavoz de la Cruz Roja.

Harrison se ha convertido en un héroe nacional por la cantidad de vacunas que ha conseguido crear desde 1967. Incluso su hija es una de las beneficiarias de este medicamento. Pero el año pasado, con 81 años, tuvo que dejar de donar y abrir paso a las nuevas generaciones. Lo único que esperan en Australia, y la preocupación se extiende a todo el mundo, es que aparezcan más hombres y mujeres con el brazo de oro.