Por Qué Los Jóvenes Alemanes Están Metiendo Sus DNI En El Microondas

Somos quienes somos porque él lo dice. Es un pedazo de plástico que todos llevamos en la cartera, y cuidado si te metes en líos y no lo llevas encima. El Documento Nacional de Identidad informa del nombre, edad, lugar de nacimiento, dirección y del nombre de los padres de su titular, pero, ¿sólo eso? En torno al DNI existen cientos de leyendas que han aumentado todavía más desde que se le incorporó un chip informático hace unos años.

Con él, las teorías ‘conspiranoicas' se han multiplicado, contagiadas desde 2011 por la iniciativa de un joven alemán que comenzó a aconsejar, a través de Youtube, que todos las personas celosas de su intimidad debían meter al microondas su Personalausweis (así se llama el DNI alemán) para malograr el microchip quemando sus circuitos. ¿Es esta cédula personal una forma de los gobiernos de tenernos controlados?

El revuelo comenzó a tener notoriedad en agosto de 2015. Un hombre de 29 años fue detenido en el aeropuerto de Frankfurt cuando la policía se dio cuenta de que éste había inhabilitado el chip de su carnet calentándolo unos segundos en el microondas. La convicción de que, con él, el gobierno alemán o incluso otras instituciones extranjeras podrían espiarle, había llevado al joven a tratar de proteger su intimidad, sin pensar que eso le podía costar una sanción.

Lo cierto es que este tipo de documentos de identificación personal no son universales. Países como Estados Unidos, Australia, Reino Unido o Canadá no expiden carnets de este tipo a sus ciudadanos, y cada vez que las autoridades tratan de implantarlo, se encuentran con airadas protestas sociales.

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Porque el DNI es, por encima de todo, un sistema de control. El español tiene su origen en 1944, cuando el régimen franquista comenzó a mostrar interés por tener ‘fichada’ a toda la población. Se comenzó por los presos, pasando después a los hombres que debían viajar a menudo por trabajo, después los residentes en poblaciones de más de 100.000 habitantes, más tarde por los que vivían en ciudades de más de 25.000 y, por último, las mujeres.

Enigma: ¿quién tuvo el primer DNI?, ¿quién se hizo con el número 1? Fácil: Francisco Franco. El dictador reservó para él y para su familia los primeros carnets, por lo que su mujer se quedó con el 2 y su hija, con el 3. Quedaron también reservados los números del 10 al 99, pero en este caso para la Familia Real. Así, el Rey Juan Carlos tiene el 10, la Reina Sofía el 11, y así sucesivamente, quedando desierto el 13 por mera superstición.

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Otro dato curiosos y muestra de que este documento nació con una vocación disgregadora y de control fue que el precio de su expedición estuvo directamente vinculado al nivel adquisitivo de su dueño hasta el año 1980. Así, en un principio, las personas de alto nivel económico debían desembolsar 25 pesetas por él, 10 los de clase media y 5 los de clase baja, siendo gratuito para los mendigos (llamados entonces “pobres de solemnidad”).

Porque los DNI primitivos también tenían, además de la información que ofrecen ahora, datos sobre la profesión de su titular. Y no sólo eso: quedaba reflejado el estado civil, la huella dactilar, la forma de la oreja (por eso se exigía que la foto fuera de semi-perfil, porque se entendía que la oreja era un elemento identificativo relevante) e, incluso, el grupo sanguíneo. Aunque el DNI se ha democratizado con el avance de los años, incluso provocando el enfado de la nobleza española que, una vez entrada la democrácia, levantó la voz cuando los carnets dejaron de incluir datos relativos a los títulos nobiliarios.

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En cuanto a las leyendas urbanas, el policía nacional Felix Álvarez Saavedra deja claro en su libro Sesenta años de la expedición del DNI que ningún número se reasigna, por lo que jamás puede tocarte el de una persona fallecida. Además, el dígito que aparece por detrás no tiene que ver con el número de personas que se llaman exactamente igual que tú en España, sino que se trata únicamente de un número más de control. Leyendas que no hacen sino envolver todavía más al documento de un halo de misterio y cierta desconfianza, acrecentada con los avances de la tecnología.

Porque, desde 2006, el español es uno de los carnets más modernos de Europa. Sin embargo, el chip que promete ser un elemento de informatización de la Administración Pública genera recelos porque guarda mucha información personal, y quién sabe hasta qué punto está conectada a servidores que desconocemos.