Jake Davison, el asesino que se alimentó del odio del movimiento incel

El discurso de odio que crece dentro del movimiento incel podría estar alimentando las conductas cada vez más violentas de algunos de sus miembros e, incluso, dar forma a una nueva forma de terrorismo

“No puedo atraer mujeres en absoluto”. Esta fue una de las frases que Jake Davison, un joven británico de 22 años, escribió en el foro Reddit unos meses antes de acabar con la vida de cinco personas el pasado jueves en la localidad de Plymouth, entre ellas su madre y una niña de 3 años. Acto seguido, Jake se disparó en la cabeza con la misma escopeta de acción de bombeo con la que acababa de asesinar a toda persona inocente que encontró en su camino. Un arma que requiere un permiso especial y que le había sido retirada (y devuelta hace escasamente un mes tras un curso de control de la ira) debido a los problemas mentales que había denunciado su padre. 

El caso de Jake ya es el peor tiroteo en el Reino Unido desde 2010, pero, además, es la prueba de que la sociedad occidental tiene un problema grave con algunos de los miembros de la comunidad “incel”. Esta abreviatura del inglés “involuntary celibate”, es una de las comunidades de internet que más crecimiento está teniendo en países como Estados Unidos y Reino Unido y se sustenta en un supremacismo masculino, heterosexual y cisgénero en el que las mujeres son culpabilizadas de no atender las necesidades sexuales de hombres que no consideran físicamente atractivos. Es por ello que el movimiento también culpabiliza y desprecia a los hombres que “han ganado la lotería genética” a los que denominan “Chad” y se victimiza afirmando que los hombres con belleza no normativa están completamente excluidos del sistema.

Pero más allá de los comentarios misóginos en foros como Reddit, el aspecto más preocupante de esta corriente misógina es el discurso de odio y profundamente antisocial que, llevado al extremo, ha empujado a hombres jóvenes e inestables a cometer actos que han sido consideraros como terrorismo en algunos países. El primer acto violento de uno de los miembros de la comunidad fue cometido en 2014 por Elliot Rodger, un joven californiano de 22 años que asesinó a seis personas porque, según él, su vida se había convertido en un infierno al ser rechazado sistemáticamente por todas las mujeres con las que había pretendido tener un acercamiento sexual. En esta misma línea, Alek Minassian, un joven canadiense de tan solo 17, asesinó a 10 personas e hirió a otras 15 al envestir una multitud con su vehículo en la ciudad de Toronto en 2018. 

Su acción fue premeditada y casi un homenaje a Elliot Rodger, considerado como un héroe de la causa incel y uno de sus ideólogos principales, algo que quiso dejar claro en Facebook anunciando que “el movimiento incel había comenzado”. Y, aunque el movimiento tiene su origen en la década de los 90, es a partir de 2014 el momento en el que las tendencias más extremistas dentro del movimiento han tomado mayor protagonismo promoviendo abiertamente una conducta violenta entre sus miembros para someter por la fuerza a quienes no les permitan realizarse como individuos plenos, es decir, a las mujeres que les rechazan y/o los barones genética o normativamente mejor dotados que les apartan en el juego de la seducción. De ahí que sus ataques en redes sean mayoritariamente dedicados a estos dos colectivos que denominan “Chads” y “Stacys” pero que, cuando las amenazas e insultos llegan al plano físico, sus ataques sean contra cualquier miembro integrado en una sociedad que, según ellos, les rechaza. 

Por suerte y por el momento, el terrorismo incel sigue siendo un fenómeno muy minoritario a pesar de la creciente popularidad del movimiento en las redes sociales. Si bien el discurso misógino, antisocial y violento de algunos de ellos contribuye a dotar de un discurso articulado y sentimiento de pertenencia a individuos no funcionales en cualquier sociedad occidental, lo cierto es que la mayoría de ellos nunca llegan a concretar sus amenazas y se limitan a dar rienda suelta a sus frustraciones junto a otros miembros de su comunidad en internet. El problema ocurre cuando estas ideologías del odio se topan con individuos con desequilibrios mentales severos y, en el caso de Jake Davison, total incapacidad para controlar su rabia unido a una licencia de porte de armas. Sin duda un argumento más para que se monitoricen mucho más los discursos de odio en internet y, por supuesto, se limite al máximo el acceso a armas de fuego en Europa.