Así es Jacinda Ardern, la primera ministra feminista que ha desatado la 'Jacindamanía' en su país

Jacinda Ardern se acaba de convertir, a sus 37 años, en la mujer más joven en gobernar Nueva Zelanda. La tercera primera ministra de la historia del país, no solamente es la feminista y carismática nueva imagen del Partido Laborista neozelandés sino que, además, lo está petando entre los jóvenes. De hecho, asume el poder con muchas ganas de seguir avanzando en materia de igualdad a pesar de que su país fue el primero en aprobar el sufragio femenino allá por 1893. Así que ya te podrás imaginar que su perfil es uno de los que vale la pena tener fichados, y sus argumentos han callado ya unas cuantas bocas.

Jacinda Ardern, Leader of the New Zealand Labour Party and Leader of the Opposition speaks at a stand up press conference in Parliament Buildings in Wellington, New Zealand, on Thursday, August 3rd, 2017. Photographer: Mark Coote/Bloomberg
Solo hacía un par de meses que Jacinda encabezaba el Partido Laborista (de centro-izquierda) y su victoria ha sido una sorpresa repentina para todo el país, incluida ella misma. En realidad, la candidata no ganó las elecciones generales, pero tras semanas de negociaciones, los nacionalistas del partido New Zealand First declararon por televisión que iban a darle soporte en una coalición. Junto al apoyo de los Verdes, esto le aportaba la mayoría necesaria para gobernar. Así se enteró entonces, cenando unos noodles frente al televisor, de que iba a liderar el país poniendo fin a una década de poder conservador.

De mormona a liberal pasando por DJ bailonga

Jacinda nació en una familia de mormones, pero se alejó de esta rama del cristianismo por no estar de acuerdo, por ejemplo, con algunas de sus ideas homófobas. Afiliada al Partido Laborista desde los 17 años, tras diplomarse en Arte y Comunicaciones se puso a viajar. Curró cocinando albóndigas en una cocina popular de Nueva York y supo buscarse la vida hasta tal punto que apenas uños más tarde se encontraba en Londres como consultora de Tony Blair, el entonces primer ministro del Reino Unido. Volvió a su Nueva Zelanda natal y, a los 28 años, se convirtió en la diputada más joven del Parlamento. Pero antes de eso fue Dj en discotecas y bodas, y se comenta que, además de unirse a menudo a las fiestas en las que pinchaba, le apasionaban el Wannabe de las Spice Girls y el ritmo de Beyoncé.

Sin tapujos ante el sexismo

En cuanto salió como candidata, no tardaron en salir los típicos comentarios sexistas. Ardern se enfrentó a los medios por centrarse en su apariencia y por cuestionar que pudiese desempeñar su rol si en un futuro decide tener hijos. El co-presentador de un programa de radio dijo lo siguiente: “Nueva Zelanda tiene derecho a saber si su primer ministro va a tomarse la baja maternal”. A lo que Ardern respondió tajante que “es totalmente inaceptable en el año 2017 decir que las mujeres tienen que responder a esa pregunta en su lugar de trabajo. La decisión de una mujer sobre cuándo quiere tener hijos no debería predeterminar si se le ofrece o no un empleo”.

La neozelandesa está comprometida en su programa con la igualdad salarial y quiere que las mujeres puedan acceder a los puestos de trabajo que les de la gana y no solo a los roles que se les suele asociar a las mujeres. “Comencemos por eliminar la legislación de igualdad de remuneración que se presenta ante el parlamento porque, en realidad, no ofrecerá el mismo salario”, previó Ardern.

Pisando fuerte

Sus ideas no son muy distintas a las de otros partidos de tendencia socialista, pero su pragmatismo es considerable. Ardern tiene previsto cargar contra la pobreza infantil, aumentando las ayudas a la educación y el alquiler a quienes más lo necesiten. Los niveles de desigualdad y pobreza en Nueva Zelanda son considerables, y lo sufren especialmente las familias indígenas maoríes pasifikas. Por otro lado, es una fiel defensora del matrimonio homosexual, está a favor de la legalización de la marihuana y quiere ofrecer tres años de universidad gratuitos para todos los neozelandeses. Pretende también cambiar la ley del aborto para que deje de regirse por la ley de delitos, y que así las mujeres que quieran abortar lo hagan como un derecho.

'Jacindamanía'

Esta nueva primera ministra es lo más cercano a una rockstar de la política que ha visto Nueva Zelanda. Atrae a grandes masas a los mitines y disfruta de los elogios de la prensa internacional. Por su juventud, su carisma y sus políticas progresistas, se la compara con el primer ministro de Canadá Justin Trudeau y el presidente francés Emmanuel Macron. El perfil de Twitter de su gata ‘Paddles’ lo peta, y se han vendido como churros los pósters de un artista en los que se la representa como Wonder Woman, la Princesa Leia o el icono feminista Rosie the Riveter. También triunfa el cartel 'photoshopeado' a lo Uma Thurman en Kill Bill. 

 

Gracias a los votos de sus conciudadanos y a una carambola de la política, Jacinda forma parte ahora de una minoría de mujeres en el poder junto a 12 otras jefas de estado alrededor del mundo que gobiernan solo un 7% de los países. Habrá presión, habrá obstáculos, y será un reto para esta primera ministra mantener unida una coalición tan diversa, pero en una sociedad todavía dirigida mayoritariamente por hombres, cada vez que una mujer asciende al poder tenemos razones para celebrarlo.