En Islandia ya es ilegal que los hombres cobren más que las mujeres por el mismo trabajo

Como en esto de la igualdad las cosas van despacio y con matices, un 'si no lo veo no lo creo' a veces es una opción más prudente que confiar a ciegas en promesas parlamentarias. Sin embargo, Islandia ha cumplido lo que prometió el ocho de marzo de 2017. A partir de el uno de enero de 2018 ha entrado en vigor la legislación que convierte a este país nórdico en el más feminista del mundo: una ley que convierte en ilegal que los hombres cobren más que las mujeres por el mismo trabajo.

Esta medida exigirá a las empresas y las agencias gubernamentales de más de 25 empleados que demuestren que no existe diferencia de salarios según el género. Cada tres años los empleadores deberán renovar su certificado de paridad salarial. Los que no lo consigan, se enfrentarán a multas económicas. Un golpe certero a la brecha salarial que, si todo continúa según lo previsto, desaparecerá completamente de la isla en 2022.

Con esta nueva ley, apoyada por la totalidad del parlamento, se responde a una demanda que las islandesas llevan reclamando desde hace años. A pesar de que el Foro Económico Mundial sitúa a su país como el primero en materia de igualdad de género durante ocho años consecutivos, las islandesas siguen teniendo, de media, un salario entre un 14% y un 18% menor que el de sus colegas con el mismo trabajo.

Por ese motivo, miles de mujeres de todo el país abandonaban sus puestos de trabajo para reivindicarse cada 17 de octubre, momento a partir del cual 'dejan de ser remuneradas’ en comparación con los hombres. "Hemos tenido una legislación que dice que el salario debería ser igual para hombres y mujeres durante décadas, pero todavía tenemos una brecha salarial", explica la miembro de la Junta de la Asociación Islandesa de Derechos de la Mujer, Dagny Osk Aradottir Pind, a Al Jazeera. "Creo que ahora la gente está empezando a darse cuenta de que este es un problema sistemático que tenemos que abordar con nuevos métodos", añade. 

Así, Islandia no solo cumple su promesa a todas aquellas ciudadanas que han alzado su voz durante años por lo que es justo, sino que se consolida como el país en cabeza por la igualdad entre géneros. Un ejemplo de que, si se quiere, se puede.