Las Impresoras 3-D Y la Manera En La Que Llegarán a Cambiar Nuestras Vidas

Para cualquiera que no lo haya visto aún, la impresión 3-D suena futurista, pero la tecnología es bastante sencilla: es un cambio donde en lugar de rociar tóner en papel, se forman capas de algo más sustancial (como resina plástica) hasta que las capas lleguen a formar un objeto. Y, de esta manera, por permitir que una máquina produzca cualquier tipo de objetos, en el momento y cuando se las necesita, la impresión 3-D está guiándonos a una nueva era.

Mientras las aplicaciones de la tecnología se expanden y los precios caen, la primera gran implicación es que más bienes serán manufacturados en su punto de compra o consumo. Esto puede significar un nivel de producción doméstico de algunos objetos (pagas por las materias primas y la IP, y los archivos de software para cualquier diseño que no puedas encontrar de forma gratuita en Internet). Así de simple. Muchos bienes basados en la eficiencia de plantas de gran escala y centralizadas, serán producidos localmente. Incluso si el coste de producción por unidad es mayor, estará más que compensado por la falta de gastos de transporte y de inventarios.

Otra implicación es que los bienes serán mucho más personalizados, porque alterarlos no requerirá una reorganización, sino unas pequeñas modificaciones de las instrucciones del software. La creatividad al enfrentarse a las necesidades de los individuos estará en primer plano, tal y como el control de calidad lo hizo en la época de la producción en masa.

Estas implicaciones de primer orden causarán que los negocios en las cadenas de proveedurías, fabricación y venta al pormenor deban volver a plantear sus estrategias y operaciones. Y las implicaciones de segundo orden tendrán incluso mayor impacto. Mientras las impresoras 3-D avancen, los factores que han hecho de China el taller del mundo perderán mucha fuerza.

China ha tomado contratos de fabricación externa de toda economía madura, empujando el modelo de producción masiva hasta sus límites. No solo agrega suficiente demanda para crear eficiencia sin precedentes a gran escala, sino que también minimiza un coste clave: mano de obra. Las intervenciones del gobierno chino han ido siempre a favor del productor, favoreciendo el crecimiento de la fabricación del país por  encima del poder adquisitivo y los estándares de vida de sus consumidores.

Bajo un modelo de fabricación ampliamente distribuido, extremadamente flexible y a pequeña escala, esas intimidantes ventajas se vuelven vulnerabilidades. Ninguna mano de obra puede recibir un sueldo tan bajo que elimine el coste de envío de cualquier material.

China no saldrá perdiendo en la nueva era: como cada nación, tendrá un mercado doméstico para servir en dosis locales, y su mercado doméstico es enorme. Y no todos los productos irán a la impresión 3-D. Pero China tendrá que dejar de lado el ser el productor en masa del mundo. La estrategia que le ha dado tanto peso político no le servirá en el futuro.

Así pues, uno se preguntará cuál es el límite de la impresión en 3-D y si realmente cambiará nuestra forma de comprar en un futuro no tan lejano. A continuación les dejo un vídeo que explica muy bien cómo funciona una impresora en tres dimensiones.

http://www.youtube.com/watch?v=QD2Rdeo8vuE

Via: Harvard Business Review

Crédito de la imagen: www.3dprinter.net