La Igualdad Laboral Llegará Cuando Aceptemos Que No Somos Iguales

Que el mundo laboral no trata igual a los hombres que a las mujeres es una realidad indiscutible, como igual de indiscutible es que en los últimos años se está avanzando en este aspecto, si bien es cierto que aún quedan detalles por pulir. En este artículo de El Mundo podemos leer que en 2014 solo había una mujer por cada cinco hombres en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35.

El dato contrasta con el obtenido hace solo cuatro años, en 2011, cuando la proporción era de una mujer por cada ocho hombres. Otro dato que dice muy poco en favor de la sociedad española es que las mujeres cobran de media un 17% menos que los hombres haciendo el mismo trabajo, algo que a todas luces es injusto. Sí, existe la desigualdad laboral y mirando solo los datos podemos decir que aún la mujer en el mundo laboral sigue discriminada.

Pero en todo hay matices, y hay que hacer un inciso en este momento. Planteémonos la siguiente pregunta: ¿Qué es la igualdad? Son muchas las voces que reclaman que un mundo laboral igualitario sería aquel en el que el número de hombres y mujeres fuese el mismo o parecido en todos los tipos y niveles de empleo, y que ambos sexos cobrasen lo mismo cuando hacen la misma labor.

Habréis visto que hasta el momento he evitado los términos machismo y feminismo, y es que son dos conceptos que me parece que no aportan nada cuando se intenta hablar de justicia. El simple hecho de que el machismo se considere algo negativo y el feminismo algo positivo es injusto, y por suerte existen otras maneras de expresar lo que queremos sin tener que recurrir a estos términos.

Y os preguntaréis: "¿por qué diablos me estás contando esto ahora?". La cosa es la siguiente: la gente que reclama que haya igualdad en el número de hombres y mujeres alega que la falta de esta es machismo y, por lo tanto, negativo, injusto. Pero igualdad y justicia son dos conceptos que en algunos casos, como el que nos ocupa, no van de la mano.

Pongamos que se lleva a cabo este planteamiento y que por ley en cada trabajo debe haber como máximo un 60% de personas de un mismo sexo (como marca la "Ley de la Paridad Electoral"). Estaríamos hablando de igualdad pero, ¿sería justo? Y es que esta demanda se olvida de algo básico: los hombres y las mujeres no somos iguales, del mismo modo que no hay dos hombres iguales ni dos mujeres iguales.

Obviando el hecho de que tenemos capacidades físicas distintas, tampoco somos iguales en lo que se refiere a mentalidad o carácter. Esto hace que automáticamente los hombres estén más preparados para realizar unas tareas y las mujeres estén más preparadas para otras (obviamente, hay excepciones para todo). Entonces, si forzamos para que los números se equilibren, lo que hacemos es evitar que personas más preparadas que otras no tengan la oportunidad de acceder a un trabajo por el simple hecho de ser de un sexo u otro.

Volvamos al caso de las mujeres en los consejos de administración del Ibex 35. Probablemente haya motivo de queja y la diferencia sea demasiado amplia, pero antes de pedir que el porcentaje sea similar habría que analizar ciertas cosas. Por ejemplo, damos por hecho que para acceder a estos puestos hace falta licenciaturas como Economía o ADE (al menos yo doy por hecho, tal vez siendo demasiado ingenuo, que la gente que está ahí tiene estos estudios). ¿Cuál es el porcentaje de mujeres que estudian estas carreras? No he encontrado el dato, pero por experiencia de conocidos, en estos estudios hay bastantes más hombres que mujeres, lo que hace que haya bastantes más hombres que mujeres con capacidad para el puesto.

Hablemos del ejemplo contrario. Durante el curso 2013-14, contando todos los centros de enseñanza Primaria y ESO, había un total de 49.529 profesoras por 18.746 profesores (datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). ¿Por qué? Porque seguramente (también basándome en experiencia personal) estudiando Magisterio hay muchas más mujeres que hombres.

Puede que esto sea porque desde pequeños se educa para que a los niños les guste una cosa y a las niñas otra, o simplemente porque está en nuestro ADN, pero cuando somos adultos unos estamos más preparados para hacer unas cosas y otros para hacer otras. Y soy consciente de que el principal argumento de la queja es que las mujeres tienen más dificultades para llegar a puestos altos, pero para llegar ahí hay que empezar desde abajo. Y del mismo modo que se reclama igualdad en esos trabajos, también habría que pedirla en trabajos como transportista, operario de obra o minero, ¿no?

Por todo ello la verdadera igualdad no está en conseguir que haya el mismo número de hombres que de mujeres en cada ocupación; la verdadera igualdad sería que cada individuo pudiese acceder a los puestos para los que está capacitado sin importar su sexo. La igualdad está en olvidarnos de los números y empezar a crear un mundo laboral que no mire el sexo, sino la calidad y lo que puede ofrecer cada persona. Y para terminar, reitero lo que he dicho antes para que quede claro: estoy seguro de que hay más mujeres que hombres que son discriminadas por este motivo, y si hay un caso,se tiene que denunciar, pero jamás podemos basar la igualdad en una estadística porque existen mil matices. Y los matices, siempre, en todas las historias, son la parte auténtica que busca la verdad.