Cuando eres homosexual y tienes que salir cada día del armario

Tres jóvenes LGTBI nos cuentan como viven que se invisibilice y se cuestione regularmente su sexualidad

Cuando Joan, de 30 años, empezó a pasar más tiempo con una amiga del trabajo, los rumores y las preguntas indiscretas llegaron a la empresa. Todo sin que nadie se parase a pensar en la posibilidad de que a todo un ‘machote’ como él las chicas no le despertaran ningún interés. Así que un día, cuando "la situación rozó el absurdo", no tuvo más remedio que decir abiertamente que era gay. "No debería hacer falta tener que declarar algo que es íntimo, tuyo o romántico a la mínima. Ya te conocerán, ¿no? Un hetero no se presenta en los sitios diciendo: 'Hola, me gustan las mujeres'", cuenta Joan después de haberse visto obligado a repetir un número incontable de veces que le gustan los hombres, a salir del armario una y otra, y otra, y otra vez.

Lo que le ha ocurrido a este barcelonés es fruto de que, por desgracia, aún vivimos en un mundo en el que se da por supuesto que todos somos heterosexuales. Un imaginario que está muy lejos de corresponder a la realidad y que no es más que un lastre para personas LGTBI que ya han salido del armario. "Es una fuente de estrés porque les obliga a diario a escapar de ese patrón de heterosexualidad. Así que por norma tienen que estar siempre en alerta, no pueden descansar", cuenta el doctor en Psicología especializado en temas LGTBI, Antonio Ortega, al hablar de algo que le ha tocado vivir a demasiados gais, lesbianas y bisexuales y que nos ha empujado a querer saber cómo viven que se invisibilice y se cuestione regularmente su sexualidad.

Cuando se da por supuesto que eres hetero

Este fenómeno afecta, especialmente, a personas LGTBI que, según el experto, no entran dentro del "estereotipo heterosexista de chico gay o bisexual afeminado o chica lesbiana o bisexual masculina. Su sexualidad es vista como una sorpresa, por lo que incluso pueden escuchar mensajes del tipo: 'pues no te lo he notado', '¿estás seguro?' o 'no lo pareces'". Y Mariona Faixat, de 27 años, es una de ellas. Una de las personas que, a ojos de muchos, 'no parece homosexual'. Eso ha hecho que a lo largo de los años se haya hartado de reafirmar en infinitas ocasiones que es lesbiana. Desde respondiendo al clásico "¿ya tienes novio?" de familiares diciendo "no, tengo novia". Pasando por pedir en una farmacia un champú para su pareja y que le dieran uno para hombre. Hasta contestando "me gustan las chicas" a tíos que se han acercado a ella de fiesta.

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En una ocasión, se sorprendieron tanto que le preguntaron cómo era para ella estar con una mujer y pretendieron comprender a qué se debía su orientación sexual a base de consultas que nunca deberían haber dicho en voz alta: "¿no has tenido nunca novio?", "¿tienes algún trauma?" o "¿has tenido malas experiencias con chicos?". Es como si, de algún modo, no les entrara en la cabeza que el mismo amor que uno siente hacia una persona del sexo contrario, Mariona lo puede experimentar con otra del mismo sexo. "Es jodido. Si te gusta el color azul, ¿por qué tienes que decir cada día que te gusta el color azul? Todos deberíamos estar más abiertos a la diversidad para no sentirnos tan diferentes. Pero no. Tenemos que reafirmar constantemente quienes somos", cuenta Mariona sobre unas experiencias que han invisibilizado una parte de ella.

Es el tipo de experiencias que también han vivido personas como la influencer Yaiza Redlights, de 27 años. Está casada con un hombre Jordi, es bisexual y siente que la sociedad no concibe esta dualidad. Prueba de ello es una ocasión en la que ambos hablaron de relaciones abiertas con unos conocidos que decían que les gustaría ver a sus novias enrollarse con una chica. Sería "excitante" y, además, "no habría riesgo" de que les gustara o que se enamoraran porque "no sería un chico". Acto seguido, dieron por supuesto que Yaiza es heterosexual preguntándole a su marido: "¿A qué sí Jordi?, ¿a qué te gustaría verla con una tía?". 

Eso hizo que mostrar su verdad fuese la única opción que tuvo Yaiza para seguir siendo ella: "yo soy bisexual y mi pareja corre el mismo riesgo de perderme si estoy con una tía que con un tío. Piensan que lo mío con las mujeres es una tontería, una broma. Se extrañan porque me dicen: ‘¿no estás con Jordi?’ A veces siento que les petará la cabeza". Aunque, en realidad, el problema no es que sea tan complicado de explicar, sino que ellos no se plantearon que existen formas de sentir distintas a las que nos enseñaron.

Cuando ser natural es imposible

Antes que verse en una situación incómoda, hay ocasiones en las que Joan ha optado por hablar con naturalidad de su sexualidad. Pero a veces le ha salido el tiro por la culata. Recuerda una cena con sus amigos y unos conocidos de estos en la que dijo como si nada: "el otro día me follé a un tío". Algo a lo que los segundos reaccionaron con comentarios que apartaron a los sentimientos de Joan de 'lo que sería normal': "no, no, no…", "no puede ser" y "¿cómo te has podido follar a un tío?".

Fue entonces cuando tuvo que detallar que le gustaban los hombres, en qué momento salió del armario y otros detalles de su vida personal que solo debería explicar voluntariamente no cuando no hay otra salida. Así que cuando quiso darse cuenta ya estaba protagonizando "un paréntesis de la cena que no esperaba, y eso fue muy incómodo". "Es como si cada vez que hablas de un tío estés disparando una exclusiva que nadie espera y, por tanto, eso generará controversia", cuenta indignado sobre una situación que, si se repite demasiadas veces, podría incluso llegar a comerse su personalidad.

Porque, como indica el psicólogo especializado en temas LGTBI, "tener que salir continuamente del armario puede hacer pensar a la persona que ya nada de lo que haga u otras características de su ser son importantes, que todo se reduce a: 'soy gay'". O, lo que es lo mismo, que antes que ser una persona con, por ejemplo, inquietudes y sueños, es un tío al que le gustan los tíos. Yaiza tampoco ha podido podido vivir su sexualidad con espontaneidad cuando se ha fijado, al mismo tiempo que su marido, en una "chica súper guapa" por la calle. Un gesto que a pesar de ser franco y de auténtica complicidad en una pareja, hace que "la gente se quede perturbada, mirándome para que diga que la chica me ha parecido mona. Pero no, les digo que me gusta, me siento atraída e, incluso, me plantearía tener algo con ella".

Cuando ya no quieres hablar

Joan también ha protagonizado situaciones en las que ni reafirmar su sexualidad ni ser natural han sido una alternativa ante la pregunta: "¿tienes novia?". "Es allí cuando puedes pensar: '¿le digo que soy marica o miento? Ninguna opción es buena, no me gusta mentir pero tampoco hablar de mi sexualidad'. ¿Qué cojones les importa?", cuenta Joan. Después agrega que suele salir de este tipo de situaciones con una respuesta neutra, como "no, soy soltero", que al menos le permite preservar su intimidad.

Esta es la misma estrategia que ha protagonizado cuando se ha encontrado entre compañeros de trabajo que han hablado de una chica diciendo: "¡Ala, que buena está esta tía!". Estos han esperado que todos los presentes confirmen ese piropo y, aunque Joan no lo siente, ha optado por librarse de esta conversación engorrosa sin mojarse demasiado: "Sí, es guapa". Una decisión que "puede darse entre personas que no ven la necesidad de hablar porque solo quieren hacerlo con personas importantes para ellas, por lo que vuelven al armario de forma temporal. Aunque ya no por miedo, sino por sus propios intereses", detalla el psicólogo Ortega al hablar de otra de las secuelas que deja una sociedad a la que aún le falta mucho para escapar de la heteronormatividad.

La misma heteronormatividad que, según Yaiza, "hay que matar, hay que destruir" y que "empieza cuando somos niños, con los modelos familiares y los mensajes que recibimos desde la educación y la televisión". Aunque, al creer que "hay gente muy homófoba entre las futuras generaciones", considera que no solo todos necesitamos una educación más diversa para que la sociedad sea realmente inclusiva, sino que "necesitamos creer que debe ser así". Porque no servirá de nada explicar a la ciudadanía qué significan las siglas LGTBI mientras haya personas que sigan sin comprender algo tan básico como que siempre existieron múltiples formas de amar.