Estas Son Las Historias De Los Refugiados Invisibles Que Nunca Llegarán A Europa

"Disparan a los hombres, los matan, masacran niños, violan mujeres, queman y saquean hogares y fuerzan a esa gente a cruzar el río". Son palabras que a un europeo seguramente le llevan a pensar en la crisis de refugiados en Europa, una de las más graves de la historia. Porque nuestra atención está centrada en esa tragedia. Pero, desgraciadamente, hay otras en el mundo, también muy graves, pero mucho menos visibles.

Esas palabras las pronunciaba, hace cerca de un mes, en Bangladesh, el responsable del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en la zona, John McKissick, y se refería a la masacre que sufre actualmente el grupo étnico rohinyá en Birmania, lo que él calificaba de “limpieza étnica”. Pero no es el único lugar con graves problemas; hay otros, como Centroamérica o Nigeria, donde los desplazados se cuentan por miles, ya sea por culpa de la violencia de pandilleros, la delincuencia organizada o los grupos armados.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, hay 10 millones de apátridas en todo el mundo, una cifra que equivale, para que nos hagamos una idea, a la población de casi toda Bélgica. Personas que no son reconocidas como ciudadanos por ningún país y que, por tanto, no tienen acceso a la sanidad, la educación y a otras muchas cosas consideradas como derechos fundamentales.

Violencia bajo el gobierno de una Premio Nobel de la Paz

La política Aung San Suu Kyi se ha erigido como un símbolo de la lucha por la democracia. Se ha enfrentado a la dictadura militar de su país, Birmania, ha encabezado revoluciones inspiradas en la filosofía no violenta de Gandhi y, por ello, ha pasado casi dos décadas de arresto domiciliario. Por esa trayectoria le fue concedido, en 1991, el Premio Nobel de la Paz. Allí es todo un mito, de hecho, en su país se la conoce como Madre Suu.

Desde hace un año, gobierna en Birmania desde las sombras. El partido que lidera, la Liga Nacional para la Democracia, obtuvo una victoria aplastante en las elecciones del 2015, pero ella no pudo proclamarse presidenta porque la Constitución de su país prohíbe que ostente ese cargo cualquier candidato con esposo o descendientes extranjeros. Tanto su esposo, ya fallecido, como sus hijos, son británicos.

De todas maneras, ella lo dejó claro: "tomaré todas las decisiones", añadiendo que "la transparencia y la responsabilidad son la base de un buen gobierno, el buen gobierno que este país no ha tenido en tantos años".

Pues bien, a día de hoy, unos 140.000 rohinyá, una minoría musulmana que vive en Birmania -país de mayoría budista-, están obligados a subsistir en guetos y en campos de refugiados, en condiciones infrahumanas. No tienen derecho a la ciudadanía birmana ni acceso a servicios básicos. Las organizaciones internacionales, además, denuncian abusos por parte de los militares birmanos hacia esta etnia, a la que pertenecen cerca de 800.000 personas, según datos de la Comisión Europea. Todo tipo de crímenes atroces se cometen en lo que ya se está calificando de genocidio. Mientras tanto, Aung San Suu Kyi no parece estar demasiado implicada en encontrar la fórmula para aliviar las graves tensiones existentes entre etnias birmanas.

Eso ha hecho que tenga lugar el "éxodo mas grande por mar de demandantes de asilo desde la guerra de Vietnam", según asegura la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático Parlamentarios por los Derechos Humanos. Entre 2014 y 2015, más de 100.000 rohinyás tuvieron que huir de su país, según el think tank Council on Foreign Relations, y la violencia en esa zona no cesa.

Una de las regiones más violentas del mundo

Pero Birmania no es el único país en el que hay problemas de esta índole: Guatemala, El Salvador y Honduras conforman lo que se denomina el Triángulo Norte, una de las regiones al margen de conflictos militares más violentas del mundo, debido a la presencia de sus dos conocidas maras -pandillas delictivas-, 'Salvatrucha' y Barrio 18, que funcionan como auténticos señores de la guerra, contribuyendo a que, por ejemplo, en 2012, El Salvador se convirtiera en el país con más feminicidios del mundo. En ese mismo año, las maras firmaron una tregua que ya se ha roto. Los abusos y la esclavitud sexual, las torturas y la muerte están a la orden del día en esa zona.

El Salvador, Guatemala y Honduras se han convertido, prácticamente, en zonas de guerra en las que las vidas parecen prescindibles y en las que millones de personas viven con el terror constante a lo que los miembros de las maras o las fuerzas de seguridad pública puedan hacerles a ellas o a sus seres queridos. Estos millones de personas son ahora las protagonistas de una de las crisis de refugiados menos visibles del mundo”, aseguraba Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional.

Dicen que la juventud es la esperanza de la humanidad, pues bien, en el Triángulo Norte están matando a la esperanza. Según Amnistía Internacional, "en 2015, más de la mitad de las víctimas de homicidio en los tres países era menor de 30 años". Esta misma organización internacional asegura que las peticiones de asilo por parte de ciudadanos del Triángulo Norte han aumentado casi un 600% en los últimos cinco años y culpa a los gobiernos de esa región por no poner freno a la violencia salvaje que impera, señalando también a países como México o EE.UU. por sus deportaciones, que ponen en riesgo la vida de miles de personas.

Nigeria y la República Centroafricana

También hay ejemplos en el continente africano, eternamente castigado por las injusticias sociales: una oleada de asesinatos, atentados y secuestros azota actualmente a Nigeria. El que está sembrando el terror es Boko Haram, grupo terrorista que aúna a milicias islamistas nigerianas que promueven una versión del islam que prohíbe a los musulmanes tomar parte en cualquier aspecto que tenga que ver con la cultura o la sociedad occidental.

En relación a este grupo, el caso que tuvo más eco a nivel internacional fue el secuestro de 219 jóvenes. Pero no es, ni mucho menos, el único. Esa violencia extrema ha obligado a huir de sus casas a 1,8 millones de nigerianos, según los datos facilitados por ACNUR. Algunos han salido del país y otros se han desplazado hacia el interior, buscando zonas más seguras.

En Monguno, al noreste de Nigeria, subsisten cerca de 140.000 desplazados. Allí han llegado más nigerianos que los que han huido hacia Europa. Otros han escapado a campos de refugiados de países vecinos como Níger, Camerún o Chad. El problema es que ni en estos refugios están seguros, pues Boko Haram también ataca a convoyes humanitarios.

“El nivel de peligro aumenta y es cada vez más difícil hacer llegar ayuda básica para que los refugiados puedan sobrevivir”, explicaba Adrián Edwards, portavoz de ACNUR.

Y, a todo eso, se le añade la hambruna que sufre la población de este país.

En África, como decíamos, abundan los conflictos: otra de las crisis de refugiados más importante y olvidada es la de la República Centroafricana, donde más de 650.000 de sus ciudadanos se han visto forzados a desplazarse dentro del país, según Amnistía Internacional. La violencia allí emerge de dos grupos enfrentados: los Seleka y los Anti Balaka.

El conflicto estalló en 2013, cuando la milicia musulmana Seleka empezó a perpetrar sus sanguinarios ataques y derrocó al entonces presidente, François Bozizé. Mataron, quemaron pueblos y saquearon viviendas. Aquello dio origen a la creación de otra milicia, los Anti Balaka -'anti machete' en sangó, idioma del país-, formada por cristianos y animistas para luchar contra los Seleka. Así ha estallado la violencia que desangra la República Centroafricana y que ya llega a dimensiones de limpieza étnica.

El sufrimiento no tiene límites para todas estas personas que han tenido que dejar su hogar y que no saben cuándo podrán formar uno nuevo, si sobrevivirán, si se les obligará a volver allá donde peligran sus vidas... Son tragedias que pueden quedar muy lejos desde el punto de vista geográfico, pero no por ello deben interesarnos menos, pues, aunque a veces lo olvidemos, todavía es mucho lo que podemos hacer por ellos.